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sábado, 10 de noviembre de 2018

Gabriel García Márquez / Mary Jo



Gabriel García Márquez
BIOGRAFÍA
MARY JO

Mary Jo, de dos años de edad, está aprendiendo a jugar en tinieblas, después de que sus padres, el señor y la señora May, se vieron obligados a escoger entre la vida de la pequeña o que quedara ciega para el resto de su vida. A la pequeña Mary Jo le sacaron ambos ojos en la Clínica Mayo, después de que seis eminentes especialistas dieron su diagnóstico: retinoblastoma. A los cuatro días después de operada, la pequeña dijo: “Mamá, no puedo despertarme... No puedo despertarme”.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Gabriel García Márquez / Un niño



Gabriel García Márquez
BIOGRAFÍA
UN NIÑO

Un niño de unos cinco años que ha perdido a su madre entre la muchedumbre de una feria se acerca a un agente de la policía y le pregunta: “¿No ha visto usted a una señora que anda sin un niño como yo?”


miércoles, 26 de julio de 2017

García Márquez / El hombre que se extraviaba para siempre en los sueños

Hombre dormido (1987)
Joan Bennàssar


García Márquez

El hombre que se extraviaba 

para siempre en los sueños



Durante muchos años quise escribir el cuento del hombre que se extraviaba para siempre en los sueños. El hombre soñaba que estaba durmiendo en un cuarto igual a aquel en que dormía en la realidad, y también en ese segundo sueño soñaba que estaba durmiendo, y soñando el mismo sueño en un tercer cuarto igual a los dos anteriores. En aquel instante sonaba el despertador en la mesa de noche de la realidad, y el dormido empezaba a despertar. Para lograrlo, por supuesto, tenía que despertar del tercer sueño al segundo, pero lo hizo con tanta cautela, que cuando despertó en el cuarto de la realidad había dejado de sonar el despertador. Entonces, despierto por completo, tuvo el instante de duda de su perdición: el cuarto era tan parecido a los otros de los sueños superpuestos, que no pudo encontrar ningún motivo para no poner en duda que también aquél era un sueño soñado. Para su gran infortunio, cometió por eso el error de dormirse otra vez, ansioso de explorar el cuarto del segundo sueño para ver si allí encontraba un indicio más cierto de la realidad, y como no lo encontró, se durmió a su vez dentro del sueño segundo para buscar la realidad en el tercero, y luego en el cuarto y en el quinto. De allí -ya con los primeros latidos de terror- empezó a despertar de nuevo hacia atrás, del quinto sueño al cuarto, y del cuarto al tercero, y del tercero al segundo, y en su impulso desatinado perdió la cuenta de los sueños superpuestos y pasó de largo por la realidad. De modo que siguió despertando hacia atrás, en los sueños de otros cuartos que ya no estaban delante, sino detrás de la realidad. Perdido en la galería sin término de cuartos iguales, se quedó dormido para siempre, paseándose de un extremo al otro de los sueños incontables sin encontrar la puerta de salida a la vida real, y la muerte fue su alivio en un cuarto de número inconcebible que jamás se pudo establecer a ciencia cierta.


NOTA


Durante mucho tiempo pensé que no había escrito este cuento de horror porque su parentesco con Luis Borges era demasiado evidente, pero además inferior a todos sus cuentos. Sin embargo, ahora que lo recuerdo y lo escribo, he caído en la cuenta de que el cuarto en que lo hago -con la máquina de escribir frente a una ventana por donde se mete sin permiso todo el mar Caribe- es un cuarto igual al que siempre quise para el sueño del cuento: cuadrado justo y de paredes lisas y sin color, con una sola puerta y una sola ventana, y ningún otro mueble distinto de la cama simple y la mesa de noche con un despertador que había de repetirse sin respiro en cada uno de los cuartos soñados, pero que había que soñar en el cuarto real. Ahora que lo veo en la realidad me he dado cuenta de que no era de Borges este cuento, sino de la estirpe más antigua y sobrecogedora de Franz Kafka. En todo caso, nunca lo escribí, y tal vez ése sea su mérito mayor.

