miércoles, 1 de diciembre de 2021

Ana María Shua / Del salón



Ana María Shua
DEL SALÓN

Del salón en el ángulo oscuro, por su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, releyendo las rimas de Becquer, una tía lejana.





lunes, 29 de noviembre de 2021

Ana maría Shua / Mirando enfermedades






Ana María Shua
MIRANDO ENFERMEDADES


En el Diccionario de Agronomía y Veterinaria había ilustraciones y muchas fotos. Una extraña tumoración nudosa deformaba la articulación de una rama.

-¿Esto qué es? -preguntaba yo, la niña.

-Es una enfermedad de los árboles -me decía papá.

-¿Esto qué es? -preguntaba yo, señalando, en la foto, el sexo de un toro.

-Es una enfermedad de las vacas -me decía papá.

Era lindo mirar enfermedades con mi papá. Como sabía que me estaba mintiendo, observaba con asombro y regocijo los desmesurados genitales que crecían deformes en los árboles machos.



viernes, 26 de noviembre de 2021

Ana María Shua / Sueño embarazoso

Fotografía de Howard Schartz

Ana María Shua
EL SUEÑO EMBARAZOSO


Hubo un mujer a quien un sueño embarazoso dejó preñada. La mujer no despertó, pero durante nueve meses todos vieron crecer su vientre dormido. El parto fue normal: el bebé es gordo, rosado y nítido. Sin embargo, cada vez que su madre despierta, se vuelve borroso, sus líneas se desdibujan, se lo distingue apenas de los pañales, de la batita, de la pañoleta que lo envuelve. Y pertenece otra vez, enteramente, al reino de su padre.



lunes, 22 de noviembre de 2021

Virgilio Piñera / El interrogatorio




Virgilio Piñera
El interrogatorio

–¿Cómo se llama?

–Porfirio.

¿Quiénes son sus padres?

–Antonio y Margarita.

–Dónde nació?

–En América.

–Qué edad tiene?

–Treinta y tres años.

–Soltero o casado?

–Soltero.

–Oficio?

–Albañil.

–Sabe que se le acusa de haber dado muerte a la hija de su patrona?

–Sí, lo sé.

–Tiene algo más que declarar?

–Que soy inocente.

El juez entonces mira vagamente al acusado y le dice:

–Usted no se llama Porfirio; usted no tiene padres que se llamen Antonio y Margarita; usted no nació en América; usted no tiene treinta y tres años; usted no es soltero; usted no es albañil; usted no ha dado muerte a la hija de su patrona; usted no es inocente.

–¿Qué soy entonces? –exclama el acusado.

Y el juez, que lo sigue mirando vagamente, le responde:

–Un hombre que cree llamarse Porfirio; que sus padres se llaman Antonio y Margarita; que ha nacido en América; que tiene treinta y tres años; que es soltero; que es albañil; que ha dado muerte a la hija de su patrona; que es inocente.

–Pero estoy acusado –objeta el albañil–. Hasta que no se prueben los hechos estaré amenazado de muerte.

–Eso no importa –contesta el juez, siempre con su vaguedad característica–. ¿No es esa misma acusación tan inexistente como todas sus respuestas al interrogatorio? ¿Como el interrogatorio mismo?

–¿Y la sentencia?

–Cuando ella se dicte, habrá desaparecido para usted la última oportunidad de comprenderlo todo –dice el juez; y su voz parece emitida como desde un megáfono.

–¿Estoy, pues, condenado a muerte? –gimotea el albañil–. Juro que soy inocente.

