domingo, 24 de mayo de 2020

Lily King / Conchas




Lily King
CONCHAS     
Hoy por fin he entendido una de sus bromas. Estaba observando cómo tejían las mosquiteras en la segunda casa de las mujeres. Me he sentado junto a una mujer llamada Tadi y le he preguntado qué haría con las conchas que había ganado, y ella me ha contestado que su marido las usaría para comprarse otra esposa. «No puedo tejer este saco de mosquitera lo suficientemente rápido», me dijo. Todas nos caímos al suelo de la risa.  
Lily King
Euforia, capítulo 9
Ediciones Malpaso, 2016






martes, 19 de mayo de 2020

Lily King / La mujer y la luna




Lily King
LA MUJER Y LA LUNA
Había una vez un hombre mumbanyo que quería matar a la luna. Había descubierto que su mujer sangraba cada mes y la acusó de tener otro marido. Ella se rio y le dijo que todas las mujeres están casadas con la luna. «Mataré a esa luna», decidió el hombre, y se subió en su canoa. Al cabo de muchos días llegó al árbol al que está atada la luna con una cuerda de rafia y desde el que salta cada noche al cielo. «Baja para que te pueda matar —le dijo el hombre a la luna—, que me has robado la esposa.» La luna se rio. «Todas las mujeres son primero esposas mías —dijo la luna—. Así que eres tú quien me ha robado la esposa.» Eso hizo enfurecer aún más al hombre, que trepó hasta la rama más alta del árbol y tiró de la cuerda de rafia. Ésta no se movió, así que se puso a trepar por ella hacia la luna. Muy pronto empezaron a pesarle los brazos y, aunque se había alejado del árbol, seguía sin estar cerca de la luna. «Suéltate», le dijo la luna. Y el hombre, que ya no tenía fuerzas, se soltó y cayó directamente en su canoa, y remó de vuelta a casa, para compartir a su mujer con la luna, como hacían todos los hombres.

Lily King
Euforia
Malpaso Ediciones, 2016




martes, 12 de mayo de 2020

Ana María Shua / Huevos fritos


Huevo de pascua, huevo frito, formatos de archivo de imagen ...

Ana María Shua
108
HUEVOS FRITOS

Yo contra los huevos fritos no tengo nada. Son ellos los que me miran con asombro, desorbitados.


Ana María Machado
La sueñera
Minotauro, 1984

El mejor huevo frito según Ruperto de Nola - La Tercera

108
FRIED EGGS
By Ana María Shua

I have nothing against fried eggs. They're the ones who look at me with amazement, terrified, wide-eyed.






sábado, 9 de mayo de 2020

Oscar Torres / Vampiro


papillon | Bombillas, Focos y Surrealismo fotografia

VAMPIRO

Óscar Torres
    

LA polilla, toca una y otra vez, la bombilla que ilumina tenuemente el cuarto de mi salón.
    Su zumbido se mezcla con su inquieta sombra, en un vaivén de luz y oscuridad, que se proyecta sobre las paredes.
    Luz.
    Oscuridad.
    Ansiedad.
    Deseo.
    Las tripas rugen.
    Observo mis dedos. Se están quedando cada vez más azulados. ¿Cuándo perdí mi humanidad? ¿Dónde está mi cuerpo y alma?
    Mente en blanco.
    Vuelvo la vista a la mesa.
    Sujeto el cuchillo y el tenedor e intento cortar la carne que tengo delante.
    El pulso me tiembla. La polilla vuelve. Intento olvidarla. Solo es un fantasma. No existe. No hay sombras. Solo luz.
    El acero del cuchillo chirría en el plato. Me llevo un buen trozo a la boca. Tengo seco el paladar. Me entran nauseas de sólo pensar en comer algo cocinado.
    Lo escupo. No soy capaz de tragarlo.
    Vuelve otra vez. Veo su sombra desdibujada en las paredes. Tengo hambre, no aguanto más. Un espasmo doloroso me recorre desde estómago hasta la garganta. Hace días que no salgo a cazar.
    Estoy jodido. Esta vez sí que moriré de inanición.
    Una sombra se mueve en el fondo de la habitación y viene hacia a mí.
    ¿Será ella? ¿O un fantasma?
    No, es Jhonsie, mi gato siamés.
    Salta a la mesa y se acerca con curiosidad a mi plato. Olfatea la carne y levanta la vista. Se queda mirando con sus grandes ojos azules llenos de curiosidad. Me maúlla. Él también tiene hambre.
    La polilla vuelve golpear mí conciencia.
    La sombra que se proyecta borra la poca humanidad que me quedaba.
    Miro a mí gato. Se humedecen los labios.