Gabriel García Márquez




domingo, 23 de julio de 2017

Gabriel García Márquez / El hombre



Gabriel García Márquez
EL HOMBRE

El hombre había llegado caminando a un pueblo de artesanos y había preguntado por alguien a un hombre que laboraba con un tractor. Sin remedio: el tractor no volvió a funcionar. Lo mismo ocurrió a la máquina de coser de la costurera a quien hizo la misma pregunta poco después, y a todas las máquinas de oficios diversos con cuyos propietarios tuvo algo que ver. Hice muchas versiones antes de que el ángel de la guarda, que tan mal se ocupa de los escritores tercos, me convenció de que no insistiera más, por la razón más simple del mundo: era un cuento muy malo.






jueves, 20 de julio de 2017

Gabriel García Márquez / El ahogado que nos traía caracoles



Gabriel García Márquez
EL AHOGADO 
QUE NOS TRAÍA CARACOLES

Soñé con escribir un cuento del cual sólo tenía el título: El ahogado que nos traía caracoles. Recuerdo que se lo dije a Alvaro Cepeda Sumudio en una fragosa noche de la casa de amores de Pilar Ternera, y él me dijo: "Ese título es tan bueno que ya ni siquiera hay que escribir el cuento".




martes, 18 de julio de 2017

Gabriel García Márquez / El malentendido

Dos mujeres del Tafilalet (1931)
Antonio Ortiz Echagüe



Gabriel García Márquez

EL MALENTENDIDO


Un joven de Checoslovaquia abandonó su país con el ánimo de hacer fortuna. Al cabo de veinticinco años, casado y rico, volvió a su pueblo natal, donde su madre y su hermana tenían un hotel. Sólo por hacerles una broma, el viajero dejó a su esposa en otro hotel del poblado y tomó una habitación en el hotel de la madre y la hermana, quienes no le reconocieron después de tantos años de separación. Su propósito, al parecer, era identificarse al día siguiente durante el desayuno. Pero a media noche, mientras dormía, la madre y la hermana lo asesinaron para robarle el dinero.

Nota

Este es el nudo de El malentendido, la conocida obra de teatro de Alberto Camus, inspirada en una de esas historias sin origen cierto que la tradición oral transmite -con muy ligeras modificaciones-, no sólo en el espacio, sino también en el tiempo. Roger Quillot, autor de las notas con que el drama de Camus fue publicado en la edición de La Pléyade, dice que la historia se encuentra con muchas variantes en numerosos países y que desde la Edad Media aparecía en la tradición oral o en la Prensa. M. Paul Benicaou me señaló en particular una vieja canción de Nivernais, "El soldado muerto por su madre", escribe Roger Quillot. "De igual modo, en Mon Portrait, de Louis Claude de St. Martin, se refiere esta historia como un caso policiaco que habría ocurrido en Tours en junio de 1796. Por último, el escritor latinoamericano Domingo Sarmiento asegura que la misma leyenda es muy conocida en Chile, y una acción idéntica es el tema de la tragedia titulada El 24 de febrero, de Zacarías Werner".

Gabriel García Márquez




sábado, 15 de julio de 2017

Gabriel García Márquez / La mujer más bella del mundo





Gabriel García Márquez
LA MUJER MÁS BELLA DEL MUNDO

Sin embargo, la más extraña, horrorosa y complicada de estas historias recurrentes se supone que ocurrió en algún lugar de Afganistán hace muchos años. Es la de un hombre que se encontró por casualidad en un mercado con una mujer que le pareció la más bella del mundo. De acuerdo con las costumbres locales, no trató de seducir a la hermosa con los sanos recursos occidentales, sino que concertó la boda con sus padres. La muchacha aceptó por obediencia, pero le puso al marido la condición no sólo de dormir en habitaciones separadas, sino también la de no tener ningún tipo de relaciones sexuales, salvo en las escasas ocasiones en que ella lo dispusiera. El marido se sometió a semejantes normas contra natura hasta una noche en que descubrió que su esposa solía escapar de la casa mientras él dormía para visitar un amante secreto, que mantenía desde antes de su matrimonio en una cabaña no muy distante de la suya. Entonces el marido la siguió armado con su espada, esperó a que ella saliera de la casa ajena para volver a la suya y decapitó al amante con un tajo certero. Luego limpió la espada con tanto cuidado que cuando la esposa la examinó -sospechando quién podía ser el autor del crimen- no encontró ningún rastro que le permitiera culpar al marido. Este, por su parte, coronó por fin su ambición de dormir y folgar con la mujer más bella del mundo, la cual terminó por ser feliz con él y le dio tres hijos. Muchos años después, cuando pasaron por casualidad frente a la cabaña del amante muerto, la mujer no pudo disimular su nerviosismo y le pidió al marido que se alejaran de allí lo más pronto posible. Entonces el marido cometió la imprudencia que lo delató. "En aquel tiempo no tenías tanta prisa", dijo. La mujer no hizo ningún gesto revelador, pero aquella noche, cuando el marido regresó a su casa, encontró a los tres hijos decapitados con la misma espada con que él había decapitado a su rival y nunca más en su vida volvió a tener la menor noticia de la mujer más bella del mundo.



