viernes, 28 de diciembre de 2012

Ramón Gómez de la Serna / La cleptómana



Ramón Gómez de la Serna
LA CLEPTÓMANA

Era poderosa y aristocrática, pero tenía la obsesión de las cucharillas.
Es esa una cleptomanía corriente, sobre todo en los palacios reales, y por eso hubo reyes que cambiaron las de oro por otras de similor, para evitar que se llevasen costoso "recuerdo de S. M".
Poseía cucharillas de los mejores hoteles del mundo, de las casas más nobles —con el escudo en el agarradero–, y hasta algunas arrancadas a las colecciones napoleónicas.
Un día, sin poder resistir mi curiosidad, le pregunté qué se proponía almacenando tantas cucharillas. Entonces la cleptómana me dijo en voz baja: 
—Vengarme del mundo... Dejarlo sin una cucharilla...Que muevan el café con tenedor.



martes, 25 de diciembre de 2012

Ramón Gómez de la Serna / La caracola

Caracol
Cartagena de Indias, 2011
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Ramón Gómez de la Serna
LA CARACOLA

Al ponernos al oído aquella caracola escuchábamos ruido de mar y gritos de náufragos.


sábado, 22 de diciembre de 2012

Luis Gonzali / Capitalismo



Luis Gonzali
CAPITALISMO

Empezó con diez ovejas. Las cuidaba, las contaba, y cuando no las ocupaba las guardaba en su establo. Después de un tiempo necesitó más, y para poder comprarlas empezó a vender la lana de las que ya tenía. Después de varios meses de mucho trabajo llegó a tener cincuenta. Por supuesto, tuvo que construir un establo más grande, invertir en infraestructura para trasquilarlas y en un par de pastores para cuidarlas.
   Sus vecinos empezaron a verlo con celo y envidia y él empezó a dudar de ellos. Es por eso que también invirtió en vigilancia: rejas electrificadas, cámaras de circuito cerrado, guardias de seguridad.
   Cuando llegó a tener doscientas, desconfiaba incluso de sus empleados. Es por eso que empezó a hacer guardias nocturnas. Escopeta en mano y con la convicción de que nunca perdería a ninguna, vigilaba escondido entre los arbustos: nunca nadie le iba a robar a las ovejas que contaba para dormir, aunque las tuviese que vigilar personalmente, aunque le costara el sueño de todas las noches.





miércoles, 19 de diciembre de 2012

Barry Gifford / Eclipse


Barry Gifford
ECLIPSE


Todo mundo sabe que los eclipses son producidos por un puma que devora al sol. Mi abuela boliviana decía que cuando hay eclipse es que el sol está enfermo. Mi gente, los quechuas, encienden fogatas para calentar la tierra, y los niños se ponen a gritar y pegan a las bestias con palos para que ahuyenten al puma con sus chillidos. 


Barry Gifford
El asunto de Sinaloa
Barcelona, Ediciones Destino, 1999, p. 21






domingo, 16 de diciembre de 2012

César Acosta / La búsqueda



César Acosta
LA BÚSQUEDA


Adolfo Ganett, famoso médico inglés del siglo pasado, tuvo una revelación maravillosa en su clínica de Londres: un enfermo le comunicó que había averiguado, en un sueño azul, que la muerte era solamente una infinita galería de retratos.
—Quien encuentre el suyo entre los millones de rostros desaparecidos— agregó el confidente —podrá reencarnar.
Ganett murió en 1895, en Escocia. En su lecho final, el rostro le sonreía con dulce misterio de quien espera emprender una gratísima búsqueda.



jueves, 13 de diciembre de 2012

Borges / Adivino



Jorge Luis Borges
ADIVINO

En Sumatra, alguien quiere doctorarse de adivino. El brujo examinador le pregunta si será reprobado o si pasará. El candidato responde que será reprobado...




lunes, 10 de diciembre de 2012

Borges / La trama



Jorge Luis Borges

LA TRAMA


Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de una estatua por los impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Junio Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito.
   Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.






viernes, 7 de diciembre de 2012

Borges / El degollador



Jorge Luis Borges
EL DEGOLLADOR

Nadie se acuerda de la quema de las iglesias, ni del asesinato de Juan Duarte, ejecutado por orden de Perón. Yo no puedo hablar con imparcialidad; mi madre, mi hermana y mi sobrino estuvieron en la cárcel. A mí me echaron de un puesto mínimo que ocupaba en una biblioteca de las afueras. Un detective me seguía a todos lados. Al final nos hicimos amigos y él me dijo: “Discúlpeme, Borges, pero yo tengo que ganarme la vida”. Entonces, para consolarlo, le conté que mi padre había conocido a un viejo soldado, degollador de oficio —un buen hombre que cumplía con su deber—, y procedía siempre de la misma manera. Los prisioneros estaban sentados en el suelo con las manos atadas a la espalda. El degollador se les acercaba, les daba una palmadita en el hombre y les decía: “Ánimo, amigo, más sufren las mujeres cuando paren”. Luego los degollaba rápidamente, de un solo tajo. Parece que era casi indoloro…  


