viernes, 15 de febrero de 2019

Jorge Fernández Díaz / Mi padre




Jorge Fernández Díaz
MI PADRE

Cuando mi padre descubrió que yo, a los quince años, quería ser escritor, me dio por perdido. Creyó que la literatura era una forma de la vagancia, que yo quería ser vago. Estuvimos ocho o nueve años sin hablarnos. Yo sentía esa sombra maldita de ser dado por perdido. Cuando tenía 25 años me dejaron escribir una novela negra por entregas sobre la mafia del fútbol, que iba junto a las crónicas de sucesos. Empecé a escribir. Y un día suena el teléfono de mi escritorio. Y era mi padre. «¿Pasó algo?», le pregunté. Y me dijo «no, no… es que aquí los parroquianos quieren saber cómo sigue la novela mañana. Quieren saber si el protagonista va a recuperar el bolso». Y yo, tratando de disimular las lágrimas, le dije que sí. «¿Estás seguro?». «Sí». Y colgó. Y me fui al baño a llorar, porque la redacción era un lugar de machos.




sábado, 2 de febrero de 2019

Jorge Fernández Díaz / El problema de mamá






Jorge Fernández Díaz
EL PROBLEMA DE MAMÁ

Cuando perdimos el departamento y debimos mudarnos a uno mucho más chico, fue demasiado para mí.

Ella decía que mi padre y Elena ya no estaban con nosotros, y que era al divino botón mantener un departamento tan grande como el de la calle Catamarca. Que a ella le costaba mucho cuidarlo, limpiarlo y arreglarlo.

Pero yo sabía que eran todas mentiras. Que había perdido el departamento en una partida de pase inglés jugando en el subsuelo del Club Náutico Avellaneda.

Me fui a vivir, entonces, con Mario, un amigo. Me costó sangre, porque he querido muchísimo a mi madre. Aún la quiero.

La última vez que la vi la noté mal. No nos vemos muy a menudo. Está muy encorvada, los ojos salidos de las órbitas y su piel luce un color grisáceo arratonado.

Sigue, de todos modos, siendo una persona encantadora, de risa fácil y trato jovial. La vi tan desmejorada que me tomé el atrevimiento de llamar al doctor Pruneda para preguntarle por su salud.

El doctor Pruneda me tranquilizó. Me dijo que mamá está muy bien. Demasiado bien para sus vicios. Pero me dijo que el problema de ella no es el alcohol ni el tabaco ni el juego. Y me dio el nombre de una enfermedad.

Ninfomanía, me dijo. Y reconozco que no quise averiguar nada más. Incluso ni siquiera le pregunté a Carlos, que está estudiando medicina y hubiera podido explicarme.

Pero él se pone como loco cuando le toco el tema de mi familia. No sé, por lo tanto, qué significa esa palabra que me dijo el médico ni quiero saberlo.




miércoles, 2 de enero de 2019

Pía Barros / Ropa usada


PÍA BARROS
ROPA USADA I

Un hombre entra a la tienda. La chaqueta de cuero, gastada, sucia, atrapa su mirada de inmediato. La dependienta musita un precio ridículo, como si quisiera regalársela. Sólo porque tiene un orificio justo en el corazón. Sólo porque tras el cuero, el chiporro blanco tiene una mancha rojiza que ningún detergente ha podido sacar. El hombre sale feliz a la calle. A pocos pasos, unos enmascarados disparan desde un callejón. Una bala hace un giro en ciento ochenta grados de su destino original. Se diría que la bala tiene memoria. Se desvía y avanza, gozosa, hasta la chaqueta. Ingresa, conocedora, en el orificio. El hombre congela la sonrisa ante el impacto. La dependienta, corre a desvestirlo y a colgar nuevamente la chaqueta en el perchero. Lima sus uñas distraída, aguardando.


sábado, 22 de diciembre de 2018

Jeffrey Archer / Un milagro

 


Jeffrey Archer
UN MILAGRO

"Es un milagro que haya sobrevivido", dijo el médico. "Fue la voluntad de Dios", dijo la señora Schicklgruber. "¿Cómo lo llamarás?" "Adolf", respondió ella.