martes, 29 de abril de 2014

Gabriel García Márquez / En el rastro de su olor de humo

Fotografía de Pascal Baetens

Gabriel García Márquez
EN EL RASTRO DE SU OLOR DE HUMO

A pesar de que había perdido sus encantos y el esplendor de su risa, él la buscaba y la encontraba en el rastro de su olor de humo.

Gabriel García Márquez
Cien años de soledad
Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1967, p. 101



Gabriel García Márquez / Como un gato

Fotografía de Michael Papendieck

Gabriel García Márquez
COMO UN GATO
-
Pero desde aquel día se enroscó como un gato al calor de su axila.

Gabriel García Márquez
Cien años de soledad
Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1967, p. 102



domingo, 27 de abril de 2014

Gabriel García Márquez / El juego infinito


Gabriel García Márquez
EL JUEGO INFINITO

Los que querían dormir, no por cansancio sino por nostalgia de los sueños, recurrieron a toda clase de métodos agotadores. Se reunían a conversar sin tregua, a repetirse durante horas y horas los mismos chistes, a complicar hasta los límites de la exasperación el cuento del gallo capón, que era un juego infinito en que el narrador preguntaba si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que sí, el narrador decía que no había pedido que dijeran que sí, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que no, el narrador les decía que no les había pedido que dijeran que no, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando se quedaban callados el narrador decía que no les había pedido que se quedaran callados, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y nadie podía irse, porque el narrador les decía que no les había pedido que se fueran, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y así sucesivamente, en un círculo vicioso que se prolongaba por noches enteras.


Gabriel García Márquez
Cien años de soledad

Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1967




sábado, 26 de abril de 2014

Gabriel García Márquez / Los cuartos infinitos


Gabriel García Márquez
BIOGRAFÍA
LOS CUARTOS INFINITOS
-
Cuando estaba solo, José Arcadio Buendía se consolaba con el sueño de los cuartos infinitos. Soñaba que se levantaba de la cama, abría la puerta y pasaba a otro cuarto igual, con la misma cama de cabecera de hierro forjado, el mismo sillón de mimbre y el mismo cuadrito de la Virgen de los Remedios en la pared del fondo. De ese cuarto pasaba a otro exactamente igual, cuya puerta abría para pasar a otro exactamente igual, y luego a otro exactamente igual, hasta el infinito. Le gustaba irse de cuarto en cuarto, como en una galería de espejos paralelos, hasta que Prudencio Aguilar le tocaba el hombro. Entonces regresaba de cuarto en cuarto, despertando hacia atrás, recorriendo el camino inverso, y encontraba a Prudencio Aguilar en el cuarto de la realidad. Pero una noche, dos semanas después de que lo llevaron a la cama, Prudencio Aguilar le tocó el hombro en un cuarto intermedio, y él se quedó allí para siempre, creyendo que era el cuarto real.


