miércoles, 25 de marzo de 2015

Italo Svevo / La luciérnaga y el vertebrado



Italo Svevo
La luciérnaga y el vertebrado

A una luciérnaga, que descansaba bajo la sombra de una montaña, le faltaba el aliento a causa del calor del sol; mientras un vertebrado que yacía en la cima de la misma montaña moría a causa del gran calor. Ambos murieron de una muerte abyecta: envidiándose.





martes, 24 de marzo de 2015

Italo Svevo / La culpa es de los otros


Italo Svevo
La culpa es de los otros

Un malhechor, que a causa de su malvada naturaleza había llegado al punto de asesinar a un indefenso, tuvo conciencia de la gravedad de la culpa; se arrepintió y se encaminó hacia la iglesia para orar.

Fue distraído de su ferviente plegaria por un predicador que desde el pulpito arengaba: «Alborócense de que existan los débiles y los pobres porque siendo caritativos con ellos, ustedes podrán alcanzar el reino de los cielos».

−«¡Oh! ¡Mentiroso!», pensó el pecador. «Los pobres y los débiles significan nuestra desventura. Si mi víctima no hubiese sido débil, defendiéndose pudo haberme impedido que la asesinara, que yo perdiera la paz del alma mía».



viernes, 20 de marzo de 2015

Italo Svevo / El asno y el loro


Italo Svevo
El asno y el loro

En un molino, aparte del asno que hacía girar la rueda, también había un loro que sabía decir pobrecito, el nombre del amo y muchas otras cosas más. Un día, los dos cayeron enfermos y llamaron al médico.

−¡Es por mí! −dijo el loro−. Me cuidan porque poseo un hermoso plumaje.

−¡Pero por supuesto que no! −respondió el asno−. Llamaron al médico por mí, porque yo soy el que mueve la rueda.

−¡Pero yo sé decir pobrecito!

−Pero yo muevo la rueda.

−Pero yo saludo al amo cuando pasa.

−Pero yo muevo la rueda.

El médico curó al asno y dejó morir al loro.

El mundo está hecho así, y es de maravillarse que el grisáceo de la piel del asno no cubra por completo la Tierra y que no hayan desaparecido del todo las hermosas plumas multicolores.




jueves, 12 de marzo de 2015

Italo Svevo / La hormiga moribunda


Italo Svevo
La hormiga moribunda

Una hormiga se muere y mientras va muriendo piensa: «El mundo se muere».


jueves, 5 de marzo de 2015

Lydia Davis / Egoísta




Lydia Davis
EGOÍSTA 

Lo bueno que tiene ser egoísta es que cuando tus hijos se hacen daño tampoco te importa mucho porque a ti personalmente no te ha pasado nada. Pero si sólo eres un poco egoísta no sirve. Tienes que ser muy egoísta. La cosa funciona así: si sólo eres un poco egoísta, te preocupas un poco por ellos, les prestas un poco de atención, los llevas casi siempre bien vestidos, les cortas el pelo con relativa frecuencia, aunque no les compras todo lo que necesitan para el colegio, o por lo menos no cuando lo necesitan; te lo pasas bien con ellos, te ríes con sus chistes, aunque cuando se portan mal tienes poca paciencia con ellos, porque te molestan cuando tienes cosas que hacer, y cuando se portan muy mal te enfadas mucho; tienes una idea aproximada de cuáles son sus necesidades, sabes más o menos lo que hacen con sus amigos, les haces preguntas, aunque tampoco muchas, y siempre hasta cierto punto, porque no tienes tiempo; entonces surgen los problemas, pero tú ni te enteras porque estás muy ocupada: les da por robar, y te preguntas cómo habrá venido eso a parar a casa; te enseñan lo que roban y cuando les preguntas te mienten; cuando te mienten siempre los crees, porque parecen muy sinceros y porque además tardarías mucho en averiguar la verdad. En fin, que esto es lo que suele ocurrir si has sido egoísta; y si no has sido lo bastante egoísta, luego, cuando estén metidos en líos, sufrirás, aunque mientras sufras seguirás, por pura costumbre, siendo egoísta y dirás: Estoy destrozada. Mi vida ya no tiene sentido. ¿Cómo voy a seguir adelante? De manera que, puestos a ser egoístas, más te vale ser más egoísta que eso, tan egoísta que por mucho que lamentes que se hayan metido en líos, por mucho que lo lamentes sincera y profundamente, tal y como les dirás a tus amigos y conocidos y al resto de la familia, en tu fuero interno te sentirás aliviada, feliz, encantada incluso, de que no te esté pasando a ti.