–No; acaba usted de ser absuelto. Pero veo con infinito horror que usted se llama Porfirio; que sus padres son Antonio y Margarita; que nació en América; que tiene treinta y tres años; que es soltero; que es albañil; que está acusado de haber dado muerte a la hija de su patrona; que es inocente; que ha sido absuelto, y que, finalmente, está usted perdido.



viernes, 19 de noviembre de 2021

Hubert Selby / La pelea




Hubert Selby
LA PELEA

    La calle estaba en silencio y una pandilla de negros en una esquina se dirigía hacia otra pandilla en la esquina opuesta, cada pandilla rompiendo al pasar las antenas de los coches aparcados; algunos llevaban piedras, botellas, tubos, palos. Se detuvieron a unos metros en mitad de la calle llamándose unos a otros negros bastardos y monos hijoputas. Apareció un coche, sonó su claxon al tratar de pasar, pero los chicos no se movieron y por fin el coche se alejó marcha atrás. Las escasas personas que estaban en la calle escaparon corriendo. Las pandillas seguían en mitad de la calle. Entonces alguien tiró una piedra, luego tiraron otra y treinta o cuarenta chicos se pusieron a gritar, tirándose botellas y piedras hasta que se les terminaron. Entonces corrieron unos hacia los otros blandiendo palos y agitando antenas de coche, maldiciendo, gritando, alguno aullando de dolor, se oyó un disparo y el cristal de una ventana que se rompe y la gente vociferando en las ventanas y uno de los chicos cayó y le pisotearon y se formaron grupos que se pegaban y apaleaban y daban patadas y gritaban y uno recibió un navajazo en la espalda y otro cayó y a uno le hicieron un corte en la mejilla con una antena y la carne desgarrada de la mejilla golpeaba contra los dientes ensangrentados y a alguien le abrieron la cabeza con un palo y rompieron otro cristal de una pedrada y unos cuantos intentaron llevarse aparte a otro mientras tres pares de pies le pegaban patadas en la cabeza y una nariz fue aplastada con unos nudillos de bronce y entonces se oyó una sirena por encima del tumulto y de pronto, durante una fracción de segundo, todos se quedaron quietos. Enseguida escaparon corriendo, dejando tres cuerpos en mitad de la calle. Llegó la policía y la gente bajó a la calle y los policías les mandaron echarse atrás e hicieron preguntas y por fin vino la ambulancia y a dos de los heridos tuvieron que ayudarles a subir a la ambulancia, al tercero lo tumbaron en una camilla antes de meterlo. Luego la ambulancia se fue, los policías se fueron, y todo volvió a quedar en silencio.


Hubert Selby / Coda / Fin del mundo
Hubert Selby
Última salida para Brooklyn

martes, 16 de noviembre de 2021

Hubert Selby / Encuentran cadáver

 



Hubert Selby
ENCUENTRAN CADÁVER

Los restos calcinados de un niño nacido hace unos diez días fueron encontrados hoy en el incinerador de uno de los edificios de pisos. George Hamilton, de 27 años, que vive en el 37-08 de Lapidary Avenue, portero de la finca, estaba quitando las cenizas del incinerador cuando encontró los restos calcinados. Notificó de inmediato el hecho a las autoridades. Los agentes de policía encargados del caso creen que el cuerpo debió de ser arrojado al incinerador durante la noche. Las autoridades responsables del edificio expresaron la opinión de que el recién nacido no pertenece a ninguno de los inquilinos de la casa. La policía investiga la zona y el edificio, pero las autoridades no han proporcionado ninguna información adicional. Este es el segundo cuerpo de un recién nacido encontrado este mes en el edificio.