Gabriel García Márquez
Cien años de soledad
Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1967, p. 124




-

viernes, 25 de abril de 2014

Gabriel García Márquez / Por fin



Gabriel García Márquez
BIOGRAFÍA
POR FIN

Hace unos tres años, acababa de almorzar en mi casa de México, cuando llamaron a la puerta, y uno de mis hijos, muerto de risa, me dijo: "Padre, ahí te buscas tú mismo". Salté del asiento, pensando con una emoción incontenible: "Por fin, ahí está".





jueves, 24 de abril de 2014

Gabriel García Márquez / El otro


Gabriel García Márquez
BIOGRAFÍA
EL OTRO

El otro no me encontrará jamás, porque no sabe dónde vivo, ni como soy, ni podría concebir que seamos tan distintos. Seguirá disfrutando de su existencia imaginaria, deslumbrante y ajena, con su yate propio, su avión privado y sus palacios imperiales donde baña con champaña a sus amantes doradas y derrota a trompadas a sus príncipes rivales. Seguirá alimentándose de mi leyenda, rico hasta más no poder, joven y bello para siempre y feliz hasta la última lágrima, mientras yo sigo envejeciendo sin remordimientos frente a mi máquina de escribir, ajeno a sus delirios y desafueros, y buscando todas las noches a mis amigos de toda la vida para tomarnos los tragos de siempre y añorar sin consuelo el olor de la guayaba. Porque lo más injusto es eso: que el otro es el que goza de la fama, pero yo soy el que se jode viviendo.

Gabriel García Márquez / Mi otro yo








miércoles, 23 de abril de 2014

Gabriel García Márquez / Allí



Gabriel García Márquez
BIOGRAFÍA
ALLÍ
Llevaba allí más de una hora, siempre pensando en la muerte, cuando empezó el otoño.


Gabriel García Márquez / Buen viaje, señor presidente



Gabriel García Márquez
Doce cuentos peregrinos
Bogotá, Editorial Oveja Negra, 1992, p. 25








domingo, 20 de abril de 2014

Gabriel García Márquez / El entierro

Gabriel García Márquez
Ciudad de México, 6 de marzo de 2014
Gabriel García Márquez
BIOGRAFÍA
EL ENTIERRO

Soñé que asistía a mi propio entierro, a pie, caminando entre un grupo de amigos vestidos de luto solemne, pero con un ánimo de fiesta. Todos parecíamos dichosos de estar juntos. Y yo más que nadie, por aquella grata oportunidad que me daba la muerte para estar con mis amigos de América Latina, los más antiguos, los más queridos, los que no veía desde hacía más tiempo. Al final de la ceremonia, cuando empezaron a irse, yo intenté acompañarlos, pero uno de ellos me hizo ver con una severidad terminante que para mí se había acabado la fiesta. «Eres el único que no puede irse», me dijo.


Gabriel García Márquez / Por qué doce cuentos peregrinos





viernes, 18 de abril de 2014

Gabriel García Márquez / La bella durmiente

Hombro I
Fragmentos de un cuerpo amoroso
Fotografía de Triunfo Arciniegas
Gabriel García Márquez
LA BELLA DURMIENTE