viernes, 17 de abril de 2020

Triunfo Arciniegas / Pequeños cuerpos





Triunfo Arciniegas
PEQUEÑOS CUERPOS

Los niños entraron a la casa y destrozaron las jaulas. La mujer encontró los cuerpos muertos y enloqueció. Los pájaros no regresaron.

Triunfo Arciniegas
NOTICIAS DE LA NIEBLA



domingo, 12 de abril de 2020

Top / Diez minificciones latinoamericanas

Pájaros azules
Pini Day






Top 10 minificciones latinoamericanas
10 de junio de 2016

Ana María Shúa / 25
Álvaro Menén Desleal / El hacedor de lluvia
Augusto Monterroso / Caballo imaginando a Dios
Julio Torri / A Circe
Antonio di Benedetto / Oscurecimiento




jueves, 9 de abril de 2020

Triunfo Arciniegas / El juego




Triunfo Arciniegas
EL JUEGO

Como no admiten mujeres en el salón de juegos, los hombres cuelgan  la suya en el ropero y la reclaman al final de la jornada. A veces, debido a la embriaguez o el cansancio, la desilusión de la derrota o el éxtasis de la victoria, se confunden de mujer y se llevan la del prójimo a casa hasta el siguiente juego.



sábado, 4 de abril de 2020

Triunfo Arciniegas / Conversación

Ilustración de Triunfo Arciniegas


Triunfo Arciniegas
CONVERSACIÓN

No entiendo. Si mi madre me quiere tanto, por qué los otros se apartan con asco. Le pregunto por qué no tienen estas garras y estos pelos y, molesta, me lanza un picotazo.

México, 11 de diciembre de 2013


martes, 31 de marzo de 2020

Triunfo Arciniegas / Viuda feliz

Espantado de todo, 2018
Pedro Pablo Oliva


Triunfo Arciniegas
VIUDA FELIZ

Aunque se le enfría el café y se le apaga el tabaco, se ve tan tranquilo mi marido desde que lo trajo el taxidermista.

México, 16 de diciembre de 2013


jueves, 26 de marzo de 2020

Triunfo Arciniegas / La ceremonia del adiós




Triunfo Arciniegas
LA CEREMONIA DEL ADIÓS


La carne muerta no es lo suyo. Nos devora despacio, tanto que una semana después nadie podría reconocerse frente al espejo. Si hubiera espejos. Si hubiera luz. Nos ha repartido en diversas y profundas cuevas. Sin piel, sin dedos, aún seguimos con vida, para deleite suyo, y percibimos la respiración pedregosa y el asqueroso aliento mientras prosigue la amorosa tarea de exterminarnos.