Hubert Selby / Coda / Fin del mundo
Hubert Selby
Última salida para Brooklyn


lunes, 15 de noviembre de 2021

Hubert Shelby / Tralala II


Hubert Shelby
TRALALA II

Caminó dando bandazos hacia el metro y se dirigió a Brooklyn, maldiciendo, jurando, con el sudor trazando surcos en la porquería de su cara. Subió los tres escalones hasta la puerta y durante un momento se sintió decepcionada porque la puerta no estaba cerrada y no podía abrirla violentamente. Se detuvo un segundo a la entrada, lanzó una ojeada a su alrededor, y luego se dirigió al fondo donde estaban sentados Ruthy, Annie Waterman y un marinero. Se paró al lado del marinero, se inclinó encima de él y sonrió a Annie y Ruthy. Luego pidió una copa. El barman la miró y preguntó si tenía dinero. Tralala le contestó que se ocupara de sus asuntos. Este amigo mío me va a invitar. ¿Verdad que sí, guapo? El marinero se echó a reír y sacó un billete y le sirvieron la copa y ella se burló de aquel hijoputa de barman tan ignorante. Valiente asqueroso de mierda. Annie la llevó aparte y le dijo que si trataba del quitarle al cabrito le sacaría las tripas. Ruthy y yo nos iremos en cuanto aparezca el amigo de Jack y si me jodes el plan te vas a arrepentir, por mis muertos. Tralala se soltó el brazo y volvió a la barra y se apoyó en el marinero frotando las tetas contra su brazo. El marinero rió y le dijo que terminara su copa. Ruthy le dijo a Annie que la ignorase. Fred vendrá enseguida y nos iremos, y se pusieron a hablar con Jack y Tralala interrumpió su conversación y se burló de Annie esperando que montase en cólera cuando Jack se fuera con ella y Jack se reía de todo y daba puñetazos en la barra y pagaba las copas y Tralala sonreía y bebía y en el jukebox sonaban canciones de country y algún blues ocasional, y los neones rojos y azules parpadeaban alrededor del espejo de detrás de la barra y los soldados, marineros y putas de las mesas y la barra hablaban a gritos y reían y Tralala levantó su vaso y dijo de un trago, y luego dejó el vaso en la barra y se frotó las tetas contra el brazo de Jack y éste la miró preguntándose cuántos puntos negros tendría en la cara y si aquel grano grande de la mejilla le iba a reventar y dijo algo a Annie y luego soltó una risotada y le dio un cachete en el culo y Annie sonrió y cogió la cuenta de Tralala y la caja registradora hizo cling y el humo lo llenaba todo y Fred llegó y se unió al grupo y Tralala pidió otra copa a gritos y preguntó a Fred si le gustaban sus tetas y éste se las tocó con el dedo y dijo parecen de verdad, y Jack dio un puñetazo en la barra y rió y Annie insultó a Tralala y trató de que se fueran y ellos dijeron quedémonos un rato, lo estamos pasando bien, y Fred guiñó el ojo y alguien tropezó con una mesa y un vaso cayó al suelo y Tralala abrió la bragueta de Jack y sonrió y él la cerró cinco, seis, siete veces riendo y mirando el grano, y las luces parpadeaban y la caja registradora hacia cling cling y Tralala le dijo a Jack que tenía unas tetas muy grandes y él dio un puñetazo en la barra y rió y Fred guiñó un ojo y rió y Ruthy y Annie querían irse antes de que algo les jodiera el plan y se preguntaban cuánto dinero tendrían y les molestaba ver cómo lo gastaban invitando a Tralala y Tralala bebía las copas de un trago y pedía más a gritos y Fred y Jack reían y se guiñaban el ojo y daban puñetazos en la barra y cayó otro vaso al suelo y alguien se quejó porque se había quedado sin cerveza y dos manos luchaban por subir por debajo de una falda y Tralala les echaba humo a la cara y alguien se durmió y la cabeza se le dobló encima de la mesa y otro agarró la cerveza antes de que cayera y Tralala estaba encantada, lo había conseguido, era capaz de quitarle el maromo a Annie o a quien fuera y tomó otra copa de un trago y la bebida le resbaló por la barbilla y se colgó del cuello de Jack y frotó su pecho contra su mejilla y él levantó la mano y le manoseó las tetas y soltó una risotada y Tralala sonrió y oh, lo había conseguido y podía mearse encima de todos aquellos hijoputas y había quien hacía hasta un kilómetro para conseguir una sonrisa suya y otro apartó al borracho de la mesa y lo dejó junto a la puerta de atrás y Tralala se levantó el jersey y se cogió las tetas con las manos y reía, reía, reía, y Jack y Fred soltaban vivas y el barman le dijo a Tralala que se tapara aquellas jodidas cosas y se largara de allí y Ruthy y Annie se guiñaron un ojo y Tralala se volvió lentamente haciendo dar saltos a las tetas con la mano y exhibiéndolas con orgullo y sonreía y hacía dar saltos al par de tetas más grandes de todo el mundo con las manos y alguien gritó que si eran auténticas y Tralala se las frotó contra la cara y todos rieron y cayó otro vaso al suelo y los tipos se levantaron a mirar y sacaron las manos de debajo de la falda y echaron cerveza encima de las tetas de Tralala y alguien gritó que acababan de bautizarlas y la cerveza se le deslizó por el estómago y caía gota a gota de sus pezones y ella le pegó con las tetas en la cara y alguien gritó vas a ahogarlo con ellas… Vaya un modo de morir… Oye, ¿y el postre para cuándo?