Esteban Peicovich
El mundo según Borges, el palabrista
Bogotá, Icono, 2011.
Páginas 124 y 125


martes, 4 de diciembre de 2012

Borges / Mala suerte


Jorge Luis Borges
MALA SUERTE

Chang Tzu nos habla de un hombre tenaz que, al cabo de tres ímprobos años, dominó el arte de matar dragones y que en el resto de sus días no dio con una sola oportunidad de ejercerlo.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Jorge Luis Borges / Episodio del enemigo

Archivo:El zapatero de viejo (Domingo Marqués).jpg
El zapatero viejo, 1870 - 1875
Francisco Domingo Marqués
Museo del Prado, Madrid
Jorge Luis Borges
EPISODIO DEL ENEMIGO

Tantos años huyendo y esperando y ahora el enemigo estaba en mi casa. Desde la ventana lo vi subir penosamente por el áspero camino del cerro. Se ayudaba con el bastón que en sus viejas manos no podía ser un arma sino un báculo. Me costó percibir lo que esperaba: el débil golpe contra la puerta. Miré, no sin nostalgia, mis manuscritos, el borrador a medio concluir y el tratado de Artemidoro sobre los sueños, libro un tanto anómalo ahí, ya que no sé griego. Otro día perdido, pensé. Tuve que forcejear con la llave. Temí que el hombre se desplomara, pero dio unos pasos inciertos, soltó el bastón, que no volví a ver, y cayó en mi cama, rendido. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero sólo entonces noté que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.
Me incliné sobre él para que me oyera.
-Uno cree que los años pasan para uno -le dije-, pero pasan también para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.
Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.
Entonces me dijo con voz firme:
-Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Lo tengo ahora a mi merced y no soy misericordioso.
Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y sólo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:
-En verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es ese niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.
-Precisamente porque ya no soy aquel niño -me replicó- tengo que matarlo. No se trata de una venganza, sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.
-Puedo hacer una cosa -le contesté.
-¿Cuál? -me preguntó.
-Despertarme.
Y así lo hice.


jueves, 29 de noviembre de 2012

Jacques Sternberg / La criatura





Jacques Sternberg 
LA CRIATURA

Como era un planeta de arena muy fina, dorados acantilados, agua esmeralda y recursos nulos, los hombres decidieron transformarlo en centro turístico, sin pretender explotar su suelo, estéril por otra parte.
Los primeros desembarcaron en otoño.
Edificaron algunos balnearios, y cuando llegó el verano pudieron recibir varios centenares de veraneantes. Arribaron, seiscientos cincuenta. Pasaron semanas encantadoras dorándose a los dos soles del planeta, extasiándose con su paisaje, su clima y la seguridad de que ese mundo carecía de insectos molestos o peces carnívoros.
Pero hacia el 26 de julio, de un solo golpe y al mismo tiempo, el planeta se tragó a todos los veraneantes.
El planeta no poseía más forma de vida que la suya. era la única criatura viva en ese espacio. Y le gustaban los seres vivos, en particular los hombres.
Sobre todo cuando estaban bronceados, pulidos por el viento y el verano, calientitos y cocidos.



martes, 27 de noviembre de 2012

Erskine Caldwell / El hijo de perra


Erskine Caldwell 
EL HIJO DE PERRA

Trabajé durante toda la semana en la construcción de una presa en el río y la noche del sábado fui a la ciudad con uno de los obreros. Con el dinero que había ganado durante la semana, jugamos a los dados en un garito y bebimos whiskey.
El domingo por la noche compramos varias botellas de whiskey y contratamos a dos mujeres para que pasaran la noche con nosotros. Cuando me levanté a las cinco de la mañana del día siguiente para ir a trabajar, desperté a mi compañero y le dije que se vistiera. Se levantó, se miró durante un rato en el espejo y se bebió otro trago de la botella. Le dije que se diera prisa. Y me contestó que Dios le había estado pellizcando en los talones desde que tenía diez años, y luego cogió su pistola y gritó:
—¡Mira hacia otra parte! ¡Voy a matar a un hijo de perra!
La bala le penetró en su cabeza, en pocos segundos rodó por la cama y cayó al suelo, donde, en medio de un gran charco de sangre, quedó como un guiñapo. La mujer que había dormido en ,su cama, se incorporó y dijo.
—Otro pobre loco víctima de la melancolía de las mañanas del lunes. 