2 de febrero de 2020





miércoles, 25 de marzo de 2020

Triunfo Arciniegas / Vida conyugal



Ilustración de Rotaru Dragos

Triunfo Arciniegas
VIDA CONYUGAL

Mi mujer y yo hemos cambiado, más ella que yo, creo. Mientras mi mujer se estira y se contonea, me encojo como un ratón y me desangro. La miro de reojo y no digo nada. Las palabras que me trago me rasgan sin lástima. Ahí dentro las heridas supuran y así termino envenenado por mis propias miserias. Aunque sus gestos, cada vez más altaneros, son los mismos, y sus historias, todavía más retorcidas, las mismas, algo en el aire me eriza la piel. Como en una encarnizada partida de ajedrez, le desaparecí el gato cuando me quemó los libros y, por su parte, en una jugada perfecta, le escribió una carta obscena a mi madre porque le espanté un pretendiente. Uno tras otro, he perdido los botones de las camisas. Su café sabe a cucaracha y el arroz se le quema, como si pretendiera matarme de hambre. El rencor de otros hombres se derrama en las paredes y ella cree que todas esas frases malintencionadas son mías. No es así. Voy al solar, abro un hueco en la tierra hasta destrozarme las manos y escondo mis gritos. En fin, me pregunto si todavía es mi mujer porque a veces, en mitad de la noche, la sorprendo mirándome como una serpiente.

México, 12 de diciembre de 2013

martes, 24 de marzo de 2020

Triunfo Arciniegas / La vocación de las siamesas


Triunfo Arciniegas
LA VOCACIÓN DE LAS SIAMESAS

Así, con la misma devoción que la una recibe extasiada el cuerpo del Señor, que se deslíe en su boca en metáfora de hostia mientras un coro de monjas describe las glorias del más allá, la otra ofrece noche tras noche su cuerpo a los señores, que en sus entrañas se derraman en diversas metáforas.

Bogotá, 20 de diciembre de 2013


domingo, 22 de marzo de 2020

Triunfo Arciniegas / Reproches

Ilustración de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas
REPROCHES

¿Eso querías? ¿Hacerme venir todos los lunes a este pinche cementerio? No creo que siga trayéndote flores, querido. Subieron de precio. ¿Sí te conté que el otro día nos rayaron la camioneta? Eso me pasa por venir a hablar contigo. Nunca le hiciste calibrar el carburador, tanto que te dije. El motor va a sacar la mano, ya no lo siento con fuerza, se cuelga en las subidas y bota más humo que una chimenea. A pie no pienso volver. Imagino que no sabes por qué hacen estos cementerios tan lejos. Para colmo de males, la gasolina por las nubes y los regalías por el suelo. Cada viaje cuesta un ojo de la cara. Pero tampoco lo sabes. ¿A quién le prestaste The Dark Side of the Moon? Se extravió el anillo que me trajiste de Taxco y tus amigotes jamás devolvieron la guitarra. Vives en la ignorancia, querido. Siempre fuiste tan despistado. Se robaron la bicicleta. Considérame, por Dios, voy a terminar yendo a la playa en autobús. Así que lo siento, no más flores. Además, desde marzo voy a dedicarle los lunes al club de lectura. Alégrate. ¿No decías que casi no leía? Y a propósito, aunque no sé si te interesa saberlo, vamos a empezar con un libro tuyo, Arciniegas.

México, 13 de diciembre de 2013



sábado, 7 de marzo de 2020

Triunfo Arciniegas / La princesa y el dragón / Versiones



Triunfo Arciniegas
Biografía
LA PRINCESA Y EL DRAGÓN

I
En la larga tarea de rescatar a la princesa de las garras del dragón, murieron trescientos hombres y otros tantos aún no se recuperan de las quemaduras. Aunque la bestia no fue exterminada, por fin consiguieron traer a casa a la princesa. No ha servido de nada. La muchachita escapó del castillo esta mañana.

II

Murieron trescientos hombres y otros tantos aún no se recuperan de las quemaduras. No ha servido de nada. La princesa escapó del castillo esta mañana.

III

En el rescate murieron trescientos hombres, y otros tantos aún no se recuperan de las quemaduras. No ha servido de nada. La princesa escapó del castillo esta mañana.

