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martes, 18 de enero de 2022

Beta Valenzuela / Windows

 



Beta Valenzuela
WINDOWS

A pesar de todo lo que se diga, Windows está bien hecho. Escribes una carta, o la recibes, la lees, la analizas, la interpretas, dejas que lo que está escrito en ese papel, que ni siquiera es un papel sino unas líneas sobre fondo blanco en una pantalla, se meta en tu cabeza, actúe como un desatascador, acabe con tus defensas, dejas que en cierto modo te purifique, que arrastre cuanto se encuentre a su paso. Y entonces, pulsas el botón eliminar, porque sabes que eso es lo que tienes que hacer, eliminarlo, no verlo más. Y Windows, que a pesar de las críticas está bien hecho, envía el documento a algo llamando papelera de reciclaje, por si acaso te arrepientes, por si acaso quieres volver a leerlo por última vez, y te permite la opción de "reestablecer", y tu lo reestableces, y lo vuelves a leer y vuelves a llegar a la conclusión de que tienes que eliminarlo, y lo eliminas, y luego te vas a la papelera de reciclaje y pulsas el botón derecho de tu ratón, y te aparece la opción de "vaciar la papelera de reciclaje", y eso es lo que haces, y te pregunta si estás segura de que lo que de verdad quieres es vaciar la papelara de reciclaje, eliminar ese elemento de forma permanente, sabiendo que no habrá vuelta atrás, que cuando lo que elimines lo eliminarás para siempre, y te lo piensas un segundo más pero ya has tomado una decisión, y aprietas el gatillo, y cierras los ojos, y pulsas que sí, y entonces escuhas el sonido con el que windows te anuncia que acaba de vaciar la papelera de reciclaje, que es un sonido como de cristales que se rompen, porque es eso lo que acaba de pasar, que se han roto un montón de cristales a través de los cuales ya nunca podrás volver a mirar. Y te sientes vacía.



domingo, 17 de enero de 2021

Beta Valenzuela / Confesión

La penitente, 1884
Juan García Mártinez
Museo del Prado

Beta Valenzuela
CONFESIÓN

"Me acuso de serle infiel a mi pareja". Silencio, no hay reacción. Sigo hablando. "No sé cómo ha llegado a suceder, supongo que el trabajar juntas todo el día... ha hecho que lo que al principio no era más que una amistad se haya ido convirtiendo en otra cosa". Entonces el cura me interrumpe y se cerciora de que la infidelidad se ha producido con una compañera y lo le digo que sí, que ha escuchado bien, que he dicho compañera, con "a", como yo. Entonces se refiere a "mi problema" como si se tratara de "mi enfermedad" y yo me lanzo al ataque. "Porque tengo dudas. Porque Dios nos manda amarnos los unos a los otros como él nos ama. Y el nos ama al margen de cual sea nuestro sexo. Luego si Dios es capaz de amar a un hombre tiene que poder entender que una mujer pueda ser capaz de amar a otra mujer. Porque él no dice que nos amemos los unos a los otros pero con cuidadito de no hacerlo con alguien de nuestro mismo sexo, él dice, simplemente, que nos amemos los unos a los otros". Entonces el cura me explica la diferencia entre el amor físico y el amor espiritual. "Pero yo, padre, no soy capaz de diferenciar los límites. Porque no sé discernir si un abrazo puede formar parte del amor espiritual... y un beso en la frente, o en la mejilla. No veo a Dios delimitando las zonas en las que podemos besar a una persona para no traspasar la línea que separa el amor físico del amor espiritual". Dándose cuenta de que la cosa no es sencilla, me pregunta si yo, de verdad, quiero la absolución.


martes, 12 de enero de 2021

Beta Valenzuela / Pérdidas

 



Beta Valenzuela
PÉRDIDAS

Hace ya bastantes años, en una época en la que me dedicaba a follar sin pedir demasiadas explicaciones conocí a una chica, tres años mayor que yo, con quien tuve un affaire corto del que no me siento demasiado orgullosa. Tras unas semanas de tiras y aflojas me dejó, posiblemente por culpa mía. Durante un tiempo merodeé por los alrededores de su casa con la intención de cruzármela, cosa que nunca sucedió, y luego me dediqué a "googlearla". Así llegué hasta la chica número dos.

Hace ya bastantes años conocí a la chica número dos. Nos caímos bien y comenzamos a charlar hasta que, poco a poco, se me fue instalando no sólo en la cabeza. Tuvimos una relación rara, siempre en segundo plano. Teníamos otras historias porque pensábamos que, básicamente, éramos amigas aunque ambas éramos perfectamente conscientes de que nos deseábamos. Días, semanas, meses, años y "número dos" siempre estaba allí. La quería conmigo y, al mismo tiempo, quería protegerla de mi. Sabía que lo que yo podía darle no era suficiente. Supongo que fallé, no es nada extraño en mi. Me convertí en una decepción por miedo a la decepción, y puse un océano de por medio con una excusa falsa.

Pensé que sería fácil pero tampoco, en esta ocasión, estaba en lo cierto. Hoy, "número dos" ya no está. Intento consolarme con viejas fotografías, recordando lo que nos dijimos y lamentando lo que nos dejamos por decir. Y me falta. Soy un desierto.