lunes, 18 de enero de 2016

Ana María Shua / Qué sueño

Fotografía de Helmut Newton

Ana María Shua
QUÉ SUEÑO

¡Qué sueño!, digo, desperezándome. ¿Qué sueño?, me pregunta mi interlocutor. El sueño que tengo, contesto yo. Es decir, usted.




viernes, 15 de enero de 2016

Ana María Shua / Artistas del trapecio

Fotografía de Karine Thevenau

Ana María Shua
ARTISTAS DEL TRAPECIO

No tengas miedo, volará, heredó nuestros genes, dice el artista del trapecio. Y desde el punto más alto lanza a su hija, un bebé todavía, por el aire, hacia los brazos de la madre aterrada e infiel. No debería temer: por las artes de su verdadero padre, el mago, la niña realmente vuela. O les hace creer que vuela.




sábado, 9 de enero de 2016

Jean Rhys / Garras


Jean Rhys
GARRAS


En cuanto le tocó, su corazón empezó a hinchársele hasta que le tocó la garganta. Se le hinchó y de él salían afiladas garras y las garras se le clavaban cada vez más profundamente.

«Dios mío», dijo ella y se levantó y descorrió las cortinas y vio la cara de él al sol. «Dios mío», dijo mirando su cara al sol y se arrodilló junto a la cama tomándole su mano entre las suyas sin hablar ni pensar ya.

Jean Rhys / El ruido del río



jueves, 7 de enero de 2016

Ana María Shua / Leones y domador


Ana María Shua
LEONES Y DOMADOR


Un grupo de leones se ha puesto de acuerdo en comprar un domador, pero tienen poco dinero. Todo lo que consiguen es un anciano desdentado (aunque con su dentadura postiza) que fuera domador de potros en su juventud. Se llama Francisco Nicomedes Rojas y es de Sunchales. Los leones rugen como si fueran feroces, el viejo hace restallar el látigo, hay que admitir que se lo ve adecuadamente frágil y aun así el público se fastidia. Les iría mejor con una jovencita rubia, de aspecto tímido, pero son demasiado caras, están ahorrando.

Ana María Shua
Fenomenos de Circo 
Páginas de espuma, 2011



lunes, 4 de enero de 2016

Ana María Shua / 100


Ana María Shua
100

Mientras Aladino duerme, su mujer frota dulcemente su lámpara maravillosa. En esas condiciones, ¿qué genio podría resistirse?

Ana María Shua en Casa de Citas


domingo, 3 de enero de 2016

Mario Sánchez Carvajal / Niñas



Mario Sánchez Carvajal

Niñas

Cuando éramos niños nos daba mucho asco y mucho miedo. Estaba viejo y solo. Vivía envuelto en harapos y apestaba a orines. Por ahí rumoreaban que se tragó a sus hijas y que por eso se había vuelto teporocho.

Una vez yo estaba formado en la cola de las tortillas y me llegó un olor asqueroso, como al camión de la basura. Me volví para ver de dónde emanaba aquella pestilencia y me topé con él. Lo vi a los ojos y sentí en la panza un vacío como si estuviera cayendo desde la azotea del edificio más alto de la ciudad, y casi me orino del susto cuando en el fondo, muy en el fondo de aquellos ojos rojos, alcancé a mirar un par de niñas pequeñas.

De La línea de las metamorfosis,
ganador del Premio Nacional de
Cuento Breve Julio Torri 2013






sábado, 2 de enero de 2016

Cristina Peri Rossi / 32


Cristina Peri Rossi
32


   L
a poseí a los ocho años en medio de nuestros juegos infantiles. Desde entonces no he dejado de hacerlo, con regularidad, durante tanto tiempo. Si llueve, la poseo despacio, para armonizar su rumor (el de sus piernas recogidas sobre la sábana) al de la lluvia que cae. Si el día es templado, la poseo con violencia para dejarla completa y terminada, como un cuadro.
                Entonces, a las ocho años, la tomé sin querer, estrechándola en un juego. Mi mano fue como un insecto horadando un laberinto. Y qué sorpresa de patios y desvanes. El premio fue el agua dulce que le manó entre las piernas y mojó las enredaderas, la enamorada del muro y las campánulas, como una lluvia inesperada y saludable. No he dejado nunca de beber en esa fuente: ella me ha ofrecido su jugo todos los días.
                A los ocho años yo le regalé una luciérnaga, y ella me dio una flor. La luciérnaga la conservó en una caja, junto a una rama de pino; la flor la guardé en las páginas de un libro, donde dibujó un redondel aroma. Desde que la poseí por primera vez a los ocho años no he dejado de hacerlo. A menudo ella me dice:
                -Me hubiera gustado que me poseyeras a los ocho años, en medio de nuestros juegos. Y que desde entonces no dejaras de hacerlo nunca, colocando tu suave mano sobre mi vientre, allí donde termina en hondonada. Y me hubieras alcanzado animales pequeños en sus cajas, como testimonio de tu amor y cubrieras mi cuerpo desnudo de hojas lanceoladas recogidas del jardín, que fueran dejándome por las estaciones de la piel su olor y su humedad. Sobre las cuales pasarías tu lengua, para arrancármelas, cuando ellas se me hubieran fijado al cuerpo.

