Mostrando entradas con la etiqueta Oscar Wilde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oscar Wilde. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de agosto de 2016

Oscar Wilde / Un ángel




Oscar Wilde
UN ÁNGEL

-Tiene todo el aspecto de un ángel -decían los niños del Hospicio al salir de la Catedral, con sus brillantes capas escarlata y sus limpios delantales blancos, contemplando la estatua del Príncipe Feliz.
-¿Por qué lo dicen? -replicaba el profesor de matemáticas-. Nunca han visto ninguno.
 -Oh, lo hemos visto en sueños -contestaban los niños.
El profesor de matemáticas fruncía el entrecejo y tomaba un aire severo, pues no podía aprobar que los niños soñaran.

Oscar Wilde
El Príncipe Feliz






viernes, 12 de agosto de 2016

Oscar Wilde / Guerra



Oscar Wilde
GUERRA

... Y de los pigmeos que navegan sobre un gran lago en anchas hojas lisas y están siempre en guerra con las mariposas.

Oscar Wilde
El Príncipe Feliz
Gadir, Madrid, 2009, p. 50 




jueves, 12 de febrero de 2015

Oscar Wilde / Descontento


Oscar Wilde
DESCONTENTO


Imatea, después de la crucifixión de Jesús, se encuentra a un joven desnudo y lloroso.

—No me asombra tu gran pesar –le dice-, porque en verdad que Él era un hombre justo.

—No, si no lloro por Él –replica el joven-. Yo también he hecho milagros y todo lo que ese hombre ha hecho, ¡pero no me han crucificado!




lunes, 9 de febrero de 2015

Oscar Wilde / El narrador



Oscar Wilde
EL NARRADOR

Había una vez un hombre a quien amaban porque contaba historias. Todas las mañanas salía de su aldea, y cuando volvía al atardecer, los trabajadores, cansados de haber trajinado todo el día, se agrupaban junto a él y le decían:
-¡Vamos! Cuéntanos qué has visto hoy.
Y él contaba.
-He visto en el bosque un fauno que tañía la flauta y hacía bailar una ronda de pequeños silfos.
-Cuéntanos más. ¿Qué has visto?- decían los hombres.
-Cuando llegué a la orilla del mar vi tres sirenas, al borde de las olas, que con un peine de oro peinaban sus cabellos verdes.
Y los hombres lo amaban porque les contaba historias. Una mañana dejó su aldea como todas las mañanas; pero cuando llegó a la orilla del mar, he aquí que vio tres sirenas, tres sirenas al borde de las olas, que peinaban con un peine de oro sus cabellos verdes. Y continuando su paseo, cuando llegó al bosque vio un fauno que tañía la flauta a una ronda de silfos.
Ese atardecer, cuando volvió a su aldea y le dijeron, como las otras noches:
-¡Vamos! Cuenta, ¿qué has visto?
Él contestó:
-No he visto nada.



lunes, 4 de abril de 2011

Oscar Wilde / Los nuevos hermanos siameses

Ilustración de Adam Neate

Oscar Wilde

LOS NUEVOS HERMANOS SIAMESES

Era una mujer que tuvo dos hijos gemelos y unidos a lo largo de todo el costado.
           -No podrán vivir -dijo un doctor.
           -No podrán vivir -dijo el otro.
           Así quedaron desahuciados los nuevos hermanos siameses.
            Sin embargo, un hombre con fantasía y suficencia, que se enteró del caso, dijo:
           -Podrán vivir... Pero es menester que no se amen, sino que, por el contrario, se odien, se detesten.
           Y dedicándose a la tarea de curarlos, les enseñó la envidia, el rencor, los celos, soplando al oído del uno y del otro las más calumniosas razones contra el uno y contra el otro, y así el corazón se fue repartiendo en dos corazones, y un día de un sencillo tirón los desgajó y los hizo vivir muchos años separados.