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miércoles, 12 de enero de 2022

José Emilio Pacheco / Los conspiradores



José Emilio Pacheco
LOS CONSPIRADORES

No queremos dejarla en paz. Antes de suicidarse, B llamó a sus amigos. No dijo lo que intentaba ni alcanzamos a imaginarlo. B no había hecho simulacros ni ensayos generales. Nadie acudió al llamado. El abandono es injustificable. Pero, como es de suponerse, tenemos paliativos, coartadas. El teléfono suena a medianoche. Hay sobresaltos. No somos los que fuimos. Ahora cada uno tiene deberes y necesidad de levantarse temprano.

El suicidio es una crítica radical a nuestro modo de vida y, en primer término, un asesinato simbólico. Todos sentimos que matamos a B, y ella, en venganza, acabó con nosotros. Nos sobrevaloramos al pensar que una palabra nuestra, un gesto solidario, los consuelos de la filosofía cristiana o estoica, la esperanza de la revolución mundial, la memoria de los buenos momentos en compañía, el despliegue de nuestras propias humillaciones y fracasos, un sarcasmo oportuno y escarnecedor… algo hubiera bastado para conjurar el suicidio.

Más que en nuestro íntimo sufrimiento, en estas maniobras se revela el horror de estar vivo. Nos sentimos tan culpables que nadie quiere cargar al culpa.

Entre habladurías y reproches directos, sostenemos una campaña cerrada para que alguno de nosotros expíe el remordimiento colectivo –y le haga a B en la muerte la compañía que no supimos hacerle en vida.



jueves, 24 de junio de 2021

jueves, 10 de junio de 2021

José Emilio Pacheco / El asesinato de Lincoln


José Emilio Pacheco
El asesinato de Lincoln

El 14 de Abril de 1865, en el teatro Ford de Washington, el presidente Lincoln asistía al estreno de una ficción política llamada The Murder of Abraham Lincoln. El escenario del teatro Ford representaba al teatro Ford con todo y plateas, palcos, foso de la orquesta, y, desde luego, escenario donde se desarrollaba una ficción política llamada The Murder of Abraham Lincoln.

A punto de terminar la obra, el actor John Wilkis Booth, que hacía el papel de John Wilkis Booth, abrió la puerta del palco a la derecha del proscenio y miró a los actores que impresionaban al presidente, a la señora Lincoln, al Mayor Rathbone y a su novia. John Wilkis Booth sacó una pistola marca Derringer y disparó una bala que él supo de salva. El actor que encarnaba a Lincoln se desplomó herido de muerte. John Wilkis Booth se preguntó quién le había hecho esa broma pesada. Trató de huir. Se interpuso el mayor Rathbone. John Wilkis Booth lo hirió con un puñal y salió del palco.

En el Teatro Ford se produjo una confusión total. El público ya estaba muy desconcertado por la obra tan extraña que habían puesto. Abraham Lincoln aprovechó la oportunidad para desaparecer. Quedó en la historia como el emancipador de los esclavos, el hombre que hizo la guerra para liberar a los negros, no por los intereses comerciales del norte industrial contra el sur agrícola.

Ya casi a fines del siglo XIX Lincoln se reía mucho contando esta historia, oculto y viejísimo en su plantación de Fairfax County, Virginia, muy cerca de Washington. Decía que sólo un gobernante asesinado puede preservar su gloria y que si es posible impugnar su genio político nadie nunca podría —si lo supiera— restarle méritos como dramaturgo y director escénico.

martes, 12 de agosto de 2014

José Emilio Pacheco / Cartas

José Emilio Pacheco
CARTAS

Hoy quemé tu carta. La única carta que me escribiste. Y yo te he estado escribiendo, sin que tu lo sepas, día a día. A veces con amor, a veces con desolación, otras con rencor. Tu carta la conozco de memoria: catorce líneas, ochenta y ocho palabras, diecinueve comas, once puntos seguidos, diecisiete acentos ortográficos y ni una sola verdad.