lunes, 20 de abril de 2026

Luci Gutiérrez/ Ambiente distendido

 

Ilustración de Luci Gutiérrez 

Luci Gutiérrez 
AMBIENTE DISTENDIDO

Manuel va a los velorios para entablar conversación. Es un ambiente poco hostil y nadie hace demasiadas preguntas. El momento que más le gusta es cuando todos se van. Es entonces cuando se pone a hablar tranquilamente con los difuntos.


Luci Gutiérrez 
Manual de auto defensa
Planeta, Bogotá, 2021

viernes, 17 de abril de 2026

Luci Gutiérrez / Do It Yourself

 

Ilustración de Luci Gutiérrez Do it 

Luci Gutiérrez 
DO IT YOURSELF

Se sintió triste al descubrir que estaba vacía. Se rellenó de confeti y al estornudar parecía una fiesta.


Luci Gutiérrez 
Manual de auto defensa
Planeta, Bogotá, 2021

martes, 14 de abril de 2026

Luci Gutiérrez / Runrún

 

Ilustración de Luci Gutiérrez 


Luci Gutiérrez 
RUNRÚN

Ella sabe que los monstruos no se esconden debajo de la cama, tampoco dentro del armario, sino que habitan entre sus entrañas.


Luci Gutiérrez 
Manual de auto defensa
Planeta, Bogotá, 2021

viernes, 10 de abril de 2026

Luci Gutiérrez / Santa


Ilustración de Luci Gutiérrez

Luci Gutiérrez 
SANTA

Teresa era un buen amor porque no sabía decir que no. Sus amigos la querían para hacer de canguro de sus hijos o mudanzas los domingos. Se casó, cómo no, y como no podía ser de otra manera tuvo hijos consentidos. Fue una mujer ocupada, dedicada a mejorar cualquier vida que no fuera la suya. Cuando murió, familiares y amigos quisieron hacerla Santa, pero Santa Teresa ya había una. Se conformaron con enviar una corona de flores en su entierro y la banda decía: Te echaremos de menos, Marisa.


Luci Gutiérrez 
Manual de auto defensa
Planeta, Bogotá, 2021




sábado, 4 de abril de 2026

Juan Rulfo / Mi alma

 


Juan Rulfo
MI ALMA

Debe andar vagando por la tierra como tantas otras; buscando vivos que recen por ella. Tal vez me odie por el mal trato que le di;  pero eso ya no me preocupa. He descansado del vicio de sus remordimientos. Me amargaba hasta lo poco que comía, y me hacía insoportables las noches llenándome de pensamientos intranquilos con figuras de condenados y cosas de ésas. Cuando me senté, ella me rogó que me levantara y que siguiera arrastrando la vida, como si esperara todavía algún milagro que me limpiara de culpas. Ni siquiera hice el intento: “Aquí se acaba el camino—le dije—. Ya no me quedan fuerzas para más.” Y abrí la boca para que se fuera. Y se fue. Sentí cuando cayó en mis manos el hilito de sangre con que estaba amarrada a mi corazón.

Pedro Páramo (1955)