Fue un viaje intenso. Siempre he creído que no hay nada más hermoso en la naturaleza que una mujer hermosa, de modo que me fue imposible escapar ni un instante al hechizo de aquella criatura de fábula que dormía a mi lado. El sobrecargo había desaparecido tan pronto como despegamos, y fue reemplazado por una azafata cartesiana que trató de despertar a la bella para darle el estuche de tocador y los auriculares para la música. Le repetí la advertencia que ella le había hecho al sobrecargo, pero la azafata insistió para oír de ella misma que tampoco quería cenar. Tuvo que confirmárselo el sobrecargo, v aun así me reprendió porque la bella no se hubiera colgado en el cuello el cartoncito con la orden de no despertarla.
   Hice una cena solitaria, diciéndome en silencio lo que le hubiera dicho a ella si hubiera estado despierta. Su sueño era tan estable, que en cierto momento tuve la inquietud de que las pastillas que se había tomado no fueran para dormir sino para morir. Antes de cada trago, levantaba la copa y brindaba.
   —A tu salud, bella.
Terminada la cena apagaron las luces, dieron la película para nadie, y los dos quedamos solos en la penumbra del mundo. La tormenta más grande del siglo había pasado, y la noche del Atlántico era inmensa y límpida, y el avión parecía inmóvil entre las estrellas. Entonces la contemplé palmo a palmo durante varias horas, y la única señal de vida que pude percibir fueron las sombras de los sueños que pasaban por su frente como las nubes en el agua. Tenía en el cuello una cadena tan fina que era casi invisible sobre su piel de oro, las orejas perfectas sin puntadas para los aretes, las uñas rosadas de la buena salud, y un anillo liso en la mano izquierda. Como no parecía tener más de veinte años me consolé con la idea de que no fuera un anillo de bodas sino el de un noviazgo efímero. “Saber que duermes tú, cierta, segura, cauce fiel de abandono, línea pura, tan cerca de mis brazos maniatados”, pensé, repitiendo en la cresta de espumas, de champaña el soneto magistral de Gerardo Diego. Luego extendí la poltrona a la altura de la suya, y quedamos acostados más cerca que en una cama matrimonial. El clima de su respiración era el mismo de la voz, y su piel exhalaba un hálito tenue que sólo podía ser el olor propio de su belleza. Me parecía increíble: en la primavera anterior había leído una hermosa novela de Yasunari Kawabata sobre los ancianos burgueses de Kyoto que pagaban sumas enormes para pasar la noche contemplando a las muchachas más bellas de la ciudad, desnudas y narcotizadas, mientras ellos agonizaban de amor en la misma cama. No podían despertarlas, ni tocarlas, y ni siquiera lo intentaban, porque la esencia del placer era verlas dormir. Aquella noche, velando el sueño de la bella, no sólo entendí aquel refinamiento senil, sino que lo viví a plenitud.
   —Quién iba a creerlo —me dije, con el amor propio exacerbado por la champaña—: Yo, anciano japonés a estas alturas.


Gabriel García Márquez / El avión de la bella durmiente




Hombro II
Fragmentos de un cuerpo amoroso
Fotografía de Triunfo Arciniegas
SLEEPING BEAUTY
by Gabriel García Márquez

It was an intense flight. I had always thought that there was nothing more fascinating in all of nature than a beautiful woman. So it was impossible for me to escape even for an instant the spell of this fairy tale creature that slept at my side. The flight attendant had disappeared as soon as we took off, and was replaced by a Cartesian stewardess that tried to wake the beauty to give her the toiletry bag and headphones. I told the stewardess the warning that the beauty had given to the chief flight attendant, but the she insisted on hearing from the beauty herself that she did not want dinner. The woman had to check with the head attendant, and even then she scolded me because the beauty had not hung the little card around her neck that said not to disturb her. 
   I had dinner in solitude, telling myself in silence what I would have said to her if she had been awake. Her sleep was so steady that in one moment I worried that perhaps the pills she had taken were to kill her, not to put her to sleep. Before each sip, I raised my glass and toasted.
   “To your health, beauty.”
After dinner they shut off the lights, played a movie that no one watched, and the two of us were left alone in the twilight of the world. The greatest storm of the century had passed, the night above the Atlantic was immense and pure, and the plane seemed motionless between the stars. So I studied her, inch by inch for many hours, and the only sign of life that I could see were reflections of her dreams that passed over her face like clouds over water. Around her neck hung a chain that was so fine it was almost invisible over her golden skin, her ears perfect and un-pierced, pink, healthy nails, and a plain ring on her left hand. Because she didn’t look to be more than twenty years old, I consoled myself with the thought that it wasn’t a wedding ring but a ring from a short-lived engagement. “To know that you sleep, certain, sure, faithful river of abandonment, pure line, so close to my tied hands,” I thought, repeating the brilliant sonnet of Gerardo Diego into the crest of champagne bubbles. Later I reclined my seat to the level of hers, and we lay closer than we would have in a full-size bed. The aura of her breath was the same as her sorrowful voice, and her skin released a faint aroma that could only be the very scent of her beauty. It was incredible to me: the previous spring I had read a lovely novella by Yasunarl Kawabata about the ancient bourgeois of Kyoto who would pay enormous sums to spend the night studying the most beautiful women of the city, naked and drugged, while they, the men, were dying of love in the same bed. They could neither wake them nor touch them. They would not even try because the essence of the pleasure was to watch them sleep. That night, watching over the dreams of the beauty, I not only understood the senile refinement, but I lived it in plentitude. 
   “Who would believe it?” I said to myself, my self-esteem exacerbated by the champagne: “I’m an elderly Japanese man at this altitude.”


