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domingo, 7 de junio de 2015

Luis Fayad / Reencuentro con una mujer




Luis Fayad
Reencuentro con una mujer 
La mujer le dejó saber con la mirada que quería decirle algo. Leoncio accedió, y cuando ella se apeó del bus él la siguió. Fue tras ella a corta pero discreta distancia, y luego de alejarse a un lugar solitario la mujer se volvió. Sostenía con mano firme una pistola. Leoncio reconoció entonces a la mujer ultrajada en un sueño y descubrió en sus ojos la venganza.

–Todo fue un sueño –le dijo–. En un sueño nada tiene importancia.

La mujer no bajó la pistola.

–Depende de quién sueñe.


 Luis Fayad / Un personaje en apuros

miércoles, 27 de mayo de 2015

Luis Fayad / Mensaje de medianoche


Luis Fayad
Mensaje de medianoche 

Desde hacía un mes la rata rondaba todas las noches por el apartamento. Leoncio la oía, dueña del lugar, y había ensayado deshacerse de ella instalando trampas y rociando veneno por el piso. También en vano obstruyó los agujeros de los rincones y se paró amenazante con una escoba detrás de las puertas. Al cabo del mes Leoncio se notó a sí mismo con el carácter cambiado, y escribió una nota: “Por favor, déjeme tranquilo”. La colocó en el piso de la cocina y se acostó confiado, pero lo único que varió durante la noche fue el pasearse impaciente de la rata, y a la mañana siguiente, cuando leyó de nuevo la nota, Leoncio tuvo la impresión de que iba dirigida a él.


Luis Fayad / Un personaje en apuros


domingo, 4 de enero de 2015

Luis Fayad / Un espejo después


Luis Fayad
UN ESPEJO DESPUÉS 

Conocedor de su barrio y de sus lugares secretos, Leoncio recorría sus calles en cada oportunidad. Cuando ni el cansancio ni el trabajo atrasado lo obligaban a marchar a la casa, se bajaba del bus antes de su parada y pensaba en los sitios y en las casas de su recorrido. Su interés aumentaba al comprobar que no había recordado bien los pinos gemelos de una esquina, el estuco en forma de ave sostenido de una cornisa o la existencia de un perro feroz en un antejardín. Una vez, una calle que le había sido de las más familiares se fue oscureciendo a su paso, como si al final no tuviera salida. A medida que él se aproximaba al fondo se hacía más claro, no con una luz sino con un color más transparente que el de su alrededor, y sólo cuando se hallaba a corta distancia le pareció distinguir un espejo, quizá de su tamaño. Lo comprobó de cerca, y asomado a él se sobresaltó. Su reflejo copiaba sus movimientos pero no vestía con su misma ropa. Al observar mejor descubrió que la expresión de su rostro era distinta y que el vestido y la corbata que tenía puestos eran los que él pensaba llevar al día siguiente. Cuando quiso indagar más, el espejo desapareció, y volvió a aparecérsele alguna que otra vez en sus recorridos posteriores por el barrio, siempre con un día de adelanto y apenas para enterarlo de cómo iría vestido y de la expresión de su rostro en ese día.

 Luis Fayad / Un personaje en apuros




viernes, 2 de enero de 2015

Luis Fayad / Mala suerte


Luis Fayad
Mala suerte 
Desde el paradero del bus Leoncio observa los esfuerzos de un hombre por permanecer asido a la viga de un edificio. Algunos automóviles se detienen y los transeúntes empiezan a agruparse, y ya en calidad de testigos susurran palabras apresuradas sin atreverse a emitir un presagio. Angustiado, Leoncio piensa en que el bus puede venir sin asientos libres, y abstraído recorre con la mirada el trayecto del hombre desde la viga hacia el suelo. Cuando el bus aparece, Leoncio sube de prisa y busca sin éxito un puesto vacío. Mala suerte, piensa.

 Luis Fayad / Un personaje en apuros


miércoles, 4 de mayo de 2011

Luis Fayad / Un personaje en apuros

Ilustración de Franz Kafka

Luis Fayad
UN PERSONAJE EN APUROS
Las aventuras del personaje concentraban la atención de Leoncio en las páginas de la novela. El personaje huía de varios hombres armados que lo perseguían por callejuelas oscuras, saltando tapias, introduciéndose entre matorrales salvadores. Leoncio se aferraba al libro, excitado, haciendo suya la angustia del personaje. Los hombres acortaban la distancia, con un tremendo esfuerzo, pues el personaje demostraba ser hábil, pero lograron por fin cercarlo contra una pared para concluir su propósito. Leoncio no pudo reprimir su ansiedad.
−¡Deténganse! –gritó.
La escena quedó inmóvil. El personaje miró a Leoncio y le dijo:
−Es la primera vez que alguien interviene, pero mejor cállese: así la cuestión no funciona.