IV

Murieron trescientos hombres en la larga tarea del rescate, y otros tantos aún no se recuperan de las quemaduras. No ha servido de nada. La princesa escapó del castillo esta mañana.


París, 24 de marzo de 2017




domingo, 1 de marzo de 2020

Triunfo Arciniegas / Resta con fuego




Triunfo Arciniegas
Biografía
RESTA CON FUEGO
A la isla llegamos cinco y sobrevivimos con peces y frutos hasta que apareció el dragón. Ahora somos cuatro: tres hombres y una mujer. Mañana serán o seremos nada más tres.


miércoles, 26 de febrero de 2020

Triunfo Arciniegas / Había una vez






Triunfo Arciniegas

Biografía
HABÍA UNA VEZ
Era muy joven cuando vio aparecer los briosos caballos, un hombre hecho y derecho mientras la princesa pasaba frente a sus ojos, y un viejo mientras el carruaje se alejaba en una nube de polvo.
Bogotá, 11 de marzo de 2015


lunes, 24 de febrero de 2020

Triunfo Arciniegas / Metamorfosis



Triunfo Arciniegas
Biografía
METAMORFOSIS

Fui a visitar a la abuela y en el camino me convertí en niña. “Tan linda”, dijo la abuela. Cuando volví a casa era otra vez un niño. “¿Ya hiciste las tareas?”, preguntó mamá.

Pamplona, 2013


miércoles, 19 de febrero de 2020

Triunfo Arciniegas / Deslices




Triunfo Arciniegas
Biografía
DESLICES
Mi mamá fue un desliz de la abuela o, como se decía antes, un fruto del pecado. Nadie supo cómo. La muchachita fue al mercado y volvió preñada. Lo dicen en broma, pero tal vez fue así. No soltó prenda, ni entonces ni nunca. Volvió preñada y sólo se dieron cuenta cuando ya no manchaba los trapos de cada mes. 

La Habana, 1 de noviembre de 2014


miércoles, 12 de febrero de 2020

Triunfo Arciniegas / Confesión




Triunfo Arciniegas
Biografía
CONFESIÓN

Cuando alababa su bufanda roja y antes de desvanecerse, la mujer me susurró al oído: "En esta casa me cortaron el cuello".

Cuatrovientos, 12 de febrero de 2020



lunes, 10 de febrero de 2020

Enrique Anderson Imbert / Espiral


Enrique Anderson Imbert
ESPIRAL



Regresé a casa en la madrugada, cayéndome de sueño. Al entrar, todo oscuro. Para no despertar a nadie avancé de puntillas y llegué a la escalera de caracol que conducía a mi cuarto. Apenas puse el pie en el primer escalón dudé de si esa era mi casa o una casa idéntica a la mía. Mientras subía temí que otro muchacho, igual a mí, estuviera durmiendo en mi cuarto y acaso soñándome en el acto mismo de subir por la escalera de caracol. Di la última vuelta, abrí la puerta y allí estaba él, o yo, todo iluminado de luna, sentado en la cama, con los ojos bien abiertos. Nos quedamos un instante mirándonos de hito en hito. Nos sonreímos. Sentí que la sonrisa de él era la que también me pesaba en la boca. Como en un espejo, uno de los dos era falaz. «¿Quién sueña a quién?», exclamó uno de nosotros, o quizá ambos simultáneamente. En ese momento oímos ruidos de pasos en la escalera de caracol. De un salto nos metimos uno en otro y así fundidos nos pusimos a soñar al que venía subiendo, que era yo otra vez.



domingo, 9 de febrero de 2020

Enrique Anderson Imbert / La granada XXIV



Enrique Anderson Imbert
La granada XXIV



El Emperador de la China declaró públicamente que a él, y solo a él, debía culpársele por el último eclipse de sol: lo había causado, sin querer, al cometer un error administrativo. La corte alabó al Emperador por ese admirable rasgo de humildad y contrición.




