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domingo, 5 de marzo de 2017

Alvaro Menén Desleal / La apuesta



Álvaro Menén Desleal
La apuesta

—¿Por qué no va a ser posible tirarse por la ventana desde el décimo quinto piso de este hotel, y sobrevivir? ¡Vamos, claro que es posible!


Hacemos, pues, la apuesta, y mi amigo parece asustarse un tanto por el cariz que van tomando las cosas. Yo no espero a que se arrepienta y me lanzo por la ventana. Allá abajo, los pequeños automóviles, ocupados por hombres más pequeños, pasan sin advertir mi caída. En uno de los giros que da mi cuerpo incontrolable, veo la cara de mi amigo, pálida, desencajados los ojos.


Luego, doy de espaldas sobre las baldosas. Al ruido, tres señoras gritan y ven que me estrello; pero yo me levanto, sacudo mis ropas y con la mano saludo a mi amigo, que sigue allá, en la ventana de nuestro cuarto del décimo quinto piso.




martes, 24 de febrero de 2015

Alvaro Menén Desleal / La consulta




Alvaro Menén Desleal
LA CONSULTA

—Tengo razones fundadas, doctor —dijo el hombre de impoluto traje blanco, pacientemente recostado en el diván del psiquiatra—, para suponer que padezco de una personalidad dividida.

El psiquiatra anotó en su libretita que, tentativamente, desechaba la presencia de una esquizofrenia: en general, una persona afectada de tal dolencia evita la consulta con el médico.

La consulta duró casi dos horas. Hubo preguntas cortas y respuestas largas. Aparentemente más tranquilo, el hombre se despidió del psiquiatra, pagó a una secretaria el valor de la consulta, y ganó la puerta. 

En la calle, vestido de negro riguroso, le esperaba otro hombre.

—¿Lo confirmaste? —preguntó el hombre de negro.

—No sé —fue la respuesta del hombre de blanco.

Luego se fundieron en un solo individuo, enfundado en un traje gris.




Álvaro Menén Desleal
Una cuerda de nylon y oro y otros cuentos maravillosos 
El Salvador, 1969.







jueves, 10 de marzo de 2011

Álvaro Menén Desleal / Hora sin tiempo

Fotografía de Chema Madoz

Álvaro Menén Desleal
HORA SIN TIEMP0

Un pasajero a otro:
—Disculpe, caballero, mi reloj se ha parado. ¿Qué hora tiene usted?
—Oh, lo siento; el mío se paró también.
—Por casualidad… ¿a las 8.l7?
—Sí, a las 8.l7.
—Entonces ocurrió, realmente.
—Sí, a esa hora.