                Entonces la vuelvo a poseer, como si tuviéramos ocho años.



viernes, 1 de enero de 2016

Jhumpa Lahiri / La madre de Shoba

Ilustración de Triunfo Arciniegas

Jhumpa Lahiri
BIOGRAFÍA
LA MADRE DE SHOBA


Desde septiembre el único invitado había sido la madre de Shoba. Llegó desde Arizona y se quedó con ellos dos meses después de que Shoba regresase del hospital. Cocinaba la cena todas las noches, manejaba hasta el supermercado, lavaba la ropa, la guardaba. Era una mujer religiosa. Tenía un pequeño altar, una imagen enmarcada de una diosa con cara color lavanda y un plato con pétalos de caléndula en la mesita junto a su cama en el cuarto de invitados, y dos veces al día rezaba pidiendo nietos saludables en un futuro. Era amable con Shukumar (el marido de Shoba) sin ser amistosa. Doblaba sus suéteres con la habilidad que había aprendido de su trabajo en una tienda departamental. Remplazó un botón en su abrigo de invierno y le tejió una bufanda azul y beige presentándosela a Shukumar sin ninguna ceremonia, como si sólo se le hubiera caído y no se hubiera dado cuenta. Nunca le hablaba de Shoba. Una vez, cuando él mencionó la muerte del bebé, dejó de tejer, lo miró, y le dijo “Pero tú ni siquiera estabas ahí.”

Fragmento de




martes, 29 de diciembre de 2015

Max Aub / Alpargatas



Max Aub
ALPARGATAS

Los hombres, de tanto andar, y por carencia de alas, no pueden llevar los pies descalzos. Cúbrense con la carroña de reses muertas, llámanlos los zapatos: hay que reconocer que preservan algo del agua y del lodo. La Cruz Roja ha enviado al campo quinientos pares de alpargatas, para que sean repartidas entre los internados; es un zapato de lona y mejor que nada. Tiénenlos en los almacenes, guardados, quién sabe en espera de qué. El viejo Eloy Pinto, de sesenta y cinco años de edad, carnicero, cojo, pidió un par de buenas botas a un guardia joven. Le hicieron barrer y lavar el cuartel, le dijeron que volviera al día siguiente: le darían las alpargatas. Ocho días se repitió la escena. El viejo, ya cansado, se las pidió al ayudante:

—¡Ah!, ¿con que quieres alpargatas, eh? Y no quieres trabajar. Y comer, sí que comes, ¿no? Para comer no faltas a la lista, ¿no?

El viejo calló, miró sus pies envueltos en trapos, levantó, lentamente, la vista. El ayudante le escupió a la cara, y siguió:

—Supongo que tendrás la conciencia tranquila, ¿no? ¿No decís eso? Pues póntela en los pies.



lunes, 28 de diciembre de 2015

Felipe Garrido / Monedas



Felipe Garrido
Monedas

Yo lo vi todo, pero no pude hacer nada. Mi hermano estaba sacando unas monedas del cajón de la cocina. Volvió a contarlas y las guardó en el bolsillo derecho del pantalón. Cerró el cajón con cuidado, despacito, para no hacer ruido. Luego dio media vuelta y se quedó petrificado. Recargada en el vano de la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho, mamá había observado el saqueo. Es para comprar un cuaderno, mintió. Te lo iba a pedir, volvió a mentir. Mamá lo miraba callada. El dinero no sobraba en casa. Los tres lo sabíamos. Yo estaba asustado porque a veces también yo iba al cajón y sacaba unas monedas. Para una paleta, para una rebanada de jícama, para unas papas con chile y limón. Mi madre no abría la boca. Gabriel metió la mano al bolsillo, para devolver la lana, pero mamá lo detuvo con un gesto. ¿Y para qué creen ustedes que yo dejo allí esas monedas?, nos dijo sin alzar la voz y se fue por el corredor para que no la viéramos llorar.





jueves, 24 de diciembre de 2015

Katherine Mansfield / Madre



Katherine Mansfield
BIOGRAFÍA
MADRE


-¿Por qué sonríes siempre? -dijo con severidad-. Si supieras en qué pienso, no tendrías ganas de sonreír.



Katherine Mansfield
"En la bahía"
En la bahía
Barcelona, Bruguera, 1982, p. 48





MOTHER

by Katherine Mansfield
BIOGRAPHY

“Why do you keep on smiling?” she said severely. “If you knew what I was thinking about, you wouldn’t.”

