sábado, 14 de enero de 2017

Rubem Fonseca / Cuarenta viejos

Viejo orando
Rembrandt
Rubem Fonseca
CUARENTA VIEJOS

Cuarenta viejos mueren en el incendio de un asilo. Las familias lo celebrarán.






lunes, 9 de enero de 2017

Ana María Shua / Naufragio




Ana María Shua
Naufragio

Corro hacia la playa. Si las olas hubieran dejado sobre la arena un pequeño barril de pólvora, aunque estuviese mojada, una navaja, algunos clavos, incluso una colección de pipas o unas simples tablas de madera, yo podría utilizar esos objetos para construir una novela. Qué hacer en cambio con estos párrafos mojados, con estas metáforas cubiertas de lapas y mejillones, con estos restos de otro triste naufragio literario.


domingo, 1 de enero de 2017

Triunfo Arciniegas / Zapatos

Los pies del vagabundo
Copacabana, Rio de Janeiro, 2013
Foto de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas

ZAPATOS



Desesperados, sin su dueño, se ahorcaron con sus propios cordones.








sábado, 31 de diciembre de 2016

Ana María Shua / La Que No Está


Ana María Shua

La Que No Está

Ninguna tiene tanto éxito como La Que No Está. Aunque todavía es joven, muchos años de práctica consciente la han perfeccionado en el sutilísimo arte de la ausencia. Los que preguntan por ella terminan por conformarse con otra cualquiera, a la que toman distraídos, tratando de imaginar que tienen entre sus brazos a la mejor, a la única, a La Que No Está.



viernes, 30 de diciembre de 2016

Ana María Shua / Mago con serrucho



Ana María Shua
MAGO CON SERRUCHO

Con el serrucho, el mago corta en dos la caja de donde asoman las piernas, los brazos y la cabeza de su partenaire. La cara de la mujer, sonriente al principio, se deforma en una mueca de miedo. En seguida empieza a gritar. Brota la sangre, la mujer aúlla pidiendo socorro y mueve los brazos y las piernas con aparente desesperación mientras la gente aplaude y se ríe. Al rato sólo se queja débilmente. Después se calla. En otras épocas, recuerda el mago, el público era más exigente: pretendía que la mujer volviera a aparecer intacta. Ahora, en cierto modo, todo es más fácil. Excepto conseguir ayudante, claro.


lunes, 19 de diciembre de 2016

Enrique del Acebo Ibañez / La malquerida



Enrique del Acebo Ibañez 

LA MALQUERIDA


A pesar de saberse deseada por casi todos los hombres, no terminaba de acostumbrarse a tanto maltrato: cabezazos y puntapiés la tenían siempre en vilo.

Sólo se sentía mimada cuando un niño la ponía junto a su almohada luego de haber jugado todo el día con ella en el potrero.




Enrique del Acebo Ibañez
 
Breves Encuentros (en ciento once relatos)
Argentina, 2008.



jueves, 15 de diciembre de 2016

Cayo Petronio / El lobo


Cayo Petronio
EL LOBO

Logré que uno de mis compañeros de hostería —un soldado más valiente que Plutón— me acompañara. Al primer canto del gallo emprendimos la marcha; brillaba la luna como el sol a mediodía. Llegamos a unas tumbas. Mi hombre se para; empieza a conjurar astros; yo me siento y me pongo a contar las columnas y a canturrear. Al rato me vuelvo hacia mi compañero y lo veo desnudarse y dejar la ropa al borde del camino. De miedo se me abrieron las carnes; me quedé como muerto: lo vi orinar alrededor de su ropa y convertirse en lobo.
Lobo, rompió a dar aullidos y huyó al bosque.
Fui a recoger su ropa y vi que se había transformado en piedra.
Desenvainé la espada y temblando llegué a casa. Melisa se extrañó de verme llegar a tales horas. "Si hubieras llegado un poco antes —me dijo— hubieras podido ayudarnos, un lobo ha penetrado en el redil y ha matado las ovejas; fue una verdadera carnicería; logró escapar pero uno de los esclavos le atravesó el pescuezo con la lanza."
Al día siguiente volví por el camino de las tumbas. En lugar de la ropa petrificada había una mancha de sangre.
Entré en la hostería; el soldado estaba tendido en un lecho. Sangraba como un buey; un médico estaba curándole el cuello.




viernes, 9 de diciembre de 2016

Hipólit G. Navarro / La inspiración


Hipólito G. Navarro

LA INSPIRACIÓN

Hay que imaginarse el escenario: los días todos iguales del Polo Sur, una atardecida eterna que arropa de desvaído azul un universo frío, plano y desamueblado. En el espacio que nos interesa recortar tal vez se puedan suponer, además de la superficie helada y blanca, tres o cuatro pingüinos a lo lejos, si acaso en un ángulo a la izquierda los deshilachados amagos amarillos de una aurora boreal. Poco más. Y frío, un frío abstracto y desacostumbrado para los termómetros.

