jueves, 8 de agosto de 2019

Toni Morrison / Mujer rodeada de pájaros



Toni Morrison
MUJER RODEADA DE PÁJAROS


Conozco a esa mujer. Vivía rodeada de pájaros en la avenida Lenox. También conozco a su marido. Se encaprichó de una chiquilla de 18 años y le dio uno de esos arrebatos que te calan hasta lo más hondo y que a él le metió dentro tanta pena y tanta felicidad que mató a la muchacha de un tiro solo para que aquel sentimiento no acabara nunca. Cuando la mujer, que se llama Violet, fue al entierro para ver a la chica y acuchillarle la cara sin vida, la derribaron al suelo y la expulsaron de la iglesia. Entonces echó a correr, en medio de toda aquella nieve, y en cuanto estuvo de vuelta en su apartamento sacó a los pájaros de las jaulas y les abrió las ventanas para que emprendiesen el vuelo o para que se helaran, incluido el loro, que decía: “Te quiero”.

Toni Morrison, Jazz




viernes, 2 de agosto de 2019

Triunfo Arciniegas / Última función

Cabeza de mujer, 1973
Rufino Tamayo

Triunfo Arciniegas
ÚLTIMA FUNCIÓN


Aunque el público estalló en aplausos cuando la cabeza de la mujer rodó por el escenario, el mago supo que algo había salido mal.

Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla



lunes, 29 de julio de 2019

Triunfo Arciniegas / Sirena



Triunfo Arciniegas
Biografía

SIRENA

1

Por Facebook me pide fotos desnuda, y sólo he podido enviarle algunas de la cintura para arriba. En carne y hueso, nunca nos hemos visto.

2

Le fascinan las fotos de mis pechos. ¿Qué dirá del resto de mi cuerpo?

3

Me duele que, cuando le enseño los pezones, se le escurra la baba imaginando la belleza de mis piernas.



Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla


lunes, 8 de julio de 2019

Triunfo Arciniegas / Una historia trágica

Ilustración de Céleste Vincke

Triunfo Arciniegas
Biografía
UNA HISTORIA TRÁGICA


La historia se la contó a Luis López del Castillo el poeta Álvaro Toloza, quien conoció a los protagonistas. López del Castillo me la contó una noche de borrachera en Quiebracanto. Esa misma noche Kid Chocolate noqueó a Mano de Piedra a la mitad del noveno asalto, y en el jolgorio de la celebración me estrellaron el Mazda. He tratado de olvidar la historia con paciencia, de desdibujarla, y casi lo consigo. Un hombre sacó por la ventana a su novia, su niña blanca de ojos tiernos, su caperucita roja, para que saludara al vecindario con el trasero. El hombre, que sólo quería divertirse, reía como loco, aunque la mujer gritaba muerta del susto y agitaba en el aire de la noche sus pequeños pies desnudos. El caso es que la mujer resbaló y él no pudo con su peso de golondrina. La vio caer despacio, como hiriendo la solidez del aire, hasta la acera, tres pisos más abajo, y entonces se desbocó por las escaleras a recoger sus pobres plumas. La mujer no murió pero tampoco volvió a caminar. El hombre, que no dejó de llevarle flores durante la larga estadía en el hospital, se casó con ella, y tuvieron un final trágico unos siete años después. La mujer le disparó cinco balas y reservó la última para destrozarse la cabeza. Nadie, hasta el momento, se ha atrevido a escribir la historia. Ni yo mismo podría. Una de esas historias que uno cree que a nadie le suceden.


Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla

sábado, 6 de julio de 2019

Triunfo Arciniegas / La voz


Triunfo Arciniegas
Biografía
LA VOZ

Una voz le ordenó que cavara en el jardín y se tendiera con los brazos cruzados. Su mujer lo cubrió de tierra.

Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla


miércoles, 3 de julio de 2019

Triunfo Arciniegas / El inquilino



Triunfo Arciniegas
Biografía
EL INQUILINO


Se recortaba las uñas de los pies la noche del viernes como una preparación para los días de descanso. Pero luego no bastó con recortarlas y pulirlas: había necesidad de pintarlas, y todos los días. Probó tonos y marcas de esmalte hasta el hastío, aunque lo dominaba el temor de que alguien le gritara quítese los zapatos, quítese los calcetines, y se riera de sus uñas pintadas como un día, años atrás y en el salón de clase, treinta bocas habían escupido sus pies mugrientos y malolientes. Casi sin proponérselo, después de una película fantástica, se pintó las uñas de las manos antes de acostarse. Asaltado por la dicha,  pasó el montoncito de algodón empapado de removedor por cada una de las diez uñas esa primera mañana del resto de su vida. Decidió ser libre. Cada noche aseguró las ventanas y la puerta y durmió como una paloma, con sus veinte uñas pintadas, hasta la noche en que se derrumbó el edificio y entre los escombros de la ciudad revuelta, con su peluca rubia y las pestañas postizas, con todo lo demás, lo tomaron por una hermosa mujer.

Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla




jueves, 27 de junio de 2019

Triunfo Arciniegas / Hombre recién casado




Triunfo Arciniegas
Biografía
HOMBRE RECIÉN CASADO


Un hombre recién casado salió al jardín y demoró tanto que echó raíces, ramas, frutos. Cuando su mujer se asomó a la ventana para saber el motivo de la tardanza, ya era una anciana.


Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla





viernes, 21 de junio de 2019

Triunfo Arciniegas / Mujer y cabeza




Triunfo Arciniegas
Biografía
MUJER Y CABEZA


La mujer encontró en la puerta la cabeza de su antiguo marido. Le espantó las moscas con el periódico y la guardó en la nevera por si alguien pasaba a reclamarla. Enseguida preparó la cena.

Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla


lunes, 17 de junio de 2019

Antón Chéjov / Marido y caviar


Darío Morales

Antón Chéjov
MARIDO Y CAVIAR

El segundo día de Pentecostés, después del almuerzo, Dímov compró fiambres y bombones, y se dirigió a la dacha para visitar a su mujer. Hacía dos semanas que no la veía y la echaba mucho de menos. Sentado en el vagón y, más tarde, mientras buscaba la dacha en el extenso bosque, se sintió dominado por el hambre y el cansancio; soñaba con cenar tranquilamente con su esposa y luego retirarse a descansar, al tiempo que miraba con satisfacción el paquete con el caviar, el queso y el salmón blanco.
Cuando encontró la dacha y la reconoció, el sol ya se había puesto. La vieja doncella le dijo que la señora no estaba en casa y que probablemente no tardaría en regresar. La dacha, de aspecto poco atractivo con sus techos bajos, cubiertos de papel blanco, y sus suelos de tablas desiguales y agrietadas, solo tenía tres habitaciones. En la primera había una cama; en la segunda lienzos, pinceles, papeles con manchas de grasa y abrigos y sombreros de hombre tirados sobre las sillas y los alféizares; en la tercera Dímov se encontró con tres individuos desconocidos. Dos eran morenos y barbudos; el tercero, afeitado y grueso, tenía aspecto de actor. Sobre la mesa hervía el samovar.
—¿Qué desea usted? —le preguntó el actor con voz de bajo, examinándole con displicencia—. ¿Quiere ver a Olga Ivánovna? Aguarde, no tardará en llegar.
Dímov se sentó y se puso a esperar. Uno de los morenos, sin dejar de mirarle con aire soñoliento y desganado, se sirvió té y le preguntó:
—¿Le apetece un poco de té?
Dímov tenía hambre y sed, pero rechazó el té para no quedarse sin apetito. Pronto se oyeron unos pasos y una risa conocida; resonó una puerta y Olga Ivánovna entró corriendo en la habitación, con un sombrero de ala ancha y una caja en la mano, seguida de Riabovski, alegre y rubicundo, con una gran sombrilla y una silla plegable.
—¡Dímov! —gritó Olga Ivánovna, enrojeciendo de alegría—. ¡Dímov! —repitió, apoyando la cabeza y las dos manos en el pecho de su marido—. ¡Eres tú! ¿Por qué has estado tanto tiempo sin venir? ¿Por qué? ¿Por qué?
—¿Cuándo iba a venir, cariño? Siempre estoy ocupado y cuando tengo algo de tiempo, el horario de trenes no me viene bien.
—¡Cuánto me alegro de verte! Toda la noche, toda, he estado soñando contigo; tenía miedo de que estuvieras enfermo. ¡Ah, si supieras qué atento eres y cuán a propósito has llegado! Serás mi salvador. ¡Sólo tú puedes salvarme! Mañana se celebrará aquí una boda de lo más singular —continuó, riendo y rehaciendo el nudo de la corbata de su marido—. Se casa un joven telegrafista de la estación, un tal Chikeldéiev. Es un joven apuesto, nada tonto, con una expresión vigorosa y algo osuna, sabes… Podría servir de modelo para un joven varego. Todos los veraneantes le tenemos simpatía y le hemos dado nuestra palabra de honor de acudir a la boda… Es un hombre sin fortuna, solitario, tímido… naturalmente, no estaría bien negarle nuestra participación. Figúrate, la boda se celebrará después de la misa; luego, iremos todos a pie a casa de la novia… ¿Entiendes? El bosque, el canto de las aves, las manchas de sol en la hierba y todos nosotros como manchas multicolores sobre el fondo verde oscuro… De lo más original, en el gusto de los impresionistas franceses. Pero ¿qué voy a ponerme para ir a la iglesia, Dímov? —dijo Olga Petrovna con gesto de desconsuelo—. ¡Aquí no tengo nada, absolutamente nada! Ni vestido, ni flores, ni guantes… Tienes que salvarme. Si has venido es porque el destino quiere que me salves. Coge las llaves, querido, vuelve a casa y tráeme el vestido rosa que hay en el guardarropa. ¿Te acuerdas? Es el que está colgado delante de todos… Luego vete al trastero y busca en el suelo, a mano derecha, dos cajas de cartón. Abre la de arriba y verás que contiene tul, mucho tul, y todo tipo de recortes de tela; las flores están debajo. Sácalas todas con mucho cuidado, trata de no arrugarlas, querido, y ya elegiré yo más tarde las que necesite… Y cómprame unos guantes.
—Está bien —exclamó Dímov—. Mañana, cuando llegue a casa, te lo enviaré todo.
—¿Mañana dices? —preguntó Olga Ivánovna, mirándole con sorpresa—. ¿Cómo vas a tener tiempo mañana? El primer tren sale a las nueve y la boda es a las once. No querido, tiene que ser hoy, ¡hoy sin falta! Si no puedes venir mañana, mándamelo por alguien. Bueno, vete ya… El tren está a punto de pasar. No vayas a perderlo, cariño.
—Está bien.
—¡Ah, qué pena me da verte partir! —exclamó Olga Ivánovna, con lágrimas en los ojos—. ¿Por qué, tonta de mí, le habré dado mi palabra al telegrafista?
Dímov bebió a toda prisa un vaso de té, cogió una rosquilla y, con una humilde sonrisa, se dirigió a la estación. En cuanto al caviar, el queso y el salmón blanco, se lo comieron los dos morenos y el grueso actor.



Nota: el texto anterior es el tercero de los ocho capítulos de uno de los cuentos más extraordinarios de Chéjov, "La cigarra". Describe el matrimonio de Olga Ivánovna y el médico  Osip Stepánich Dímonov.  A esta altura de la narración, la mujer, cada vez más volantona, pasa sus vacaciones fuera de casa, y el marido decide hacerle una visita.





