Triunfo Arciniegas
SASTRES PERROS
En medio del desfile, los sastres corren con hilo y aguja a remediar los descosidos del traje del tirano, que suele espantarlos a patadas, sin dejar de abrir los brazos al público enloquecido.
25 de marzo de 2022
En medio del desfile, los sastres corren con hilo y aguja a remediar los descosidos del traje del tirano, que suele espantarlos a patadas, sin dejar de abrir los brazos al público enloquecido.
| Francis Bacon |
Hitler y Stalin fornicaron, enredando sus húmedos bigotes, y engendraron a Putin. "Qué bella criatura hemos parido", se dijeron, extasiados.
4 de marzo de 2022
En cierta ocasión se quejaba un discípulo a su maestro: «Siempre nos cuentas historias, pero nunca nos revelas su significado». El maestro le replicó: «¿Te gustaría que alguien te ofreciera fruta y la masticara antes de dártela?»
Hay lobos y chacales que roban bebés y los crían como bestias, alimentándolos con pecho de perro y carne regurgitada. Les enseñan a hablar su lenguaje y a cazar. Cuando son mayores, hacen que se apareen con ellos para engendrar hombres-lobo que viven en lo más profundo de la selva y sólo comen carne podrida. También comen carne humana, pero sólo de aquellos por quienes no se había rezado tras su muerte.
| Ilustración de Terence Wilde |
1919.Un italiano, empujado por el hambre, llegó a Nueva York y a su debido tiempo consiguió trabajo por la calle. Estaba apasionadamente enamorado de su mujer a quien había dejado en Italia. Llegó hasta él el rumor de que su sobrino se acostaba con ella y la rabia se apoderó de él. No tenía dinero para regresar a Italia, pero escribió a su sobrino diciéndole que fuese a Nueva York, donde ganaría buenos jornales. El sobrino llegó y al día siguiente de su llegada su tío lo mató. Fue detenido. La esposa fue reclamada para el juicio y a fin de salvar a su marido confesó lo que no era verdad, que el muchacho había sido su amante. El hombre fue condenado a unos años de presidio y más tarde indultado. Su mujer lo esperaba. Sabía que no le había sido infiel, pero su confesión era para él una carga tan pesada para su honor como si hubiese sido verdad. Lo torturaba. Lo avergonzaba. Comenzaron las escenas violentas y finalmente, desesperada, en vista de que no había otra cosa que hacer, ya que ella amaba a su marido, le dijo que la matase. Y él le clavó el cuchillo en el corazón. El honor estaba a salvo.
| Ilustración de Gastón René Moreno |
Los dos ya están muertos. Eran hermanos. Uno era pintor y el otro médico. El pintor estaba convencido de que era un genio. Era arrogante, irascible y vano, y despreciaba a su hermano por filisteo y sentimental. Pero no ganaba prácticamente nada y se hubiera muerto de hambre si no hubiese sido por el dinero que su hermano le daba. Lo más extraño era que, bajo aquel aspecto tosco y de modales de hombre malhumorado, pintaba cuadros muy bonitos. De vez en cuando conseguía hacer una exposición y siempre vendía un para de telas. Pero nunca una más. Al fin el médico acabó convenciéndose de que su hermano no tenía nada de genial, sino que era un pintor de segundo orden. Después de todos los sacrificios que había hecho, fue éste un golpe duro. Se guardó su descubrimiento para él. Después murió, dejándole a su hermano cuanto poseía. El pintor encontró en casa de su hermano todos los cuadros que había vendido a desconocidos clientes durante veinticinco años. Al principio no pudo entenderlo. Después de reflexionar encontró una explicación: su astuto hermano había querido hacer una buena inversión de dinero.
Estábamos sentados en una taberna de Capri cuando entró Norman y nos dijo que T. estaba a punto de suicidarse. Quedamos impresionados. Norman manifestó que cuando T. le dijo lo que iba a hacer no vio razón para disudirlo. "¿Vas a hacer algo?", le pregunté. "No", contestó, y encargó una botella de vino y esperó a oír la detonación.