lunes, 29 de abril de 2013

Lydia Davis / Trabajo municipal

Golconde, 1953
René Magritte

Lydia Davis
TRABAJO MUNICIPAL

Por toda la ciudad hay ancianas negras que han sido contratadas para llamar a la gente por teléfono a las siete de la mañana y preguntar con voz apagada si está Lisa. Es un trabajo que pueden hacer en casa. Estas mujeres forman parte de un ejército de empleados municipales que se ocupan de llamar a números equivocados. El mejor pagado de todos es un hindú capaz de insistir en que no se ha equivocado de número.

Otros —principalmente personas mayores— han sido contratados para divertirnos poniéndose sombreros extraños. Se los ponen como si no fueran responsables de lo que pase más arriba de sus cejas. Dos sombreros aparecen inesperadamente, uno al lado del otro: un sombrero de fieltro que se eleva sobre un anciano, y un artefacto negro, con velo y cerezas, que corona a una mujer minúscula. Bajo sus sombreros, los viejos discuten. Otra anciana, encorvada y débil, cruza la calle muy despacio, ante nuestro coche, irritada, como si la hubieran obligado a ponerse ese gran sombrero rojo y cónico que le pesa tanto sobre la frente. Y otra anciana camina por una acera imposible, teniendo cuidado de dónde pone los pies. No lleva sombrero, porque ha perdido el trabajo. 

Gentes de todas las edades han sido contratadas por el municipio para que se comporten como lunáticos, de modo que los demás nos creamos cuerdos. Algunos de los lunáticos son también mendigos, así que podemos sentirnos cuerdos y ricos a la vez. El número de puestos para trabajar como lunáticos es limitado. Todos los puestos han sido ocupados. Durante años encerraban juntos a los lunáticos en hospitales psiquiátricos, en islas de la bahía de Nueva York. Luego las autoridades de la ciudad los liberaron en masa para que llenaran las calles con su presencia tranquilizadora. 

Como es natural, algunos lunáticos no tienen problema en desempeñar dos trabajos a la vez, y llevan sombreros raros mientras se alejan a grandes pasos y arrastran los pies. 





viernes, 26 de abril de 2013

Lydia Davis / Los cedros

Mujer árbol
Erick Menchú

Lydia Davis

LOS CEDROS


Cuando nuestras mujeres se convirtieron en cedros se reunieron en un rincón del cementerio a gemir al viento impetuoso. Al principio, sin nuestras esposas, nuestros espíritus se elevaron y pensamos que era hermoso el sonido. Pero, cuando dejamos de ser conscientes de aquel sonido, fuimos perdiendo el sosiego, y peleábamos más a menudo entre nosotros.
Fue en el año de los vientos impetuosos. Nunca se había desencadenado semejante tumulto en nuestro pueblo. Los gorriones no volaban, sino que viraban de repente y caían en rincones tranquilos; las tejas se desprendían de los tejados y se hacían añicos contra el pavimento. Los arbustos azotaban nuestras ventanas bajas. Noche tras noche bebíamos como locos y caíamos dormidos en brazos de otro.

Cuando llegó la primavera, el viento amainó y el sol brillaba. Al atardecer, largas sombras cubrían nuestro suelo, y sólo el fulgor de una hoja de cuchillo sobrevivía en la oscuridad. Y la oscuridad cubrió también nuestros espíritus. No teníamos una palabra agradable para nadie. íbamos a nuestras tierras de mala gana. En silencio clavábamos la mirada en los forasteros que venían a ver nuestra fuente y nuestra iglesia: nos apoyábamos en el borde de la fuente, con las botas cruzadas, y nuestros perros, cojos, se alejaban asustados de nosotros.

Luego la carretera se hundió. No venían forasteros. Ni siquiera el sacerdote ambulante se atrevía a entrar en el pueblo, aunque el sol encendía el agua de la fuente, y el valle, en la distancia, estaba blanco de nogales y árboles frutales en flor, y el calor se filtraba en las piedras rosa de la iglesia y menguaba al anochecer. Los gatos paseaban por el camino destrozado, de puerta en puerta. Los pájaros cantaban en el bosque, a nuestras espaldas. Esperábamos en vano visitantes. El hambre nos roía el estómago.

Por fin, en lo más hondo de los cedros, nuestras esposas se conmovieron y pensaron en nosotros. Y perezosamente, indiferentes, nos pareció, volvieron a casa. Miramos sus labios mezquinos, sus ojos duros, y se nos ablandó el corazón. Bebimos del sonido de sus voces ásperas como hombres que salen del desierto.





martes, 23 de abril de 2013

Lydia Davis / Desde abajo, como vecina

Lydia Davis
DESDE ABAJO, COMO VECINA
Si yo no fuera yo, y, como vecina, me oyera desde abajo, hablando con él, me diría qué contenta estoy de no ser ella, de no sonar como suena ella, ni tener la voz que tiene, ni expresar esa opinión.  Pero no puedo oírme desde abajo, como vecina, no puedo oír cómo no debo sonar, no puedo alegrarme de no ser ella, como haría si la oyera.  Entonces, como sí soy ella, no me pesa estar aquí arriba, donde no puedo escucharla como si fuera una vecina, donde no puedo decirme, como tendría que hacerlo desde abajo, qué contenta estoy de no ser ella.

