domingo, 14 de agosto de 2016

Oscar Wilde / Un ángel




Oscar Wilde
UN ÁNGEL

-Tiene todo el aspecto de un ángel -decían los niños del Hospicio al salir de la Catedral, con sus brillantes capas escarlata y sus limpios delantales blancos, contemplando la estatua del Príncipe Feliz.
-¿Por qué lo dicen? -replicaba el profesor de matemáticas-. Nunca han visto ninguno.
 -Oh, lo hemos visto en sueños -contestaban los niños.
El profesor de matemáticas fruncía el entrecejo y tomaba un aire severo, pues no podía aprobar que los niños soñaran.

Oscar Wilde
El Príncipe Feliz






viernes, 12 de agosto de 2016

Oscar Wilde / Guerra



Oscar Wilde
GUERRA

... Y de los pigmeos que navegan sobre un gran lago en anchas hojas lisas y están siempre en guerra con las mariposas.

Oscar Wilde
El Príncipe Feliz
Gadir, Madrid, 2009, p. 50 




martes, 26 de julio de 2016

Julio Cortázar / Unos dientes muy finos




Julio Cortázar
Biografía
UNOS DIENTES MUY FINOS

Se sabe de un viajante de comercio a quien le empezó a doler la muñeca izquierda, justamente debajo del reloj de pulsera. Al arrancarse el reloj, saltó la sangre: la herida mostraba la huella de unos dientes muy finos.

Julio Cortázar
"Instrucciones-ejemplos sobre la forma de tener miedo"
Historias de cronopios y de famas
Cuentos completos, Volumen I


jueves, 14 de julio de 2016

Jonathan Littell / Adolf-Hitler-Platz


Ilustración de Triunfo Arciniegas

Jonathan Littell
ADOLF-HITLER-PLATZ

Estábamos a finales de noviembre; en la ancha plaza circular, a la que habían cambiado el nombre para llamarla Adolf-Hitler-Platz, una nieve gris y pálida, como mordiscos de luz, caía despacio desde el cielo de mediodía. Una mujer colgaba de una cuerda muy larga desde la mano de Lenin; unos niños jugaban debajo y alzaban la cabeza para mirarle bajo las faldas.


Jonathan Littell
Las benévolas
RBA, Barcelona, 2007, p. 178


Jonathan Littell / Hospital Pavlov
Jonathan Littell / Una mujer casi desnuda
Jonathan Littell / Seiscientos locos
Jonathan Littell / La sala del teatro
Jonathan Littell / Adolf-Hitler-Platz



sábado, 9 de julio de 2016

Jonathan Littell / La sala del teatro



Jonathan Littell
LA SALA DEL TEATRO

También aquí había habido combates: habían agujereado las paredes para acondicionar puestos de tiro, los pasillos permanecían sembrados de casquillos y de cajas de municiones vacías; en un palco, dos cadáveres rusos que nadie se había molestado en bajar, seguían desplomados en sendas butacas, como si esperasen el comienzo, continuamente pospuesto, de una obra.


Jonathan Littell
Las benévolas
RBA, Barcelona, 2007, p. 409



Jonathan Littell / Hospital Pavlov
Jonathan Littell / Una mujer casi desnuda
Jonathan Littell / Seiscientos locos
Jonathan Littell / La sala del teatro
Jonathan Littell / Adolf-Hitler-Platz



lunes, 4 de julio de 2016

Jonathan Littell / Seiscientos locos


Jonathan Littell
SEISCIENTOS LOCOS

No obstante, el Vorkommando no había estado ocioso. Lo primero que hizo fue gasear, en un camión Saurer, a más de seiscientos pacientes de un hospital psiquiátrico que podían causar desórdenes; habían intentado fusilar a algunos, pero eso había traído consigo un incidente: uno de los locos empezó a correr en círculo, y el Hauptscharführer, que intentaba matarlo de un disparo, hizo fuego por fin cuando uno de sus colegas estaba en la línea de tiro; la bala le atravesó la cabeza al loco e hirió en el brazo al suboficial.


Jonathan Littell
Las benévolas
RBA, Barcelona, 2007, p. 238



Jonathan Littell / Hospital Pavlov
Jonathan Littell / Una mujer casi desnuda
Jonathan Littell / Seiscientos locos
Jonathan Littell / La sala del teatro
Jonathan Littell / Adolf-Hitler-Platz



viernes, 1 de julio de 2016

Jonathan Littell / Una mujer casi desnuda



Jonathan Littell
UNA MUJER CASI DESNUDA


Iba a hacer otra pregunta, pero algo me interrumpió con rudeza: una mujer algo gruesa, casi desnuda, con las medias rotas, llegaba a toda velocidad y dando alaridos desde detrás de la catedral; se abalanzó entre las mesas, tropezó, tiró una cuan larga era a nuestros pies lanzando agudos chillidos. Tenía la piel blanca jaspeada de contusiones, pero no sangraba mucho. Dos mocetones con brazaletes la seguían sin prisas. Uno nos dirigió la palabra en mal alemán: "Disculpen, Offizieren. Kein Problem". El otro levantó a la mujer por los pelos y le atizó un puñetazo en el vientre. Ella hipó y no dijo nada, echando espuma por la boca. El primero le soltó una patada en las nalgas y ella echó a correr otra vez. Fueron detrás de ella a trote corto, entre risas, y se perdieron de vista detrás de la capilla.

Koch se quitó el sombrero y volvió a enjugarse la frente mientras yo levantaba la mesa derribada. 

-Pero qué salvajes son en esta tierra -comenté. 