… Ya te he dicho que te taparas esas jodidas cosas, maldito hipopótamo, y Tralala le dijo que tenía las tetas más bonitas del mundo y cayó encima del jukebox y la aguja rayó el disco y alguien gritó todo tetas, sí, pero nada de coño, y Tralala le dijo que viniera a vérselo y un soldado borracho se levantó de una mesa y dijo vamos a verlo, y cayeron vasos al suelo y Jack tiró su taburete y cayó encima de Fred y se quedaron colgados de la barra riendo histéricamente y Ruthy esperaba que no la echaran a la calle porque el asunto prometía y Annie cerró los ojos y se rió aliviada de que no tuvieran que preocuparse de Tralala y de que ellos no hubieran gastado demasiado dinero y Tralala todavía hacía dar saltos a sus tetas en las palmas de la mano volviéndose a todos cuando dos o tres la arrastraron a la puerta por el brazo y ella gritó a Jack que viniera y que follaría con él como le apeteciera y no como aquella cacatúa con la que estaba y alguien gritó allá vamos, y arrastraron a Tralala escalones abajo y se hizo daño en los tobillos y gritó pero los tipos seguían tirando de ella por el brazo y Jack y Fred seguían agarrados a la barra muertos de risa y Ruth se quitó el mandil disponiéndose a marcharse antes de que pasara algo que les estropease el plan y los diez o quince borrachos arrastraron a Tralala hasta un coche abandonado en un descampado de la esquina de la calle Cincuenta y siete y le arrancaron la ropa y la empujaron dentro y unos cuantos se pelearon para ver quién iba ser el primero y por fin se formó una especie de cola y todos gritaban y reían y alguien gritó a los chicos que estaban al final de la cola que fueran por cerveza y fueron y volvieron con latas de cerveza que se pasaban unos a otros y los que estaban en El Griego vinieron a ver y otros chicos del vecindario también miraban y esperaban y Tralala gritaba y les pegaba con las tetas en la cara cuando se le acercaban y las cervezas circulaban y los chicos dejaban coche y volvían a la fila y tomaban unas cervezas y volvían a esperar su turno y vinieron más tipos del Willies y alguien llamó al cuartel y aparecieron más marineros y sorchis y trajeron más cerveza del Willies y Tralala bebía cerveza mientras se la follaban y alguien preguntó si llevaban la cuenta y la espalda de Tralala estaba sucia y sudorosa y los tobillos le dolían por culpa del sudor y la porquería en las heridas que se había hecho en los escalones y cerveza y sudor goteaban de la cara de los tipos en la suya pero seguía gritando que tenía el par de tetas más grande del mundo y alguien le contestó claro que sí, guapa, y el culo, y vinieron más, cuarenta, puede que cincuenta, y se la follaban y volvían a la cola y tomaban unas cervezas y gritaban y reían y alguien gritó que el coche apestaba a coño, así que sacaron a Tralala y el asiento del coche y la tumbaron en el suelo y se quedó allí desnuda encima del asiento y sus sombras ocultaban sus granos y arañazos y ella bebía y se tocaba las tetas con la otra mano y alguien le aplastó la lata de cerveza en la boca y todos se rieron y Tralala le insultó y escupió un trozo de diente y alguien volvió a aplastarle otra lata y se reían y gritaban y el siguiente hizo lo mismo y esta vez le partieron el labio y la sangre le caía por la barbilla y alguien se la secó con un pañuelo empapado en cerveza y le dieron otra lata y bebió y gritó lo de sus tetas y le rompieron otro diente y la herida de los labios se hizo mayor y todos reían y ella reía y bebió más y más y pronto se desmayó y le dieron unas bofetadas y ella murmuró algo y volvió la cabeza pero no conseguían que reviviera así que continuaron follándosela mientras yacía inconsciente en el asiento y pronto se cansaron y la cola se deshizo y volvieron al Willies y a El Griego y al cuartel y los que estaban mirando y esperando su turno descargaron su frustración sobre Tralala y le hicieron trizas la ropa y le quemaron con pitillos los pezones y se mearon encima de ella y le metieron un mango de escoba en el coño; luego, aburridos, la dejaron allí tendida entre botellas rotas, latas oxidadas y basura y Jack y Fred y Ruthy y Annie subieron a un taxi todavía riendo y se asomaron a la ventanilla al pasar junto al descampado y lanzaron una ojeada a Tralala, que yacía desnuda cubierta de sangre, meados y semen y una pequeña mancha se formaba en el asiento entre sus piernas según la sangre iba saliendo de su coño y Ruth y Annie estaban contentas y completamente relajadas ahora que iban camino del centro y su plan no se iba a echar a perder y tendrían un montón de dinero y Fred miraba por la ventanilla trasera y Jack se partía de risa…