lunes, 2 de marzo de 2015

Luis Britto García / El campeonato mundial de pajaritas


Luis Britto García
EL CAMPEONATO MUNDIAL 
DE PAJARITAS

Abierto oficialmente el campeonato mundial de pajaritas el señor Pereira se dirige al proscenio, toma una hoja de papel, la dobla, la vuelve a doblar, y de los pliegues surgen lentamente una montaña, y un arroyo, y un arco iris que desciende hasta que junto a él fulguran las nubes y finalmente las estrellas. Un gran aplauso resuena, el señor Pereira se inclina y baja lentamente a la sala.

Acto seguido se instala en el proscenio el señor Noguchi, quien toma en cada mano una hoja de papel, la mano izquierda dobla dobla, sale una paloma, sosteniendo el pico con los dedos anular y meñique y tirando de la cola con los dedos índice y medio las alas suben bajan suben bajan, la paloma vuela, entretanto la mano derecha dobla, dobla, sale un halcón, colocando el dedo índice en el buche y presionando con el pulgar en las patas, las poderosas alas suben bajan bajan suben, el halcón vuela, persigue a la paloma, la atrapa, cae al suelo, la devora.

Grandes y entusiásticos aplausos. 

Sube al proscenio el señor Iturriza, quien es calvo, viejo, tímido y usa unos lentencitos con montura de oro. En medio de un gran silencio el señor Iturriza se inclina ante el público, hace una contorsión, se vuelve de espaldas. La segunda contorsión la despliega, asume una forma extraña, y luego viene la tercera, la cuarta, la quinta contorsión, la apertura del pliegue longitudinal, y la vuelta del conjunto. La sexta y la séptima contorsiones son apenas visibles pero definitivas, la gente va a aplaudir pero no aplaude, en el proscenio el señor Iturriza deshace su último pliegue y se transforma en una límpida, solitaria, gran hoja cuadrada de papel blanco.



viernes, 27 de febrero de 2015

Marta Sime / Terapia


Marta Sime
TERAPIA

Estaba a tres pasos del abismo. Camine dos pero me devolví para terminar un cuento.



martes, 24 de febrero de 2015

Alvaro Menén Desleal / La consulta




Alvaro Menén Desleal
LA CONSULTA

—Tengo razones fundadas, doctor —dijo el hombre de impoluto traje blanco, pacientemente recostado en el diván del psiquiatra—, para suponer que padezco de una personalidad dividida.

El psiquiatra anotó en su libretita que, tentativamente, desechaba la presencia de una esquizofrenia: en general, una persona afectada de tal dolencia evita la consulta con el médico.

La consulta duró casi dos horas. Hubo preguntas cortas y respuestas largas. Aparentemente más tranquilo, el hombre se despidió del psiquiatra, pagó a una secretaria el valor de la consulta, y ganó la puerta. 

En la calle, vestido de negro riguroso, le esperaba otro hombre.

—¿Lo confirmaste? —preguntó el hombre de negro.

—No sé —fue la respuesta del hombre de blanco.

Luego se fundieron en un solo individuo, enfundado en un traje gris.




Álvaro Menén Desleal
Una cuerda de nylon y oro y otros cuentos maravillosos 
El Salvador, 1969.







lunes, 23 de febrero de 2015

Federico García Lorca / Hombres



Federico García Lorca
HOMBRES

Y los hombres avanzan como ciervos heridos.

Federico García Lorca
Yerma / Poeta en Nueva York
Yerma, acto primero, cuadro segundo
Bruguera, Barcelona, 1981, p. 34



viernes, 20 de febrero de 2015

Federico García Lorca / Dos hermanas



Federico García Lorca
DOS HERMANAS

Yo no podría vivir con ellas. Porque dan miedo. Son como esas hojas grandes que nacen de pronto sobre los sepulcros. Están untadas de cera. Son metidas hacia adentro. Se me figura que guisan su comida con el aceite de las lámparas.

