Mostrando entradas con la etiqueta Nuria Mendoza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nuria Mendoza. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de diciembre de 2013

Nuria Mendoza / Giros

Oporto
Fotografía de Nuria Mendoza
Nuria Mendoza

GIROS

Anoche discutimos por el mando de la tele. Pero luego, en la cama, nos acariciamos un poco, y susurró mañana eliges tú el programa, amor. Y también: puede que tengas razón y sea buen momento. Me subió el camisón, y por una vez no alargó la mano hasta el primer cajón de la mesilla, sino que entró desnudo y tembloroso, como un adolescente, y siguió invocando con palabras al hijo que no sabíamos imaginar.

Esta mañana nos levantamos a las siete. Mientras me duchaba, hizo el café. Al salir del baño me extrañó no oírlo silbar. Me acerqué a la cocina a medio vestir, con el pelo mojado. Pero estaba vacía: sólo encontré la jarra de leche dando vueltas en el microondas. Me he quedado un rato mirando la puerta de cristal. Fijamente. Como quien se asoma a su futuro. La leche burbujeó, lamió el borde del recipiente, y se ha desparramado en dibujitos que igual significan algo. Aunque yo, francamente, no entiendo nada.





jueves, 28 de noviembre de 2013

Nuria Mendoza / Princesa


Nuria Mendoza
PRINCESA


El chico me gustaba. Cerré los ojos, cuando se acercó: pensé que por fin iba a besarme. El dolor me atravesó por sorpresa. Ahora me tiene clavada en un corcho, en su habitación. Y ni siquiera me mira.



domingo, 24 de noviembre de 2013

Nuria Mendoza / Pura lascivia


Nuria Mendoza
PURA LASCIVIA

Voy a ser directa: tu esponja y la mía tienen un lío. Lo he descubierto esta mañana, en el baño.

Tu esponja -tan estilizada, pero de curvas marcadas- estaba poniendo a cien a la mía, que de repente me parecía un poco masculina, más tosca en su superficie, como si necesitara un afeitado.

Cuando me duchaba, las vi frotarse sin disimulo. Aprovechaban el agua caliente para abrir sus poros como bocas y exfoliarse en posturas admirables. Mi esponja cabalgaba a la otra, que se expandía, se acoplaba, se retorcía empapada y pedía a gritos un poco de gel. Hasta parecían oírse gemidos, no exagero.

Eso por no hablar de los botes de champú: el mío, cuadrado y ancho de espaldas, se estaba insinuando descaradamente al tuyo, pequeñito y coqueto.

Y mejor no sigo, porque a la hora de secarme me pareció que entre mi albornoz y tu toalla se fraguaba algo.

En mi baño están en pie de guerra, y tú tan lejos. 


Nuria Mendoza
Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español
Edición de Fernando Valls 
Ed. Menoscuarto,2012