FROM BELOW, AS A NEIGHBOR
by Lydia Davis
If I were not me and overheard me from below, as a neighbor, talking to him, I would say to myself how glad I was not to be her, not to be sounding the way she is sounding, with a voice like her voice and an opinion like her opinion. But I cannot hear myself from below, as a neighbor, I cannot hear how I ought not to sound, I cannot be glad I am not her, as I would be if I could hear her. Then again, since I am her, I am not sorry to be here, up above, where I cannot hear her as a neighbor, where I cannot say to myself, as I would have to from below, how glad I am not to be her.




sábado, 20 de abril de 2013

Lydia Davis / La excursión


Sombras nada más
Quito, 2011
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Lydia Davis
LA EXCURSIÓN



Un ataque de ira cerca de la carretera, una negativa a hablar en el camino, un silencio en el pinar, un silencio al cruzar el viejo puente del ferrocarril, un intento de ser amable en el agua, un rechazo a terminar la discusión en las piedras lisas, un grito de ira en el terraplén de la orilla, unas lágrimas entre los matorrales.




miércoles, 17 de abril de 2013

Lydia Davis / En la estación de trenes


Lydia Davis
En la estación de trenes
Traducción de Antonio Jiménez Morato 

La estación de trenes está muy concurrida. La gente camina al mismo tiempo en todas direcciones. Algunos permanecen parados. Un monje budista tibetano con la cabeza afeitada y una larga túnica color vino está en medio de la multitud, con aspecto preocupado. Yo estoy de pie, contemplándole. Tengo mucho tiempo antes de la salida de mi tren porque acabo de perder el anterior. El monje me ve mirarle. Se acerca hasta mí y me dice que está buscando el andén número 3. Sé dónde están los andenes. Le enseño el camino.



domingo, 14 de abril de 2013

Lydia Davis / La luna



Lydia Davis 
La luna

Traducción de Antonio Jiménez Morato 


Me levanto de la cama en mitad de la noche para ir al baño. La habitación en la que estoy es grande y, salvo por el perro blanco sobre el suelo, oscura. El distribuidor, ancho y largo, parece inmerso en algún tipo de crepúsculo submarino. Cuando alcanzo la puerta del baño veo que está inundado por un resplandor. La luna llena brilla, suspendida, en lo alto. Alumbra a través de la ventana e ilumina directamente el asiento del retrete, como si estuviera enviada por un dios servicial. De vuelta en la cama me echo un rato sin dormirme. La habitación se ve más iluminada de lo que estaba. Pienso que la luna ha debido dar la vuelta al edificio. Pero no, es el inicio del amanecer.



jueves, 11 de abril de 2013

Lydia Davis / Amor


Lydia Davis
AMOR

Una mujer se enamoró de un hombre que llevaba muerto varios años. No le bastaba con cepillarle el abrigo, lavarle el tintero, tocar su peine de marfil: tenía que construir la casa sobre su tumba y sentarse con él noche tras noche en el sótano húmedo.




lunes, 8 de abril de 2013

Lydia Davis / La madre


Lydia Davis
LA MADRE
Traducción de Justo Navarro

La chica escribió un cuento. "Sería mejor si escribieras una novela", dijo su madre. La chica construyó una casa de muñecas. "Sería mucho mejor si fuera una casa de verdad", dijo la madre. La chica hizo un cojín para su padre. "¿No hubiera sido más útil un edredón?", dijo la madre. La chica excavó un pequeño hoyo en el jardín. "Sería mucho mejor si excavaras uno grande", dijo la madre. La chica excavó un gran hoyo y, dentro, se echó a dormir. "Sería mucho mejor si te durmieras para siempre", dijo la madre.




Lydia Davis
LA MADRE
Traducción de Adriana Valdés

La niña escribió un cuento. “Hubiera sido mejor una novela”, dijo su madre. La niña construyó una casa de muñecas. “Hubiera sido mejor una de verdad”, dijo su madre. La niña hizo una almohadilla para su padre. “Hubiera sido más práctica una colcha”, dijo su madre. La niña hizo un pequeño hoyo en el jardín. “Mejor uno más grande”, dijo su madre. La niña hizo un hoyo grande y se durmió en él. “Mejor dormirte para siempre”, dijo su madre.