The Airplane of Sleeping Beauty by Gabriel García Márquez


Hombro III
Fragmentos de un cuerpo amoroso
Fotografía de Triunfo Arciniegas
Gabriel García Márquez
A bela adormecida

Foi uma viagem intensa. Sempre acreditei que não há nada mais belo na natureza que uma mulher bela, de maneira que foi impossível para mim escapar um só instante do feitiço daquela criatura de fábula que dormia ao meu lado. O comissário havia desaparecido assim que decolamos, e foi substituído por uma aeromoça cartesiana que tentou despertar a bela para dar-lhe o estojo de maquiagem e os auriculares para a música. Repeti a advertência que a bela havia feito ao comissário, mas a aeromoça insistiu para ouvir de sua própria voz que tampouco queria jantar. Foi preciso que o comissário confirmasse, e ainda assim a aeromoça me repreendeu porque a bela não havia colocado no pescoço o cartãozinho com a ordem de não ser despertada.
Fiz um jantar solitário, dizendo-me em silêncio tudo que teria dito a ela, se estivesse acordada. Seu sono era tão estável que em certo momento tive a inquietude que aquelas pastilhas não fossem para dormir e sim para morrer. Antes de cada gole, levantava a taça e brindava.
— À tua saúde, bela.
Terminado o jantar, apagaram as luzes, mostraram um filme para ninguém, e nós dois ficamos sozinhos na penumbra do mundo. A maior tormenta do século havia passado, e a noite do Atlântico era imensa e límpida, e o avião parecia imóvel entre as estrelas. Então contemplei-a palmo a palmo durante várias horas, e o único sinal de vida que pude perceber foram as sombras dos sonhos que passavam por sua fronte como as nuvens na água. Tinha no pescoço uma corrente tão fina que era quase invisível sobre sua pele de ouro, as orelhas perfeitas sem os furinhos para brincos, as unhas rosadas da boa saúde e um anel liso na mão esquerda. Como não parecia ter mais de vinte anos, me consolei com a idéia de que não fosse a aliança de um casamento e sim de um namoro efêmero. "Saber que você dorme, certa, segura, leito fiel de abandono, linha pura, tão perto de meus braços atados", pensei, repetindo na crista de espuma de champanha o so neto magistral de Gerardo Diego.
Em seguida estendi a poltrona na altura da sua, e ficamos deitados mais próximos que numa cama de casal. O clima de sua respiração era o mesmo da voz, e sua pele exalava um hálito tênue que só podia ser o próprio cheiro de sua beleza. Eu achava incrível: na primavera anterior havia lido um bonito romance de Yasumari Kawabata sobre os anciões burgueses de Kyoto que pagavam somas enormes para passar a noite contemplando as moças mais bonitas da cidade, nuas e narcotizadas, enquanto eles agonizavam de amor na mesma cama. Não podiam despertá-las, nem tocá-las, e nem tentavam, porque a essência do prazer era vê-las dormir. Naquela noite, velando o sono da bela, não apenas entendi aquele refinamento senil, como o vivi na plenitude.
— Quem iria acreditar — me disse, com o amor-próprio exacerbado pelo champanha. — Eu, ancião japonês a estas alturas.

Gabriel García Márquez / O avião da bela adormecida


jueves, 17 de abril de 2014

Gabriel García Márquez / El fondo de la luz


Gabriel García Márquez
EL FONDO DE LA LUZ


Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad.

Gabriel García Márquez / La luz es como el agua






THE BOTTOM OF THE LIGHT
by Gabriel García Márquez

That same afternoon, without having to ask again, they found the diving outfits in their original packing in their bedroom. And so the following Wednesday, while their parents were at the movies seeing Last Tango in Paris, they filled the apartment to a depth of two fathoms, dove like tame sharks under furniture, including the beds and salvaged from the bottom of the light things that had been lost in darkness for years.