domingo, 25 de noviembre de 2012

Bernard Richardson / Sobre las olas



Bernard Richardson
SOBRE LAS OLAS

El día anterior la mujer me encargó la compostura del reloj: pagaría el triple si yo lo entregaba en veinticuatro horas. Era un mecanismo muy extraño, tal vez del siglo XVIII, en cuya parte superior navegaba un velero de plata al ritmo de los segundos.
Toqué en la dirección indicada y la misma anciana salió a abrirme. Me hizo pasar a la sala. Pagó lo estipulado. Le dio cuerda al reloj y ante mis ojos su cuerpo retrocedió en el tiempo y en el espacio, recuperó su belleza —la hermosura de la hechicera condenada siglos atrás por la Inquisición— y subió al barco que, desprendido del reloj, zarpó en la noche, se alejó para siempre de este mundo.




jueves, 22 de noviembre de 2012

Alvaro Yunque / El zorro y el cuervo


Alvaro Yunque
EL ZORRO Y EL CUERVO
       
El cuervo, subido a un árbol, estaba no con un queso, según dice la fábula clásica, sí con un sangriento pedazo de carne en el corvo pico. Llegó el zorro. El olor lo hizo levantar la cabeza, vio al cuervo banqueteándose, y rompió a hablar.
—¡Oh hermoso cuervo! ¡Qué plumaje el tuyo! ¡Qué lustre! ¿No cantas, cuervo? ¡Si tu voz es tan bella como tu reluciente plumaje, serás el más magnífico de los pájaros! ¡Canta, hermoso cuervo!
El cuervo se apresuró a tragar la carne, y dijo al zorro:
 —He leído a La Fontaine.




martes, 20 de noviembre de 2012

Lawrence Durrell / Piedras de ángeles


Lawrence Durrell
PIEDRAS DE ÁNGELES

Alí dice que las estrellas fugaces son piedras que tiran los ángeles en el cielo para alejar los malos djinns cuando quieren escuchar a escondidas las conversaciones del Paraíso y enterarse de los secretos del futuro.






jueves, 15 de noviembre de 2012

Niu Chiao / Historia de zorros



Niu Chiao
HISTORIA DE ZORROS

Wang vio dos zorros parados en las patas traseras y apoyados contra un árbol. Uno de ellos tenía una hoja de papel en la mano y se reían como compartiendo una broma.
          Trató de espantarlos, pero se mantuvieron firmes y él disparó contra el del papel; lo hirió en el ojo y se llevó el papel. En la posada, refirió su aventura a los otros huéspedes. Mientras estaba hablando, entró un señor que tenía un ojo lastimado. Escuchó con interés el cuento de Wang y pidió que le mostraran el papel. Wang ya iba a mostrárselo, cuando el posadero notó que el recién venido tenía cola.
           -¡Es un zorro! -exclamó, y en el acto el señor se convirtió en un zorro y huyó.
         Los zorros intentaron repetidas veces recuperar el papel, que estaba cubierto de caracteres ininteligibles; pero fracasaron. Wang resolvió volver a su casa. En el camino se encontró con toda su familia, que se dirigía a la capital. Declararon que él les había ordenado ese viaje, y su madre le mostró la carta en que le pedía que vendiera todas las propiedades y se juntara con él en la capital. Wang examinó la carta y vio que era una hoja en blanco. Aunque ya no tenían techo que los cobijara, Wang ordenó:
           -Regresemos.
        Un día apareció un hermano menor que todos habían tenido por muerto. Preguntó por las desgracias de la familia y Wang le refirió toda la historia.
-Ah -dijo el hermano, cuando Wang llegó a su aventura con los zorros- ahí está la raíz de todo el mal.
            Wang mostró el documento. Arrancándoselo, su hermano lo guardó con apuro.
-Al fin he recobrado lo que buscaba -exclamó y, convirtiéndose en zorro, se fue.