-Ah, sí, es verdad. Pero creía que contaban con su beneplácito.

-Me entrañaría, Herr Haupatmann -dije-. Pero acabo de llegar y no estoy al tanto.



Jonathan Littell
Las benévolas
RBA, Barcelona, 2007, p. 60




Jonathan Littell / Hospital Pavlov
Jonathan Littell / Una mujer casi desnuda
Jonathan Littell / Seiscientos locos
Jonathan Littell / La sala del teatro
Jonathan Littell / Adolf-Hitler-Platz



martes, 28 de junio de 2016

Jonathan Littell / Hospital Pavlov




Jonathan Littell

HOSPITAL PAVLOV

Por orden de Blobel, una de nuestras secciones acabó con los enfermos mentales del hospital Pavlov, por temor a que se escapasen e incrementaran el desorden.


Jonathan Littell
Las benévolas
RBA, Barcelona, 2007, p. 126



Jonathan Littell / Hospital Pavlov
Jonathan Littell / Una mujer casi desnuda
Jonathan Littell / Seiscientos locos
Jonathan Littell / La sala del teatro
Jonathan Littell / Adolf-Hitler-Platz




martes, 14 de junio de 2016

Elena Ferrante / Los muertos

Fotografía de Chema Madoz


Elena Ferrante
LOS MUERTOS


La primera noche nunca dejan dormir.


Elena Ferrante, El amor molesto
Crónicas del desamor
Lumen, Bogotá, 2016, p. 56


miércoles, 8 de junio de 2016

Anónimo / El primer hombre



Anónimo
EL PRIMER HOMBRE

Dios creó el sol y le dio el poder de iluminar. Se preguntó entonces: "¿Para quién brillará el sol?" Y creó al primer hombre.



lunes, 6 de junio de 2016

Anónimo / Los primeros hombres


Anónimo
LOS PRIMEROS HOMBRES

El hijo del Sol, con la intención de crear los hombres para poblar la tierra, hizo una esfera milagrosa. Era de piedra y estaba repleta de gente diminuta todavía no nacida. Desde dentro se oían sus gritos, su conversaciones, sus cantos y sus bailes.




viernes, 27 de mayo de 2016

Borges / Pájaro


Jorge Luis Borges

PÁJARO

A veces, un estímulo extraordinario nos restituía al mundo físico. Por ejemplo, aquella mañana, el viejo goce elemental de la lluvia. Esos lapsos eran rarísimos; todos los Inmortales eran capaces de perfecta quietud; recuerdo alguno a quien jamás he visto de pie; un pájaro anidaba en su pecho.


Jorge Luis Borges
"El inmortal"
El Aleph
Alianza Emecé, Madrid, 1981, p. 22





sábado, 14 de mayo de 2016

Anónimo árabe / Aserrando una rama



Anónimo árabe
ASERRANDO UNA RAMA

Nasrudín subió a un árbol para aserrar una rama. Alguien que pasaba, al ver cómo lo estaba haciendo, le avisó:

-¡Cuidado! Está mal sentado en la punta de la rama… Se irá abajo con ella cuando la corte.

-¿Piensa que soy un necio que deba creerle? ¿Es usted un vidente que pueda predecir el futuro? -preguntó Nasrudín.

Sin embargo, poco después, como siguiera aserrando, la rama cedió y Nasrudín terminó en el suelo. Entonces corrió tras el otro hombre hasta alcanzarlo:

-¡Su predicción se ha cumplido! Ahora dígame: ¿cómo moriré?

Por más que el hombre insistió, no pudo disuadir a Nasrudín de que no era un vidente. Por fin, ya exasperado, le gritó:

-¡Por mí podrías morirte ahora mismo!

Apenas oyó estas palabras, Nasrudín cayó al suelo y se quedó inmóvil. Cuando lo encontraron sus vecinos lo depositaron en un féretro. Mientras marchaban hacia el cementerio empezaron a discutir acerca de cuál era el camino más corto.
 Nasrudín perdió la paciencia. Asomó la cabeza fuera del ataúd y dijo:

-Cuando estaba vivo solía tomar por la izquierda. Es el camino más rápido.



jueves, 12 de mayo de 2016

Pedro de Miguel / Soledad

Fotografía de Sophie Calle
Pedro de Miguel 
SOLEDAD

Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando.

No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara durante unos minutos el amplio pozo de su soledad.



jueves, 5 de mayo de 2016

Enrique Anderson Imbert / Arte y vida



Enrique Anderson Imbert
ARTE Y VIDA

Regresé a casa en la madrugada, cayéndome de sueño. Al entrar, todo obscuro. Para no despertar a nadie avancé de puntillas y llegué a la escalera de caracol que conducía a mi cuarto. Apenas puse el pie en el primer escalón dudé de si ésa era mi casa o una casa idéntica a la mía. Y mientras subía temí que otro muchacho, igual a mí, estuviera durmiendo en mi cuarto y acaso soñándome en el acto mismo de subir por la escalera de caracol. Di la última vuelta, abrí la puerta y allí estaba él, o yo, todo iluminado de Luna, sentado en la cama, con los ojos bien abiertos. Nos quedamos un instante mirándonos de hito en hito. Nos sonreímos. Sentí que la sonrisa de él era la que también me pesaba en la boca: como en un espejo, uno de los dos era falaz. «¿Quién sueña con quién?», exclamó uno de nosotros, o quizá ambos simultáneamente. En ese momento oímos ruidos de pasos en la escalera de caracol: de un salto nos metimos uno en otro y así fundidos nos pusimos a soñar al que venía subiendo, que era yo otra vez.