Hubert Selby / Tralala

Hubert Selby
Última salida para Broklyn, 1964



domingo, 14 de noviembre de 2021

Hubert Selby / Tralala I

 



Hubert Selby
TRALALA I


Anduvo de un bar a otro estirándose el vestido y echándose agua a la cara de vez en cuando antes de dejar el cuarto de un hotel. Bebía sin parar y ni siquiera miraba sino que sólo decía sí, sí, qué coño, y tendía el vaso hacia el barman y a veces ni veía la cara del borracho que la invitaba y se frotaba contra su vientre o sollozaba apoyado en sus tetas; se limitaba a beber, luego a quitarse la ropa y a abrirse de piernas y luego a abandonarse al sueño o a la modorra de la borrachera. Pasó el tiempo…, meses, puede que años, quién sabe, y el vestido había desaparecido y sólo le quedaba una falda y un jersey destrozado y los bares de Broadway se habían convertido en los bares de la Octava Avenida, pero de esos bares, con sus putas, chulos, maricones y demás, pronto la echaron a patadas y el linóleo del suelo se volvió madera y luego la madera estaba cubierta de serrín y Tralala pasaba horas con una cerveza en un garito del puerto, insultando a todos los hijoputas que se la follaban y yéndose con cualquiera que la mirase o que tuviera un sitio donde tumbarse. La luna de miel se había terminado y ella seguía estirándose el jersey aunque ya no hubiera nadie que la mirase. Cuando amanecía, después de una noche pasada en un cuarto miserable con un miserable, entraba en el bar más cercano y se quedaba allí hasta la próxima oferta. Pero todas las noches enseñaba sus tetas y buscaba a alguien con pasta, despreciando a los malditos borrachos, pero los jodidos vagabundos sólo miraban sus cervezas y ella esperaba a alguien con pasta que tuviera cincuenta centavos de sobra para invitarla a una cerveza a cambio de un polvo y saltaba de tugurio en tugurio volviéndose más y más sucia y más y más miserable.

Hubert Selby
Última salida para Brooklyn, 1964




viernes, 12 de noviembre de 2021

Cristina Peri Rossi / Sapo de otro pozo




Cristina Peri Rossi
SAPO DE OTRO POZO


Inadvertidamente, caí en otro pozo. Mi primera reacción fue de asombro.

¿Qué hacía yo en medio de unas aguas que no eran las mías?

Este pozo no era tan frío como aquel donde yo había nacido y vivido, por lo cual la temperatura de mi cuerpo sufrió una penosa alteración.

Sentí escalofríos. Temblaba, mi piel se sacudía nerviosamente y se me hincharon aún más los ojos. Era una alergia: la alergia al pozo ajeno.

