Él le perdonó a ella que lo hubiera engañado durante dos años tres veces por semana. Ella no le perdonó jamás que la hubiera perdonado y se fue a vivir con el otro.
-¡Ese es el lugar de pecado! Seguro que es el preferido del demonio -decía Severita, la beata del pueblo, refiriéndose a la recién inaugurada casa de citas.
-Es verdad -le aceptó el doctor-, a ese lugar hasta el demonio va a divertirse. ¿Pero sabe usted dónde trabaja él ocho horas diarias? ¡En el templo, Severita, en el templo! Natalia Ruiz / Sobre la naturaleza del perdón