Light Is Like Water by Gabriel García Márquez




Gabriel García Márquez
O fundo da luz

Naquela mesma tarde, sem que tivessem tornado a pedir, encontraram no quarto os equipamentos em seu invólucro original. De maneira que, na quarta-feira seguinte, enquanto os pais viam O Último Tango em Paris, encheram o apartamento até a altura de duas braças, mergulharam como tubarões mansos por baixo dos móveis e das camas, e resgataram do fundo da luz as coisas que durante anos tinham-se perdido na escuridão.





Gabriel García Márquez
Le fond de la lumière

L'apres-midi, sans qu'ils aient eu à les redemander, ils trouvèrent dans leur chambre les équipements de plongée dans leur emballage d'origine. De sorte que le mercredi suivant, tandis que leurs parents voyaient Le Dernier Tango à Paris, ils remplirent l'appartement à hauteur de deux brasses plongèrent comme de doux requins sous les meubles et les lits, et remontèrent du fond de la lumière les objets qui, depuis desannées, étaient perdus dans le noir.

Gabriel García Márquez / La lumière est comme l'eau


miércoles, 16 de abril de 2014

Gabriel García Márquez / Un chorro de luz dorada y fresca como el agua


Gabriel García Márquez
BIOGRAFÍA

UN CHORRO DE LUZ 
DORADA Y FRESCA COMO EL AGUA

La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.

Gabriel García Márquez / La luz es como el agua




A JET OF GOLDEN LIGHT
AS COOL AS WATER
by Gabriel García Márquez

On Wednesday night, as they did every Wednesday, the parents went to the movies. The boys, lords and masters of the house, closed the doors and windows and broke the glowing bulb in one of the living room lamps. A jet of golden light as cool as water began to pour out of the broken bulb, and they let it run to a depth of almost three feet. Then they turned off the electricity, took out the rowboat, and navigated at will among the islands in the house.





Gabriel García Márquez
Um jorro de luz 
dourada e fresca feito água

Na noite de quarta-feira, como em todas as quartas-feiras, os pais foram ao cinema. Os meninos, donos e senhores da casa, fecharam portas e janelas, e quebraram a lâmpada acesa de um lustre da sala. Um jorro de luz dourada e fresca feito água começou a sair da lâmpada quebrada, e deixaram correr até que o nível chegou a quatro palmos. Então desligaram a corrente, tiraram o barco, e navegaram com prazer entre as ilhas da casa.




Gabriel García Márquez
Un torrent de lumière 
dorée et fraîche comme de l'eau

Le mercredi soir, comme tous les mercredis, les parents allèrent au cinéma. Les enfants, maîtres et seigneurs des lieux, fermèrent portes et fenêtres et brisèrent l'ampoule allumée d'une des lampes du salon. Un torrent de lumière dorée et fraîche comme de l'eau s'en échappa, et ils la laisserent s'écouler jusqu'à ce qu'elle atteigne une hauteur de vingt cinq centimètres. Alors ils coupèrent le courant, allèrent chercher le bateau, et naviguerent, ravis, entre les îles de la maison.

Gabriel García Márquez / La lumière est comme l'eau




lunes, 22 de julio de 2013

Gabriel García Márquez / El prisionero


Gabriel García Márquez
EL PRISIONERO

La historia que más me ha impresionado en mi vida, la más brutal y al mismo tiempo la más humana, se la contaron a Ricardo Muñoz Suay, en 1947, cuando estaba preso en la cárcel de Ocaña, provincia de Toledo, España. Es la historia real de un prisionero republicano que fue fusilado en los primeros días de la guerra civil en la prisión de Ávila. El pelotón de fusilamiento lo sacó de su celda en un amanecer glacial, y todos tuvieron que atravesar a pie un campo nevado para llegar al sitio de la ejecución. Los guardias civiles estaban bien protegidos del frío con capas, guantes y tricornios, pero aún así tiritaban a través del yermo helado. El pobre prisionero, que sólo llevaba una chaqueta de lana deshilachada, no hacía más que frotarse el cuerpo casi petrificado, mientras que se lamentaba en voz alta del frío mortal. A un cierto momento, el comandante del pelotón, exasperado con los lamentos, le gritó:
-Coño, acaba ya de hacerte el mártir con el cabrón frío. Piensa en nosotros, que tenemos que regresar.