THE MOTHER
by Lydia Davis

The girl wrote a story. “But how much better it would be if you wrote a novel,” said her mother. The girl built a doll-house. “But how much better if it were a real house,” her mother said. The girl made a small pillow for her father. “But wouldn’t a quilt be more practical,” said her mother. The girl dug a small hole in the garden. “But how much better if you dug a large hole,” said her mother. The girl dug a large hole and went to sleep in it. “But how much better if you slept forever,” said her mother.


viernes, 5 de abril de 2013

Mónica Siabato / Amuleto


Mónica Siabato
AMULETO



Se preciaba de ser una mujer con suerte. Había nacido un viernes trece, con una disposición natural a la fortuna. Pasó su vida coleccionando toda clase de amuletos: patas de conejo, monedas antiguas, cuarzos. El día de su muerte lo último que vio fue una herradura. El caballo pateó su cara, mientras ella buscaba en el campo un trébol de cuatro hojas.


martes, 2 de abril de 2013

Julia Otxoa / Maletas


Julia Otxoa
MALETAS

 En mi caso hacer el equipaje es toda una batalla, tengo pocas cosas pero mal definidas, hasta el punto que desconozco qué poseo en realidad, tan solo sé que algunas pertenencias son ligeras y ovaladas pero éstas a veces se alargan inesperadamente hasta romperse y vaciarse por completo. Otras en cambio son pesadas y con solo pensar en ellas modifican su forma, estorban por todas partes, me tropiezo con ellas, tengo las piernas llenas de hematomas, algún día van a lograr que me caiga y me de un mal golpe.
          Hay incluso algunas cuya existencia es dudosa, a menudo ignoro si pertenecen al pasado, al presente o tan solo al universo de mis sueños. Así que no es extraño que a la hora de hacer las maletas nunca sepa si voy a tardar mucho o poco, son tantas las conjeturas, las hipótesis...La sucesión de enigmas me rompe los nervios, me fatiga en extremo, me deja sin fuerzas para nada. y claro, en esas circunstancias siempre acabo anulando mis viajes.





sábado, 30 de marzo de 2013

Julia Otxoa / Ceremonia


Julia Otxoa
CEREMONIA

Murata Takarai decidió quitarse la vida, su amante le había abandonado. Así que comenzó los preparativos de su muerte, convocaría a sus amigos más íntimos alrededor del té en el jardín para despedirse. ¿Pero...a qué amigos consideraba íntimos ? ¿Qué clase de té sería el adecuado? Conocía más de cien clases diferentes ¿Y el lugar del jardín? 

Murata Takarai dedicó el resto de su vida a preparar la ceremonia del té para anunciar su muerte a sus amigos. Murió muy anciana de muerte natural. Hoy se le venera en Japón como una de sus más grandes estetas.





miércoles, 27 de marzo de 2013

Julia Otxoa / Consejo


Julia Otxoa
CONSEJO PARA LA ATENCIÓN 
DE EBONITAS EMBRIAGADAS

Cuando las ebonitas se embriagan nunca hay que tratar de ponerles sobre los hombros un echarpe ya que entonces corren un grave peligro de sufrir una eclampsia, en esos momentos lo mejor es conservar la calma y si se tiene a mano un eclímetro medir el grado de alcohol de sus pensamientos, siempre teniendo en cuenta que las efulgencias de los dulcísonos pueden producir fuertes escalofríos en las ebonitas haciendo temblar entonces toda la coreografía del cubilete.
   Para prevenir este tipo de accidentes, amárrense los alcoholizados pensamientos a la firme construcción de una consuelda, y espérense cinco minutos hasta que las ebonitas canten, entonces habrá pasado el peligro. Intactas las coreografías.


domingo, 24 de marzo de 2013

Julia Otxoa / Fábula



Julia Otxoa
FÁBULA

¿Vivimos dentro de la fábula? Preguntó esperanzado el reo al verdugo, tan sólo un instante antes que el hacha le cortara limpiamente el cuello. Tal vez... respondió con voz queda el verdugo, pero ya la cabeza decapitada rodaba cayendo del estrado, y se perdía empujada por el viento en la inhóspita inmensidad del desierto.


jueves, 21 de marzo de 2013

Julia Otxa / Signos


Ilustración de John Abrahamson
Julia Otxoa
SIGNOS

Querido X, ayer recibí por fin tu carta, ¿quieres creerme que no pude descifrar ni una sola letra?

Jamás me había ocurrido antes, sabes bien que nunca he tenido la menor dificultad para leerte.
Pero esta vez es distinto, ignoro totalmente su significado, por más que leo y releo no logro enterarme de nada.
No sé si quieres que prosigamos con nuestra relación a pesar de todos los problemas que últimamente han surgido entre nosotros, o si por el contrario has decidido que lo nuestro ha terminado.
En realidad, ahora que lo pienso también he tenido serias dificultades en descifrar tu firma, porque supongo que eres tú quien me ha escrito esta carta ¿no?



lunes, 18 de marzo de 2013

Juan Armando Epple / Razones son amores


Juan Armando Epple
RAZONES SON AMORES



Alonso Quijano, rechazado por la molinera de la aldea, decidió terminar sus días lanzándose contra el molino de viento. Al verlo tan maltrecho el bueno de Sancho, que algo sabía de amores, le puso unas compresas al destartalado hidalgo, inventó la aventura de los gigantes y lo demás es historia conocida.



Juan Armando Epple
MicroQuijotes
Barcelona, Thule, 2005