Katherine Mansfield / At the Bay


lunes, 21 de diciembre de 2015

Katherine Mansfield / La mosca en la tinta

Ilustración de Triunfo Arciniegas

Katherine Mansfield
BIOGRAFÍA

LA MOSCA EN LA TINTA

En aquel momento el jefe se dio cuenta de que una mosca se había caído en el gran tintero y estaba intentando infructuosamente pero con desesperación volver a salir. ¡Socorro, socorro!, decían aquellas patas mientras forcejeaban. Pero los bordes del tintero estaban mojados y resbaladizos. Volvió a caer dentro y se puso a nadar. El jefe tomó una pluma, extrajo la mosca de la tinta y la depositó con una sacudida en un pedazo de papel secante. Durante una fracción de segundo la mosca se quedó quieta sobre la mancha oscura que se ensanchaba a su alrededor. Después las patas delanteras se agitaron, se afianzaron y, levantando su cuerpecillo empapado, empezó la inmensa tarea de limpiarse la tinta de las alas. Por encima y por debajo, por debajo y por encima, pasaba la pata por el ala, como lo hace la piedra de afilar por la guadaña. Luego hubo una pausa mientras la mosca, aparentemente de puntillas, intentaba abrir primero un ala y luego la otra. Por fin lo consiguió, se sentó y empezó a limpiarse la cara, como un diminuto gato. Ahora uno podía imaginarse que las patitas delanteras se restregaban con facilidad, alegremente. El horrible peligro había pasado; se había salvado; estaba preparada de nuevo para la vida.


Katherine Mansfield / La mosca




Illustration by Triunfo Arciniegas



THE BOSS AND THE FLY

by Katherine Mansfield
BIOGRAPHY

At that moment the boss noticed that a fly had fallen into his broad inkpot, and was trying feebly but desperately to clamber out again. Help! Help! said those struggling legs. But the sides of the inkpot were wet and slippery; it fell back again and began to swim. The boss took up a pen, picked the fly out of the ink, and shook it on to a piece of blotting-paper. For a fraction of a second it lay still on the dark patch that oozed round it. Then the front legs waved, took hold, and, pulling its small, sodden body up, it began the immense task of cleaning the ink from its wings. Over and under, over and under, went a leg along a wing as the stone goes over and under the scythe. Then there was a pause, while the fly, seeming to stand on the tips of its toes, tried to expand first one wing and then the other. It succeeded at last, and, sitting down, it began, like a minute cat, to clean its face. Now one could Imagine that the little front legs rubbed against each other lightly, joyfully. The horrible danger was over; it had escaped; it was ready for life again.

Katherine Mansfield / The Fly
The Doves' Nest, and other stories [1923]






domingo, 20 de diciembre de 2015

Katherine Mansfield / Ha muerto un hombre




Katherine Mansfield
BIOGRAFÍA
HA MUERTO UN HOMBRE

-Mamá, ha muerto un hombre -dijo Laura.
-Pero, ¿no en el jardín? -interrumpió la madre.
-¡No, no!
-Ah, qué susto me has dado!

Katherine Mansfield, "Garden-Party" (Fiesta en el jardín)
En la bahía
Barcelona, Bruguera, 1981, p. 167




A MAN´S BEEN KILLED
By Katherine Mansfield
BIOGRAPHY


"Mother, a man's been killed," began Laura. 
"Not in the garden?" interrupted her mother. 
"No, no!" 
"Oh, what a fright you gave me!"

Katherine Mansfield / The Garden Party


viernes, 18 de diciembre de 2015

Katherine Mansfield / Familia feliz

Ilustración de Triunfo Arciniegas
Katherine Mansfield
BIOGRAFÍA
FAMILIA FELIZ

Somos una familia feliz desde que mi querido esposo murió.

Katherine Mansfield
"Frau Fischer"
En el balneario alemán
Bruguera, Barcelona, 1981, p. 36




A HAPPY FAMILY
by Katherine Mansfield
BIOGRAPHY

"We are such a happy family since my dear man died."


Katherine Mansfield
"Frau Fischer"
In a German Pension



domingo, 13 de diciembre de 2015

Rafael Pérez Estrada / El resucitador



Rafael Pérez Estrada
EL RESUCITADOR


Señalándome a un hombre de gran dignidad, me dijeron: Ése es el resucitador; y como yo preguntara detalles, me explicaron que sólo podía resucitar a aquellos cuya muerte representara para la patria y la cosa pública una pérdida irreparable.


Todos confiaban en este hombre, y al punto creían en su capacidad prodigiosa para devolver a los muertos de su eterno reposo. Mas cuando inquirí sobre el número de sus milagros, ésta fue la respuesta: Nunca ha resucitado a nadie, porque nadie nos ha parecido imprescindible. Sin embargo, el hombre actuaba como sihubiera devuelto de las sombras a toda una nación.