A MIRACLE
by Jeffrey Archer
"It's a miracle he survived," said the doctor. "It was God's will," said Mrs Schicklgruber. "What will you call him?" "Adolf," she replied.


lunes, 17 de diciembre de 2018

Severo Sarduy / Confesión



Severo Sarduy
CONFESIÓN
¡No es cierto lo que dicen! No he matado a cien personas. Solo a unas 40, y otras 20 torturadas, es decir, 22, porque había dos niños, ahora que recuerdo.


 



viernes, 14 de diciembre de 2018

Italo Calvino / La oveja negra




Italo Calvino
LA OVEJA NEGRA

Había un pueblo donde todos eran ladrones.

A la noche cada habitante salía con la ganzúa y la linterna, e iba a desvalijar la casa de un vecino. Volvía al alba y encontraba su casa desvalijada.

Y así todos vivían en amistad y sin lastimarse, ya que uno robaba al otro, y este a otro hasta que llegaba a un último que robaba al primero. El comercio en aquel pueblo se practicaba solo bajo la forma de estafa por parte de quien vendía y por parte de quien compraba. El gobierno era una asociación para delinquir para perjuicio de sus súbditos, y los súbditos por su parte se ocupaban solo en engañar al gobierno. Así la vida se deslizaba sin dificultades y no había ni ricos ni pobres.

No se sabe cómo ocurrió pero en este pueblo se encontraba un hombre honesto. Por la noche en vez de salir con la bolsa y la linterna se quedaba en su casa a fumar y leer novelas.

Venían los ladrones, veían la luz encendida y no entraban.

Esto duró poco pues hubo que hacerle entender que si él quería vivir sin hacer nada, no era una buena razón para no permitir que los demás lo hicieran. Cada noche que él pasaba en su casa era una familia que no comía al día siguiente.

Frente a estas razones el hombre honesto no pudo oponerse. Acostumbró también a salir por las noches para volver al alba, pero insistía en no robar. Era honesto y no quedaba nada por hacer. Iba al puente y miraba correr el agua. Volvía a su casa y la encontraba desvalijada.

En menos de una semana el hombre honesto se encontró sin dinero, sin comida y con la casa vacía. Pero hasta aquí nada malo ocurría porque era su culpa: el problema era que por esta forma de comportarse todo se desajustó. Como él se hacía robar y no robaba a nadie, siempre había alguien que volviendo a su casa la encontraba intacta, la casa que él hubiera debido desvalijar. El hecho es que poco tiempo después aquellos que no habían sido robados encontraron que eran más ricos, y no quisieron ser robados nuevamente. Por otra parte aquellos que venían a robar a la casa del hombre honesto la encontraban siempre vacía. Y así se volvían más pobres.

Mientras tanto aquellos que se habían vuelto ricos tomaron la costumbre también ellos, de ir al puente por las noches para mirar el agua que corría bajo el puente. Esto aumentó la confusión porque hubo muchos otros que se volvieron ricos y muchos otros que se volvieron pobres.

Los ricos mientras tanto entendieron que ir por la noche al puente los convertía en pobres y pensaron -paguemos a los pobres para que vayan a robar por nosotros-. Se hicieron contratos, se establecieron salarios y porcentajes: naturalmente siempre había ladrones que intentaban engañarse unos a otros. Pero los ricos se volvían más ricos y los pobres más pobres.

Había ricos tan ricos que no tuvieron necesidad de robar ni de hacer robar para continuar siendo ricos. Pero si dejaban de robar se volvían pobres porque los pobres los robaban. Entonces pagaron a aquellos más pobres que los pobres para defender sus posesiones de los otros pobres, y así instituyeron la policía, y constituyeron las cárceles.

De esta manera pocos años después de la aparición del hombre honesto no se hablaba más de robar o de ser robados sino de ricos y pobres. Y sin embargo eran todos ladrones.

Honesto había existido uno y había muerto enseguida, de hambre.


miércoles, 12 de diciembre de 2018

Elmo Valencia / Ícaro


Elmo Valencia
ÍCARO

Ícaro comenzó a prepararse para la grande aventura. Cuando llegó el momento culminante levantó vuelo y comenzó a sondear el Universo de Cielo. Recorrió su cintura; bajó varias veces por los muslos hasta el límite de los pies; estudió con detenimiento el corazón, pues le mortificaba saber que ese órgano tan lleno de bondad y sabiduría fuera tan falsamente comprendido; atravesó la vía láctea de sus senos dejando en su pecho un resplandor de luz anaranjada. Se internó por la garganta y conoció la andrómeda de sus labios; subió hasta los dos astros de sus ojos, y allí por primera vez Cielo e Ícaro se miraron mutuamente. Le dio varias vueltas al planeta del cerebro, avanzó tal vez buscando el milagro de la vida por entre los brillantes tejidos de la carne, se cercioró de la blancura de los huesos y, finalmente, embriagado de tanta belleza, cayó en el torrente circulatorio de Cielo y allí entre la espuma del tiempo y de la sangre, quedó girando y girando hasta que Ícaro se agotó como un meteoro.