martes, 28 de mayo de 2019

Laura Luna / Viento y nada más


Interior con mecedora roja by José Sanz Sala


Laura Luna
VIENTO Y NADA MÁS

La mecedora de lectura seguía allí, con una levísima capa de polvo que le hacía parecer repasada con brillantina a la luz de la tarde. El resto de la casa -inmovilizado en el tiempo- no era más que paisaje. Sería la primera y última vez que visitara la casa de sus padres después de su muerte. La inercia del viento casi imperceptible engañaba la pupila y la silla parecía moverse, lento hacia atrás, lento hacia adelante. José Padilla no creía en fantasmas, y menos en el de su padre, que no era hombre de andarse con cosas. Sin embargo, dio un respingo hacia atrás al sentir una pequeña brisa que se transformó pronto en un escalofrío. Pero no. Era viento y nada más. Recorrió la casa como en un sueño: Todo, salvo la silla de lectura, había sido detenido en el tiempo y tuvo la sensación de estar caminando en medio de una fotografía de los viejos tiempos, con sus padres todavía vivos en el gesto inmortalizado de disponerse a cortar un ponqué o soplar una vela. Pero no. Era real. Visitaba la casa de sus padres: Muertos. Dio un último vistazo: La silla pareció oscilar de veras, y la figura encanecida de su padre ojeaba un libro alejando la página y entrecerrando los ojos para ver mejor. Pero no, era viento y nada más. Pensó con tristeza, y cerró la puerta por última vez.




domingo, 26 de mayo de 2019

Laura Luna / Croupier



Laura Luna
CROUPIER

Aficionados a los juegos de palabras eligieron cuidadosamente que "Julio" sería su hijo mayor y "César" el menor. La enfermera, novata y no acostumbrada a las parejas de gemelos idénticos creyó trastocar las manillas de identificación pero al no estar segura los entregó a su madre con los nombres que le cayeron en suerte. Durante el primer año, los jóvenes padres que no terminaban de decidir cuál marca distintiva pertenecía a quién siguieron barajándolos sin orden ni concierto. Los gemelos, conocedores de ésta confusión insubsanable siguieron revolviéndose a su acomodo hasta el punto tal que olvidaron de veras quién era cuál. El día que Julio sacó en suerte los números de la lotería, César estuvo seguro de haber sido quien la había comprado, y cuando César amaneció desnudo en la cama de una hermosa rubia, Julio juró por todos sus Santos que había sido él quien la había enamorado. Años después, un anciano Julio César sigue diciendo a quién lo quiera escuchar, tras las rejas, que disparó a la cara de su hermano creyendo de veras que se estaba suicidando.





lunes, 20 de mayo de 2019

Anónimo / Leyenda Sioux




Anónimo
Leyenda Sioux

El anciano de una tribu contaba a sus nietos que en el interior de todos los hombres tiene lugar una gran pelea entre dos lobos. Uno de ellos es maldad, temor, envidia, ira, rencor, avaricia, culpa, orgullo… El otro es bondad, alegría, amor, humildad, compasión, gratitud…

Los niños escuchaban atentos y, tras un silencio, uno de ellos preguntó:

―Abuelo, ¿cuál de los lobos crees que ganará la pelea?

―Aquel que más alimentes ―respondió el abuelo.


jueves, 18 de abril de 2019

Augusto Monterroso / Historia fantástica



Augusto Monterroso

Historia fantástica
Contar la historia del día en que el fin del mundo se suspendió por mal tiempo.


sábado, 6 de abril de 2019

Emma Reyes / Vaca


Emma Reyes
VACA

Un día yo le conté a sor Reverencia que yo cuando estaba muy chiquita había conocido una vaca en Guateque, en el mundo. Ella me dijo que ella solamente había visto una vaca en el pesebre del niño Jesús, el hijo de María.

Emma Reyes
Memoria por correspondencia
Bogotá, Laguna Libros, 2012, p. 222




domingo, 31 de marzo de 2019

Emma Reyes / La santa


Emma Reyes
LA SANTA


Un día nos contó que estaban leyendo la historia de una santa muy joven y muy linda que le habían sacado los dos ojos con unas cucharas y le habían cortado los dos senos y que todo junto lo habían puesto sobre un grande plato de plata y se lo habían ofrecido a un grande señor muy rico y poderoso, pero que por la noche los ángeles habían bajado del cielo y se habían llevado la santa al paraíso. El hombre rico, que era muy malo, se había vuelto ciego por castigo de Dios.
Emma Reyes
Memoria por correspondencia
Bogotá, Laguna Libros, 2012, pp. 179-180