lunes, 20 de mayo de 2019

Anónimo / Leyenda Sioux




Anónimo
Leyenda Sioux

El anciano de una tribu contaba a sus nietos que en el interior de todos los hombres tiene lugar una gran pelea entre dos lobos. Uno de ellos es maldad, temor, envidia, ira, rencor, avaricia, culpa, orgullo… El otro es bondad, alegría, amor, humildad, compasión, gratitud…

Los niños escuchaban atentos y, tras un silencio, uno de ellos preguntó:

―Abuelo, ¿cuál de los lobos crees que ganará la pelea?

―Aquel que más alimentes ―respondió el abuelo.


jueves, 18 de abril de 2019

Augusto Monterroso / Historia fantástica



Augusto Monterroso

Historia fantástica
Contar la historia del día en que el fin del mundo se suspendió por mal tiempo.


sábado, 6 de abril de 2019

Emma Reyes / Vaca


Emma Reyes
VACA

Un día yo le conté a sor Reverencia que yo cuando estaba muy chiquita había conocido una vaca en Guateque, en el mundo. Ella me dijo que ella solamente había visto una vaca en el pesebre del niño Jesús, el hijo de María.

Emma Reyes
Memoria por correspondencia
Bogotá, Laguna Libros, 2012, p. 222




domingo, 31 de marzo de 2019

Emma Reyes / La santa


Emma Reyes
LA SANTA


Un día nos contó que estaban leyendo la historia de una santa muy joven y muy linda que le habían sacado los dos ojos con unas cucharas y le habían cortado los dos senos y que todo junto lo habían puesto sobre un grande plato de plata y se lo habían ofrecido a un grande señor muy rico y poderoso, pero que por la noche los ángeles habían bajado del cielo y se habían llevado la santa al paraíso. El hombre rico, que era muy malo, se había vuelto ciego por castigo de Dios.
Emma Reyes
Memoria por correspondencia
Bogotá, Laguna Libros, 2012, pp. 179-180







martes, 26 de marzo de 2019

Emma Reyes / La Nueva



Emma Reyes
LA NUEVA

Y mañana la misa será de Réquiem. Les pido que la ofrezcan por el alma de una de sus compañeras que ha muerto ayer. La mayor parte de ustedes solo la conocieron de vista, ni siquiera su nombre lo aprendieron, la llamaban la Nueva. Pero un grupo muy pequeño sí sabe bien quién era María. La pálida y transparente María, flaca, raquítica; su familia, cuando nos la trajeron, no nos dijeron que la niña era enferma, la pobre estaba loca. Se había metido en la cabeza la idea de que un muñeco que cargaba siempre era su hermanito. Hace dos días su familia la llevó a un paseo al río Bogotá. Ella quiso bañar su muñeco y se le deslizó de las manos y se fue al fondo. Cuando la familia se dio cuenta, ella ya se había echado de cabeza toda vestida a salvar su muñeco. Desgraciadamente no la alcanzaron a salvar. Solo ayer lograron encontrarla. En su mano tenía fuerte, fuerte apretado su muñeco...

Emma Reyes
Memoria por correspondencia
Bogotá, Laguna Libros, 2012, pp. 160-161



lunes, 25 de marzo de 2019

Emma Reyes / Encerradas



Emma Reyes
ENCERRADAS


Sentimos de nuevo el ruido de las llaves y de las cadenas; cuando la puerta se abrió entró un rayo de sol en el salón, en el piso se veía la sombra de las dos monjas que se alejaban. La puerta se cerró detrás de ellas y a nosotras nos separó del mundo por casi quince años.



Emma Reyes
Memoria por correspondencia
Bogotá, Laguna Libros, 2012, p. 104


domingo, 24 de marzo de 2019

Emma Reyes / El monstruo negro






Emma Reyes
EL MONSTRUO NEGRO


A la agencia solo me llevaban cuando había fiestas en la plaza. Un día la señorita María le dijo a Betzabé que a la tarde me vistiera y que fuéramos a la agencia, que iba a haber cohetes y vacas locas. Naturalmente al Niño lo dejamos solo, encerrado en la casa. Cuando llegamos, la plaza, el atrio de la iglesia y los andenes estaban llenos de gente, a mí me alzaron y me pusieron sobre el mostrador de la agencia, los cohetes ya habían empezado y de todos lados se oían cantos y gentes que tocaban tiple. De pronto sentimos un ruido terrible, un ruido que no se parecía a nada, la gente empezó a correr en todas direcciones, la mayor parte se refugió en la iglesia, otros entraban a las casas, los chicos se subían a los árboles, la agencia, que quedaba de la parte alta del andén, se llenó de gente, el ruido se aproximaba cada vez más. De pronto vimos aparecer por detrás de la iglesia un monstruo negro terrible que avanzaba hacia el centro de la plaza. Los ojos enormes y abiertos eran de un color amarillento y tenían tanta luz que iluminaban la mitad de la plaza. La gente se tiró al suelo de rodillas y empezaron a rezar y a echarse bendiciones; una mujer que tenía dos niños chiquitos los tiró al suelo y se acostó sobre ellos cubriéndolos como hacen las gallinas con los huevos. Unos hombres avanzaron hacia la plaza con unos grandes palos en la mano. El animal se detuvo en la mitad de la plaza y cerró los ojos. Era el primer automóvil que llegaba a Guateque.
Emma Reyes
Memoria por correspondencia
Bogotá, Laguna Libros, 2012, pp. 58-59

sábado, 23 de marzo de 2019

Jaime Fernández / La lima de Adriana



Jaime Fernández
Biografía
LA LIMA DE ADRIANA

Adriana sintió de repente un leve apretón. A su lado, en el apretujado bus urbano, iba un hombre bien vestido y perfumado. Al principio no sospecho nada, pero luego reaccionó al percatarse de que el dinero que llevaba en la cartera había desaparecido. Se aterrorizó.