sábado, 10 de noviembre de 2012

José Vasconcelos / Ya le tocaba



José Vasconcelos
YA LE TOCABA

De ese Urbina (el compadre y lugarteniente de Pancho Villa) se contaba que invitó a comer a un compadre que acababa de vender unas mulas. Y a los postres, Urbina, ya borracho, seguía brindando mientras enlazaba con el brazo derecho la espalda de su compadre. Hacía calor y el compadre se llevó la mano a la bolsa de atrás del pantalón, para sacar la” mascada’, pañolón colorado de los rancheros.
Urbina, en su delirio de sangre y alcohol, imaginó que el compadre sacaba la pistola, y adelantándose, sin dejar de abrazarlo, con la izquierda le perforó de un tiro el corazón. Cayó el compadre muerto, y cuando lo extendieron sobre el pavimiento, en su mano crispada sólo apareció el pañuelo . . . Viendo lo cual, Urbina se echó a llorar y decía:
—¡Pobrecito de mi compadre! Es que ya le tocaba…



martes, 6 de noviembre de 2012

James George Frazer / Poema malayo



James George Frazer
POEMA MALAYO

Un poema malayo relata cómo una vez había en la ciudad de Indrapoore un comerciante rico y próspero, pero que no tenía hijos.
Un día que paseaba con su mujer encontraron a una niñita de tierna edad y bella como un ángel. La adoptaron y la llamaron Bidasari.
El mercader mandó hacer un pez dorado y dentro de este pez transfirió el alma de su hija adoptiva. Después puso el pez dorado en una caja de oro llena de agua, y la ocultó dentro de un estanque, en medio de su jardín.
Con el tiempo la niña llegó a ser una preciosa mujer. En este tiempo, el rey de Indrapoore tenía una reina joven y hermosa que vivía con el temor de que el rey pudiera tomar una segunda mujer. Así, sabiendo los encantos de Bidasari, resolvió la reina quedar tranquila respecto a ella. La llevaron, engatusándola, al palacio y la torturaron cruelmente; pero Bidasari no podía morir a causa de no tener consigo su alma. Por fin, para que no la atormentaran más, dijo a la reina:
”Si deseáis que muera, mandad traed la caja que está en el estanque del jardín de mi padre.’
De modo que trajeron la caja, la abrieron y allí estaba el pez dorado en el agua. La muchacha dijo:” Mi alma está en este pez; por la mañana sacad este pez del agua y al atardecer ponedlo otra vez en ella. No dejéis por cualquier lado al pez, sino atadlo a vuestro cuello. Si lo hacéis así, yo pronto moriré.’
De esta manera la reina agarró al pez de la caja y se lo ató al cuello; aún no había terminado de hacerlo cuando Bidasari cayó desmayada.
Pero al anochecer, cuando el pez fue devuelto al agua, Bidasari volvió otra vez a la vida. Viendo la reina que así. tenía en su poder a la joven, la devolvió a la casa de sus padres adoptivos, que para salvarla de más persecusiones resolvieron sacar de la ciudad a su hija. Por esto, constru­yeron una casa en un sitio desolado y solitario y llevaron allí a Bidasari.
Vivía sola sufriendo las vicisitudes correspondientes a las que soportaba el pez dorado donde ella tenía su alma. Todo el día, mientras el pez estaba fuera del agua, ella permanecía inconsciente; pero al anochecer, cuando ponían el pez en el agua, ella revivía. Un día el rey fue de caza y al llegar donde Bidasari permanecía inconsciente; quedó prendado de su belleza. Trató de volverla en sí, pero fue en vano. Al día siguiente, hacia el anochecer, repitió su visita, pero todavía ella estaba inconsciente; sin embargo, cuando la oscuridad cayó, ella volvió en sí y contó al rey el secreto de su vida. El rey regresó a su palacio, cogió el pez que tenía la reina y lo puso en el agua.
Inmediatamente Bidasari revivió y el rey la tomó por esposa.



viernes, 2 de noviembre de 2012

Marco Denevi / El amor es crédulo



Marco Denevi
EL AMOR ES CRÉDULO

De regreso en Itaca, Odiseo cuenta sus aventuras desde que salió de Troya incendiada. Sólo obtiene sonrisas irónicas. La misma Penélope, su mujer, le dice en un tono indulgente: “Está bien, está bien. Ahora haz descansar tu imaginación y trata de dormir un poco”. Odiseo, enfurruñado, se levanta y se va a caminar por los jardines. Milena lo sigue, lo alcanza, le toma una mano: “Cuéntame, señor. Cuéntame lo que te pasó con las sirenas”. Sin detenerse, él la aparta con un ademán brutal: “Déjame en paz”. Como ignora que ella lo ama, ignora que ella le cree.



lunes, 29 de octubre de 2012

James George Frazer / El sol


James George Frazer
EL SOL

Los ojebways imaginaron que el eclipse significaba que el sol estaba extinguiéndose, y en consecuencia, disparaban al aire flechas incendiarias, esperando que podrían reavivar su luz agonizante.



