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domingo, 6 de octubre de 2013

James Salter / Soldado


James Salter
SOLDADO

Fuera del cuartel, a última hora de la noche, había cinco o seis siluetas sentadas en los peldaños, bebiendo y charlando. Reemstma se sentó cerca de ellos, sin decir nada; no quería romper el hechizo. Volvía a ser uno de ellos, como lo había sido en las frenéticas noches cuando limpiaban los fusiles y lustraban los zapatos hasta dejarlos relucientes como un espejo. La neblina de junio se extendió sobre la gran distancia que le separaba de aquellas interminables tareas de años atrás. Con qué ahínco se había entregado a ellas. Con qué ardor había creído en la imagen de un soldado. La había abrazado como una religión, y se había aferrado a ella en silencio, como un tullido se aferra a Dios. 


James Salter
"Hijos perdidos"
Anochecer
Muchnik Editores, Barcelona, 2002, p. 107


Lea, además
"La última noche", cuento de James Salter


sábado, 5 de octubre de 2013

James Salter / Espresso


James Salter
ESPRESSO

-Oye, Brenda, se me ha olvidado. ¿Es espresso o expresso? -le preguntó Frank. 
-Espresso.
-¿Cómo lo sabes?
-Soy de Nueva York -contestó ella.
-Es cierto -recordó-. Los italianos no tienen la equis, ¿verdad?
-Y tampoco la jota -dijo Alan.
-¿Y eso por qué?
-Son así de descuidados -intervino Brenda-. Simplemente, las pierden.


James Salter
"American Express"
Anochecer
Muchnik Editores, Barcelona, 2002, p. 48


Lea, además
"La última noche", cuento de James Salter


viernes, 4 de octubre de 2013

James Salter / Venecia

Palazzo Brandolini, Venise, 1979©Lucien Clergue
Palazzo Brandolini
Venise, 1979
Fotografía de Lucien Clergue

James Salter
VENECIA

La verdosa agua chapoteaba mientras la oscuridad caía sobre Venecia. En algunos palazzos, las luces estaban encendidas. Tras los cortinajes de los pisos superiores, las piernas de alguna condesa se desenredaban, deslizándose sobre las sábanas como una serpiente.



James Salter
"American Express"
Anochecer
Muchnik Editores, Barcelona, 2002, p. 50


Lea, además
"La última noche", cuento de James Salter


jueves, 3 de octubre de 2013

James Salter / Separación


James Salter
SEPARACIÓN
Traducción de Antonio Puigrós

Ella se quedó con la casa. Había ido una sola vez al piso de la calle Ochenta y Dos, con sus grandes ventanales desde los que, si apretabas la mejilla contra el cristal, podías ver las escalinatas de la entrada al Museo Metropolitano de Bellas Artes. Un año después, él volvió a casarse. Durante un tiempo, ella había virado sin rumbo. Por las noches se sentaba en la sala de estar vacía, casi desvalida, sin preocuparse por comer, por hacer nada, acariciando la cabeza del perro y hablándole, acurrucada en el sofá a las dos de la madrugada y todavía sin desvestir. Un cansancio fatal se había apoderado de ella, pero después se serenó, empezó a ir a la iglesia y volvió a pintarse los labios.



James Salter
"Anochecer", en Anochecer
Muchnik Editores, Barcelona, 2002, p. 124

Lea "Anochecer", el cuento completo:
De otros mundos



miércoles, 2 de octubre de 2013

James Salter / Una palabra



James Salter
UNA PALABRA

-¿Qué ocurre? -gritó ella-. ¿Qué te pasa?
La luz se acercaba por todos lados y se extendía por encima del césped. Los sagrados murmullos se desvanecían. No podía perder ni un momento. Pegadas las manos a la cabeza, corrió por el pasillo en busca de un lápiz mientras su esposa corría tras él, suplicándole que le dijera lo que pasaba. Las palabras se desvanecían, tan sólo una le quedaba, inútil sin las demás, y sin embargo de un valor incalculable. Mientras garabateaba, la mesa se estremeció. En la pared, una foto empezó a temblar. Su esposa, sosteniéndose el cabello con una mano, leyó lo que él había escrito. Mantenía la cara muy cerca del papel.
-¿Y eso qué significa? -preguntó.


James Salter
"Akhnilo"
Anochecer
Muchnik Editores, Barcelona, 2002, p. 120


Lea, además
"La última noche", cuento de James Salter