lunes, 3 de diciembre de 2018

Joaquin Filio / Zopilote


Joaquín Filio
EL ZOPILOTE

A la hora de comer, mientras cuchareamos la sopa, sus ojos nos contemplan hambrientos y aunque mamá agregue pimienta, limón o salsa, el plato que le fue servido permanece intacto.



sábado, 10 de noviembre de 2018

Gabriel García Márquez / Mary Jo



Gabriel García Márquez
BIOGRAFÍA
MARY JO

Mary Jo, de dos años de edad, está aprendiendo a jugar en tinieblas, después de que sus padres, el señor y la señora May, se vieron obligados a escoger entre la vida de la pequeña o que quedara ciega para el resto de su vida. A la pequeña Mary Jo le sacaron ambos ojos en la Clínica Mayo, después de que seis eminentes especialistas dieron su diagnóstico: retinoblastoma. A los cuatro días después de operada, la pequeña dijo: “Mamá, no puedo despertarme... No puedo despertarme”.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Gabriel García Márquez / Un niño



Gabriel García Márquez
BIOGRAFÍA
UN NIÑO

Un niño de unos cinco años que ha perdido a su madre entre la muchedumbre de una feria se acerca a un agente de la policía y le pregunta: “¿No ha visto usted a una señora que anda sin un niño como yo?”


jueves, 1 de noviembre de 2018

Jorge Gaitán Durán / El otro mundo


Fotografía de Mark Harris


Jorge Gaitán Durán
EL OTRO MUNDO

Únicamente por reunirse con Sofía von Kühn, amante de trece años, Novalis creyó en el otro mundo.


Jorge Gaitán Durán, La tierra que era mía




miércoles, 24 de octubre de 2018

Diego Muñoz Valenzuela / Orden





Diego Muñoz Valenzuela
ORDEN

Es de noche. El hombre toma un taxi. Viaja. El taxista asalta al hombre. Le quita dinero y documentos. El hombre queda abandonado en una esquina. Vienen asaltantes, cuchillo en mano. Lo despojan de sus vestimentas. Huyen. El hombre, desnudo, va en procura de auxilio. Detiene un coche policial. Lo golpean. Es arrestado por no portar identificación. Sospechan delincuencia sexual. Lo encierran en la celda de los sodomitas. Es violado. Grita. Los guardias no vienen. Al día siguiente lo trasladan a enfermería. El médico ordena cambiarlo de celda. Lo dan de alta. Es trasladado a la sección de presos políticos. Después de algunos días lo interrogan. Nada le creen, pues no posee documentos. Nadie sabe o recuerda a quienes lo detuvieron. Lo torturan. Exigen entregue el nombre de sus contactos. El hombre cuenta su historia. Todos ríen. Es incomunicado. Permanece en la celda solitaria por varios meses. Cuando se acuerdan de él, está flaquísimo y loco. Lo envían al Manicomio. Grita que lo dejen en paz. Muere.



sábado, 20 de octubre de 2018

Diego Muñoz Valenzuela / Ala




Diego Muñoz Valenzuela
EL ÁNGEL

Un ángel que realiza prácticas de vuelo ilegales en plena urbe, es detenido y juzgado por infringir las leyes de los caminos aéreos, provocar desorden público y no señalizar debidamente.

Ante tamaña acusación el ángel no puede defenderse. En la cárcel medita sobre el significado de la libertad y decide buscar una ocupación menos riesgosa.



sábado, 13 de octubre de 2018

Diego Muñoz Valenzuela / Final trémulo





Diego Muñoz Valenzuela
FINAL TRÉMULO

Sumergió la pluma y escribió un breve poema para despedirse, una especie de haiku. Se sacó los zapatos de tacón, la única prenda con que su creador la dibujó, y fue sumergiéndose lentamente en el mar de negra tinta donde estaba destinada a desaparecer.