domingo, 21 de octubre de 2012

Augusto Monterroso / El eclipse



Augusto Monterroso 

EL ECLIPSE

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora. 
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo. 
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas. 
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida. 
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura. 
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén. 
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles. 









martes, 16 de octubre de 2012

Augusto Monterroso / La vaca



Augusto Monterroso
LA VACA

Cuando iba el otro día en el tren me erguí de pronto feliz sobre mis dos patas y empecé a manotear de alegría y a invitar a todos a ver el paisaje y a contemplar el crepúsculo que estaba lo mas bien. Las mujeres y los niños y unos señores que detuvieron su conversación me miraban sorprendidos y se reían de mí pero cuando me senté otra vez silencioso no podían imaginar que yo acababa de ver alejarse lentamente a la orilla del camino una vaca muerta muertita sin quien la enterrara ni quien le editara sus obras completas ni quien le dijera un sentido y lloroso discurso por lo buena que había sido y por todos los chorritos de humeante leche con que contribuyó a que la vida en general y el tren en particular siguieran su marcha.










jueves, 11 de octubre de 2012

Joseph Campbell / La astucia de Morgon-Kara


Joseph Campbell
LA ASTUCIA DE MORGON-KARA

Los Buriat de Irkutsk (Siberia), por ejemplo, afirman que Morgon-Kara, su primer chamán, era tan competente que podía atraer las almas de los muertos. Por ese motivo, el Señor de los Muertos se quejó al Alto Dios del Cielo, y Dios decidió poner a prueba al chamán. Tomó posesión del alma de cierto hombre y la metió en una botella, cubriendo la boca con la yema de su pulgar. El hombre enfermó y sus parientes mandaron por Morgon-Kara. El chamán buscó por todas partes el alma que faltaba. Buscó por el bosque, por las aguas, por los desfiladeros de las montañas, la tierra de los muertos, y al fin subió,"montado en su tambor", al mundo de arriba, en donde fue forzado a buscar por un largo tiempo. Entonces observó que el Alto Dios del Cielo tenía una botella tapada con la yema de su pulgar y reflexionando sobre esa circunstancia, cayó en la cuenta de que dentro de la botella estaba el alma que él había venido a buscar. El astuto chamán se convirtió en avispa. Voló hacia dios y le dio un aguijonazo tan fuerte en la frente, que le hizo quitar el pulgar de la abertura y la cautiva huyó. Antes de que Dios pudiera evitarlo, ya iba el chamán Morgon-Kara sentado en su tambor y camino a la tierra con el alma recobrada.





domingo, 7 de octubre de 2012

Fredric Brown / La respuesta


Fredric Brown
LA RESPUESTA

Dwar Ev soldó solemnemente la última conexión. Con oro.
Los objetivos de una docena de cámaras de televisión lo estaban observando, y el sub-éter se encargó de llevar por todo el Universo una docena de imágenes diferentes del acontecimiento.
Se concentró, hizo un gesto con la cabeza a Dwar Reyn, y se colocó enseguida junto al botón que establecería el contacto. El conmutador pondría en relación, de un solo golpe, todas las supermáquinas de todos los planetas habitados del Universo (96 billones de planetas), en un supercircuito que los transformaría en gigantesco super-calculador, gigantesco monstruo cibernético que reuniría el saber de todas las galaxias. Dwar Reyn habló unos instantes a los trillones de seres que lo observaban y lo escuchaban. Y, tras un breve silencio, anunció:
—Y ahora con ustedes, Dwar Ev.
Dwar Ev giró el conmutador. Se oyó un potente ronroneo, el de las ondas que salían hacia 96 billones de planetas. Se prendieron y apagaron las luces en los dos kilómetros que componían el tablero de control.
Dwar Ev dio un paso hacia atrás, respirando profundamente. 
Es a usted que corresponde hacer la primera pregunta, Dwar Reyn.
—Gracias —dijo Dwar Reyn—, haré una pregunta que nunca pudo ser contestada por las máquinas cibernéticas sencillas.
Se volvió hacia la máquina:
¿Existe un Dios?
La voz poderosa contestó Crin titubeos, sin el menor temblor.
—Sí, ahora existe un Dios.





sábado, 6 de octubre de 2012

Fredric Brown / Visita inesperada

Fotografía de Andre Kertesz
Fredric Brown
VISITA INESPERADA
El último hombre sobre la Tierra está sentado a solas en una habitación. Llaman a la puerta.

Fotografía de Chema Madoz
Fredric Brown
AN UNEXPECTED VISIT
The last man on Earth sat in a room. There was a knock on the door.