jueves, 6 de febrero de 2020

Augusto Monterroso / Sinfonía concluída




Augusto Monterroso
SINFONÍA CONCLUÍDA

–Yo podría contar –terció el gordo atropelladamente– que hace tres años en Guatemala un viejito organista de una iglesia de barrio me refirió que por 1929 cuando le encargaron clasificar los papeles de música de La Merced se encontró de pronto unas hojas raras que intrigado se puso a estudiar con el cariño de siempre y que como las acotaciones estuvieran escritas en alemán le costó bastante darse cuenta de que se trataba de los dos movimientos finales de la Sinfonía inconclusa así que ya podía yo imaginar su emoción al ver bien clara la firma de Schubert y que cuando muy agitado salió corriendo a la calle a comunicar a los demás su descubrimiento todos dijeron riéndose que se había vuelto loco y que si quería tomarles el pelo pero que como él dominaba su arte y sabía con certeza que los dos movimientos eran tan excelentes como los primeros no se arredró y antes bien juró consagrar el resto de su vida a obligarlos a confesar la validez del hallazgo por lo que de ahí en adelante se dedicó a ver metódicamente a cuanto músico existía en Guatemala con tan mal resultado que después de pelearse con la mayoría de ellos sin decir nada a nadie y mucho menos a su mujer vendió su casa para trasladarse a Europa y que una vez en Viena pues peor porque no iba a ir decían un Leiermann guatemalteco a enseñarles a localizar obras perdidas y mucho menos de Schubert cuyos especialistas llenaban la ciudad y que qué tenían que haber ido a hacer esos papeles tan lejos hasta que estando ya casi desesperado y sólo con el dinero del pasaje de regreso conoció a una familia de viejitos judíos que habían vivido en Buenos Aires y hablaban español los que lo atendieron muy bien y se pusieron nerviosísimos cuando tocaron como Dios les dio a entender en su piano en su viola y en su violín los dos movimientos y quienes finalmente cansados de examinar los papeles por todos lados y de olerlos y de mirarlos al trasluz por una ventana se vieron obligados a admitir primero en voz baja y después a gritos ¡son de Schubert son de Schubert! y se echaron a llorar con desconsuelo cada uno sobre el hombro del otro como si en lugar de haberlos recuperado los papeles se hubieran perdido en ese momento y que yo me asombrara de que todavía llorando si bien ya más calmados y luego de hablar aparte entre sí y en su idioma trataron de convencerlo frotándose las manos de que los movimientos a pesar de ser tan buenos no añadían nada al mérito de la sinfonía tal como ésta se hallaba y por el contrario podía decirse que se lo quitaban pues la gente se había acostumbrado a la leyenda de que Schubert los rompió o no los intentó siquiera seguro de que jamás lograría superar o igualar la calidad de los dos primeros y que la gracia consistía en pensar si así son el allegro y el andante cómo serán el scherzo y el allegro ma non troppo y que si él respetaba y amaba de veras la memoria de Schubert lo más inteligente era que les permitiera guardar aquella música porque además de que se iba a entablar una polémica interminable el único que saldría perdiendo sería Schubert y que entonces convencido de que nunca conseguiría nada entre los filisteos ni menos aún con los admiradores de Schubert que eran peores se embarcó de vuelta a Guatemala y que durante la travesía una noche en tanto la luz de la luna daba de lleno sobre el espumoso costado del barco con la más profunda melancolía y harto de luchar con los malos y con los buenos tomó los manuscritos y los desgarró uno a uno y tiró los pedazos por la borda hasta no estar bien cierto de que ya nunca nadie los encontraría de nuevo al mismo tiempo –finalizó el gordo con cierto tono de afectada tristeza– que gruesas lágrimas quemaban sus mejillas y mientras pensaba con amargura que ni él ni su patria podrían reclamar la gloria de haber devuelto al mundo unas páginas que el mundo hubiera recibido con tanta alegría pero que el mundo con tanto sentido común rechazaba.