En ese momento, apareció otro sapo. Me pareció una buena oportunidad. Seguramente me haría compañía y me ayudaría a establecerme en ese pozo. Pero me miró severamente, sin acercarse, y me dijo:

-¿Qué haces en nuestro pozo, forastero?

Yo seguía temblando.

-Discúlpeme –le dije-. Iba saltando por los aires y de pronto, caí en este pozo.

-Este es nuestro pozo –me advirtió y no nos gustan los extraños.

-Pero yo soy de vuestra especie, soy un sapo, como ustedes –me defendí.

-Nada de semejanzas –me respondió, desconfiado-. A nosotros nos gustan las similitudes, lo homogéneo. Los sapos que habitan en este pozo, jovencito, tienen varias generaciones que los precedieron, se alimentaron en esta misma charca, cazaron insectos en este aire, se reprodujeron y murieron sin salir de aquí. Por tanto, la charca es nuestra y de nuestros antepasados y será de nuestros futuros. Vete de aquí inmediatamente antes de que te eche a patadas –amenazó.

-De eso precisamente quería hablarle –dije. Lamentablemente, al aterrizar en estas maravillosas aguas, me quebré una pata y ahora no puedo saltar.

-Ese no es mi problema –dijo.

-Creí que el problema de un sapo sería el de todos los sapos –respondí ingenuamente.

-¿Y qué te hizo pensar tal cosa? Cada sapo en su laguna.

-Le prometo que me iré en cuanto consiga que mi pata se desinflame –prometí.

-De ninguna manera. Entretanto, te alimentarías de nuestros insectos, respirarías nuestro aire y posiblemente intentarías reproducirte con alguna de nuestras sapas.

-Prometo no comer, no beber, no saltar y no fornicar –juré.

-Tendría que destinar recursos de nuestra charca para vigilarte y estamos en una época de crisis. Como bien sabes, las aguas están contaminadas y cada vez nos reproducimos menos. Los recortes, ya sabes. Quedas desahuciado. Debes irte inmediatamente.

-¡Pero si no puedo moverme ni saltar! –protesté.

-¿Y qué pretendes? ¿Que te ayude? ¿Que te permita vivir en esta charca que no te pertenece? Vete ahora mismo.

Intenté saltar pero fue en vano. Mi pata quebrada se estrelló contra una piedra y el agua comenzó a cubrirme. Me estaba asfixiando y hacía gestos desesperados con la pata buena y mis ojos se salían de sus órbitas, pero el otro sapo, mi congénere, no se molestaba en ayudarme. Todo lo contrario: cuando me vio en ese estado, me asestó un golpe en la testuz y me dijo:

-Así aprenderás a no cambiar de charca. Nuestra charca es la mejor y solo vivimos en ella los elegidos del Señor, El Gran Sapo que está en los cielos.

Una gran bocanada de agua sucia inundó mi boca y mi cuello. No podía mover la pata quebrada y me estaba muriendo.

-¿Me pondrás una lápida? –pregunté, boqueando.

-¡Qué pretensiones, jovencito! Las lápidas son solo para nuestros sapos. Nuestros sapos muertos. Y tú, eres de otro pozo.



jueves, 11 de noviembre de 2021

Cristina Peri Rossi / Preñez

 


Cristina Peri Rossi
PREÑEZ

Cuenta que una mujer le dijo a su hijo de cinco años que pronto iba a nacer su hermanito, que ella lo tenía en la panza; espontáneamente, el niño le preguntó: “cuándo te lo tragaste?” El niño, a su vez, le cuenta a un amigo: mi mamá tiene adentro a mi hermanito, y el otro le contesta: “¿por qué no abre la boca para que lo mires?”






miércoles, 10 de noviembre de 2021

Cristina Peri Rossi / Crianzas

 



Cristina Peri Rossi
CRIANZAS

Siempre imagino que mi madre tiene nada más que venticinco años (la edad que ella tenía cuando yo nací), de ahí, que me enfurezca si la oigo arrastrar los pies, cloquear, toser o pensar como una vieja. No entiendo por qué a los venticinco años le han salido arrugas ni me explico cómo siendo tan joven se acuesta tan temprano.