Decidió de manera inmediata tomar una medida drástica, pues ese dinero lo tenía destinado para pagar dos meses atrasados de arriendo. El asunto era de vida o muerte.

No lo dudó un segundo. Sacó del bolso su única arma: una lima metálica para las uñas. La apretó con toda su fuerza contra un costado del hombre y le dijo (con furia pero en un susurro):

—Entrégueme el dinero ya mismo, ¡desgraciado!

El hombre, estremecido por la sorpresa, sacó el fajo de billetes de su bolsillo y se lo entregó.

De inmediato Adriana alcanzó la puerta y salió. Miró hacia todos lados y corrió, corrió con locura.

Llegó al banco y se dispuso a hacer la consignación. Contó el dinero y se dio cuenta de que había mucho más de lo que ella traía. Pensó: el tipo ya había robado antes a más gente.

Regresó a su casa, y cuando entró a su cuarto sobrevino la sorpresa: el dinero del arriendo reposaba ahí, olvidado sobre la mesita de noche.





viernes, 15 de febrero de 2019

Jorge Fernández Díaz / Mi padre




Jorge Fernández Díaz
MI PADRE

Cuando mi padre descubrió que yo, a los quince años, quería ser escritor, me dio por perdido. Creyó que la literatura era una forma de la vagancia, que yo quería ser vago. Estuvimos ocho o nueve años sin hablarnos. Yo sentía esa sombra maldita de ser dado por perdido. Cuando tenía 25 años me dejaron escribir una novela negra por entregas sobre la mafia del fútbol, que iba junto a las crónicas de sucesos. Empecé a escribir. Y un día suena el teléfono de mi escritorio. Y era mi padre. «¿Pasó algo?», le pregunté. Y me dijo «no, no… es que aquí los parroquianos quieren saber cómo sigue la novela mañana. Quieren saber si el protagonista va a recuperar el bolso». Y yo, tratando de disimular las lágrimas, le dije que sí. «¿Estás seguro?». «Sí». Y colgó. Y me fui al baño a llorar, porque la redacción era un lugar de machos.




sábado, 2 de febrero de 2019

Jorge Fernández Díaz / El problema de mamá






Jorge Fernández Díaz
EL PROBLEMA DE MAMÁ

Cuando perdimos el departamento y debimos mudarnos a uno mucho más chico, fue demasiado para mí.

Ella decía que mi padre y Elena ya no estaban con nosotros, y que era al divino botón mantener un departamento tan grande como el de la calle Catamarca. Que a ella le costaba mucho cuidarlo, limpiarlo y arreglarlo.

Pero yo sabía que eran todas mentiras. Que había perdido el departamento en una partida de pase inglés jugando en el subsuelo del Club Náutico Avellaneda.

Me fui a vivir, entonces, con Mario, un amigo. Me costó sangre, porque he querido muchísimo a mi madre. Aún la quiero.

La última vez que la vi la noté mal. No nos vemos muy a menudo. Está muy encorvada, los ojos salidos de las órbitas y su piel luce un color grisáceo arratonado.

Sigue, de todos modos, siendo una persona encantadora, de risa fácil y trato jovial. La vi tan desmejorada que me tomé el atrevimiento de llamar al doctor Pruneda para preguntarle por su salud.

El doctor Pruneda me tranquilizó. Me dijo que mamá está muy bien. Demasiado bien para sus vicios. Pero me dijo que el problema de ella no es el alcohol ni el tabaco ni el juego. Y me dio el nombre de una enfermedad.

Ninfomanía, me dijo. Y reconozco que no quise averiguar nada más. Incluso ni siquiera le pregunté a Carlos, que está estudiando medicina y hubiera podido explicarme.

Pero él se pone como loco cuando le toco el tema de mi familia. No sé, por lo tanto, qué significa esa palabra que me dijo el médico ni quiero saberlo.




miércoles, 2 de enero de 2019

Pía Barros / Ropa usada


PÍA BARROS
ROPA USADA I

Un hombre entra a la tienda. La chaqueta de cuero, gastada, sucia, atrapa su mirada de inmediato. La dependienta musita un precio ridículo, como si quisiera regalársela. Sólo porque tiene un orificio justo en el corazón. Sólo porque tras el cuero, el chiporro blanco tiene una mancha rojiza que ningún detergente ha podido sacar. El hombre sale feliz a la calle. A pocos pasos, unos enmascarados disparan desde un callejón. Una bala hace un giro en ciento ochenta grados de su destino original. Se diría que la bala tiene memoria. Se desvía y avanza, gozosa, hasta la chaqueta. Ingresa, conocedora, en el orificio. El hombre congela la sonrisa ante el impacto. La dependienta, corre a desvestirlo y a colgar nuevamente la chaqueta en el perchero. Lima sus uñas distraída, aguardando.