Federico García Lorca
Yerma / Poeta en Nueva York
Yerma, acto primero, cuadro segundo
Bruguera, Barcelona, 1981, p. 29





jueves, 12 de febrero de 2015

Oscar Wilde / Descontento


Oscar Wilde
DESCONTENTO


Imatea, después de la crucifixión de Jesús, se encuentra a un joven desnudo y lloroso.

—No me asombra tu gran pesar –le dice-, porque en verdad que Él era un hombre justo.

—No, si no lloro por Él –replica el joven-. Yo también he hecho milagros y todo lo que ese hombre ha hecho, ¡pero no me han crucificado!




lunes, 9 de febrero de 2015

Oscar Wilde / El narrador



Oscar Wilde
EL NARRADOR

Había una vez un hombre a quien amaban porque contaba historias. Todas las mañanas salía de su aldea, y cuando volvía al atardecer, los trabajadores, cansados de haber trajinado todo el día, se agrupaban junto a él y le decían:
-¡Vamos! Cuéntanos qué has visto hoy.
Y él contaba.
-He visto en el bosque un fauno que tañía la flauta y hacía bailar una ronda de pequeños silfos.
-Cuéntanos más. ¿Qué has visto?- decían los hombres.
-Cuando llegué a la orilla del mar vi tres sirenas, al borde de las olas, que con un peine de oro peinaban sus cabellos verdes.
Y los hombres lo amaban porque les contaba historias. Una mañana dejó su aldea como todas las mañanas; pero cuando llegó a la orilla del mar, he aquí que vio tres sirenas, tres sirenas al borde de las olas, que peinaban con un peine de oro sus cabellos verdes. Y continuando su paseo, cuando llegó al bosque vio un fauno que tañía la flauta a una ronda de silfos.
Ese atardecer, cuando volvió a su aldea y le dijeron, como las otras noches:
-¡Vamos! Cuenta, ¿qué has visto?
Él contestó:
-No he visto nada.



domingo, 1 de febrero de 2015

Marco Denevi / Genésis, 2



Marco Denevi
GÉNESIS, 2

Imaginad que un día estalla una guerra atómica. Los hombres y las ciudades desaparecen. Toda la tierra es como un vasto desierto calcinado. Pero imaginad también que en cierta región sobreviva un niño, hijo de un jerarca de la civilización recién extinguida. El niño se alimenta de raíces y duerme en una caverna. Durante mucho tiempo, aturdido por el horror de la catástrofe, sólo sabe llorar y clamar por su padre. Después sus recuerdos se oscurecen, se disgregan, se vuelven arbitrarios y cambiantes como un sueño. Su terror se transforma en un vago miedo. A ratos recuerda, con indecible nostalgia, el mundo ordenado y abrigado donde su padre le sonreía o lo amonestaba, o ascendía (en una nave espacial) envuelto en fuego y en estrépito hasta perderse entre las nubes. Entonces, loco de soledad, cae de rodillas e improvisa una oración, un cántico de lamento. Entretanto la tierra reverdece: de nuevo brota la vegetación, las plantas se cubren de flores, los árboles se cargan de frutos. El niño, convertido en un muchacho, comienza a explorar la comarca. Un día ve un ave. Otro día ve un lobo. Otro día, inesperadamente, se halla frente a una joven de su edad que, lo mismo que él, ha sobrevivido a los estragos de la guerra nuclear. Se miran, se toman de la mano: ya están a salvo de la soledad. Balbucean sus respectivos idiomas, con cuyos restos forman un nuevo idioma. Se llaman, a sí mismos, Hombre y Mujer. Tienen hijos. Varios miles de años más tarde una religión se habrá propagado entre los descendientes de ese Hombre y de esa Mujer, con el padre del Hombre como Dios y el recuerdo de la civilización anterior a la guerra como un Paraíso perdido.




miércoles, 28 de enero de 2015

Marco Deveni / El jardín de las delicias





Marco Deveni
EL JARDÍN DE LAS DELICIAS


Muy bien: Zeus se transforma en cisne.

El largo cuello flexible y sedoso se introduce en el sexo de Leda y picotea en el centro mismo del placer. Leda goza como dicen que gozaba Venus cuando la montó el caballo de Piritoo. Después el cisne desaparece.

¿Nadie se pregunta cuál fue el destino de aquella pobre muchacha?

Murió despedazada por cisnes rabiosos a los que pretendía obligar a que repitiesen la proeza del dios.