miércoles, 29 de enero de 2020

Anónimo / La cacerolilla



Anónimo
LA CACEROLILLA

Éste era un apuesto joven que se fue a un poblado vecino para visitar a una nueva pretendida con la que aspiraba a casarse en un tiempo breve. La joven pretendida al ver al muchacho que se presentó ante ella, también se quedó encantada y muy ilusionada. Durante el viaje del chico, la pareja iba a todas partes juntos y ayudaba a la familia en todo; pero una vez finalizada la jornada, como era costumbre en este primer tiempo de observación del pretendiente, se dormían en habitaciones separadas. Por lo que durante la última noche, ella burló el control de sus padre y entró en la habitación de su pretendiente para llevarle algo de mêndjahá (bambucha) dentro de una pequeña olla que era la más apreciada por su madre entre todas las que tenía, así también aprovecharía para charlar un poco con su amante, ya que éste iba a salir temprano de regreso a su poblado. Al quedarse a solas, el chico consumió el contenido de la olla y se acostó; pero a mitad de una noche fría, oscura y terrorífica con los cantos de muchos búhos y lechuzas afuera, le atacó una fuerte diarrea que no le dio más alternativas que defecar en la olla, la cual tapó bien y metió debajo de la cama. Al segundo canto de los gallos, se levantó el chico y tocó en la ventana de la habitación de su amante para despedirse y le dijo:"Nchama, ya me marcho; si me quisieras, en la cacerolilla, si no me quisieras, en la cacerolilla". La chica no entendió nada pero como estaba presa de la somnolencia, volvió a caer en un sueño profundo. Pasaban los días y la madre se enfurecía cada vez más en busca de la pequeña olla hasta que ella inspeccionó a fondo la habitación de huéspedes y la encontró con su contenido. En vez de alarma a todos, esperó la noche para sacarla y llevarla al río, donde la limpió y con la arena la dejó brillante como nueva. El joven a su vez, llegó en su poblado muy preocupado, seguro de haber perdido ya el amor de la joven. Pero pronto recibió un mensaje tranquilizador de boca de un transeúnte que le dijo: la joven Nchama me ha dicho que le diga a usted:"te quiero fuera y dentro de la cacerolilla, deseo verte pronto".







lunes, 20 de enero de 2020

Mark Twain / Eva


Ojos traicioneros
Bogotá, 2020
Foto de Triunfo Arciniegas

Mark Twain
EVA

              Donde quiera que estaba ella era el paraíso.






miércoles, 1 de enero de 2020

Lucia Berlin / Día de lluvia



Lucia Berlin
DÍA DE LLUVIA

Joder, cómo se pone de borrachos y drogotas el centro de desintoxicación cuando llueve. Estoy harto de estar en la calle, ¿sabes? La parienta y yo fuimos a las gradas... Se está bien allí, muy tranquilo y con un montón de espacio. Entonces empezó a llover y ella se echó a llorar. Yo le pregunté, ¿qué pasa, cielo? ¿Qué pasa? ¿Y sabes lo que me dijo al final? "Todas las colillas del suelo se están mojando." Me crucé y le solté un guantazo. Se puso como loca, la pasma se la llevó al calabozo y a mí me trajeron aquí. Puedo aguantar en el dique seco. El problema es que cuando se me pasa la mona me pongo a pensar. Nada más bebo para tapar esa voz.  Mierda, ¿y si fuera batería en una banda? La última vez que estuve aquí había una de esas revistas científicas, creo que era Psychology Today, y hablaba de los borrachos desahuciados. Demostraba que los alcohólicos pensaban más. Decía que sacaban mejor puntuación en las pruebas que la gente normal y eran mejores en retentiva. Había una sola cosa en la que sacaban mala puntuación, se les daba de pena, pero no me acuerdo qué era.

Lucía Berlín
Una noche en el paraíso