Si en algún momento de pavorosa lucidez advierto que es una vieja, tal descubrimiento me llena de horror, por lo cual trato inmediatamente de expulsar dicho conocimiento de la luz de mi conciencia, de manera que enseguida recupera sus venticinco años.

Ella me trata a mí continuamente como si yo fuera una niña, por lo cual nos entendemos perfectamente.

No insisto en crecer, porque sé que es inútil: para nosotras dos, el tiempo se ha estacionado y ninguna cosa en el mundo podría hacerlo correr. Moriré de cinco años y ella de venticinco: a nuestros funerales asistirá una muchedumbre de ancianos niños y de niños que jamás llegaron a crecer.


domingo, 7 de noviembre de 2021

Juan José Arreola / Autri

 


Juan José Arreola
AUTRI

Lunes. Sigue la persecución sistemática de ese desconocido. Creo que se llama Autrui. No sé cuándo empezó a encarcelarme. Desde el principio de mi vida tal vez, sin que yo me diera cuenta. Tanto peor.

Martes. Caminaba hoy tranquilamente por calles y plazas. Noté de pronto que mis pasos se dirigían a lugares desacostumbrados. Las calles parecían organizarse en laberinto, bajo los designios de Autrui. Al final, me hallé en un callejón sin salida.

Miércoles. Mi vida está limitada en estrecha zona, dentro de un barrio mezquino. Inútil aventurarse más lejos. Autrui me aguarda en todas las esquinas, dispuesto a bloquearme las grandes avenidas.

Jueves. De un momento a otro temo hallarme frente a frente y a solas con el enemigo. Encerrado en mi cuarto, ya para echarme en la cama, siento que me desnudo bajo la mirada de Autrui.

Viernes. Pasé todo el día en casa, incapaz de la menor actividad. Por la noche surgió a mi alrededor una tenue circunvalación. Cierta especie de anillo, apenas más peligroso que un aro de barril.

Sábado. Ahora desperté dentro de un cartucho exagonal, no mayor que mi cuerpo. Sin atreverme a tocar los muros, presentí que detrás de ellos nuevos hexágonos me aguardan.
Indudablemente, mi confinación es obra de Autrui.

Domingo. Empotrado en mi celda, entro lentamente en descomposición. Segrego un líquido espeso, amarillento, de engañosos reflejos. A nadie aconsejo que me tome por miel… A nadie naturalmente, salvo al propio Autrui.



viernes, 5 de noviembre de 2021

Felix Krivin / Ventana al mundo

Felix Krivin
Ventana al mundo
Versión de Triunfo Arciniegas

En otros tiempos a la gente le gustaba sentarse junto a la ventana, pero ahora lo hace frente al televisor. El televisor te muestra más cosas. No sólo puedes ver la calle, sino incluso diferentes países. La ventana pide un paseo y un soplo de aire fresco, pero la televisión prefiere que todo el mundo se quede en casa delante suyo. Todo el mundo se sienta y la televisión muestra cómo otras personas dan paseos y respiran aire fresco. Los que respiran aire fresco tienen tan buen cutis.

Sobre todo en un buen televisor a color.




Window to the World
By Felix Krivin
Translated from the Russian by Anna Burneik

In old times, people liked sitting by the window, but now they sit in front of the TV. The TV shows you more. Not only can you see the street, you can even see different countries. The window calls for a stroll and a breath of fresh air, but the TV prefers everyone sitting at home in front of the TV. Everyone sits, and the TV shows how other people take strolls and breathe fresh air. Those who breathe fresh air have such good complexions.

Especially on a good color TV.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Tíscar / El problema


Tíscar
EL PROBLEMA
Su padre, el conde, solucionó el problema rápidamente: a ella la recluyó en un convento; al lacayo lo cargó de cadenas y lo arrojó al foso.



lunes, 1 de noviembre de 2021

Tíscar / Pastor




Tíscar
PASTOR
Mató al dragón, se casó con la princesa y se pasó la vida pensando en lo feliz que era cuando pastoreaba las ovejas de su padre.