Pero en el centro de la escena está el iglú, como una redonda y rotunda provocación. Y en su interior, la historia: despaciosos sucederes presididos por el calor. Los padres se aman desnuditos bajo las blanquísimas pieles de oso, la abuela come a lentos puñados de un pescado blanco salpicado de rojo intenso en las agallas, y el hijo entretiene su mirada en el alegre bailoteo de las llamas en el fuego del hogar. Esa contemplación ensimismada le ocupa todas las horas; hay poco colegio por esas latitudes. No se trata de perder el tiempo, aunque lo parezca, como no se pierde el tiempo si se observa toda una tarde el vaivén del mar golpeando en la costa o el resto de la noche el cuerpo desnudo de la mujer que hemos amado. Los ojos del niño han subido y bajado al compás de las llamas durante horas y horas, y ahora tiene como dos brasas las pupilas. Afuera todo lo más quedará un solitario pingüino rezagado, el paisaje aún más plano bajo el peso de difíciles constelaciones. Es entonces cuando el niño casi lo susurra: «Bueno..., y yo ahora me pregunto...: ¿qué es un rincón?».



sábado, 3 de diciembre de 2016

Milan Kundera / La piscina



Milan Kundera
LA PISCINA

Había una gran piscina cubierta. Seríamos unas veinte. Todas mujeres. Todas estábamos desnudas y teníamos que marchar alrededor de la piscina. Del techo colgaba un cesto y dentro de él había un hombre de pie. Llevaba un sombrero de ala ancha que dejaba en sombras su cara, pero yo sabía que eras tú. Nos dabas órdenes. Gritabas. Mientras marchábamos teníamos que cantar y hacer flexiones. Cuando alguna hacía mal la flexión, tú le disparabas con una pistola y ella caía muerta a la piscina. Y en ese momento todas empezaban a reírse y cantar en voz aún más alta. Tú no nos quitabas los ojos de encima y, cuando alguna volvía a hacer algo mal, le disparabas. La piscina estaba llena de cadáveres que flotaban justo debajo de la superficie del agua. ¡Y yo me daba cuenta de que ya no tenía fuerza para hacer la siguiente flexión y que me ibas a matar!


Milan Kundera
La insoportable levedad del ser

jueves, 24 de noviembre de 2016

Milan Kundera / Coche fúnebre


Milan Kundera
COCHE FÚNEBRE

Yacía en un coche fúnebre grande como un camión de mudanzas. A su lado no había más que mujeres muertas. Había tantas que las puertas tenían que quedar abiertas y las piernas de algunas sobresalían. 

Teresa gritaba: "¡Si no estoy muerta! ¡Si lo siento!".

"Nosotros también lo sentimos todo", reían los cadáveres.

Milan Kundera
La insoportable levedad del ser

sábado, 12 de noviembre de 2016

Esopo / El caballo, el buey, el perro y el hombre




Esopo

EL CABALLO, EL BUEY, 
EL PERRO Y EL HOMBRE

Cuando Zeus creó al hombre, sólo le concedió unos pocos años de vida. Pero el hombre, poniendo a funcionar su inteligencia, al llegar el invierno edificó una casa y habitó en ella.

Cierto día en que el frío era muy crudo, y la lluvia empezó a caer, no pudiendo el caballo aguantarse más, llegó corriendo a donde el hombre y le pidió que le diera abrigo.

El hombre le dijo que sólo lo haría con una condición: que le cediera una parte de los años que le correspondían. El caballo aceptó.

Poco después se presentó el buey, que tampoco podía sufrir el mal tiempo. El hombre le contestó lo mismo: que lo admitiría si le daba cierto número de sus años. El buey cedió una parte y quedó admitido.

Por fin, llegó el perro, también muriéndose de frío, y cediendo una parte de su tiempo de vida, obtuvo su refugio.

Y he aquí el resultado: cuando los hombres cumplen el tiempo que Zeus les dio, son puros y buenos; cuando llegan a los años pedidos al caballo, son intrépidos y orgullosos; cuando están en los del buey, se dedican a mandar; y cuando llegan a usar el tiempo del perro, al final de su existencia, se vuelven irascibles y malhumorados.

Cuatro son las etapas del hombre: niñez, juventud, madurez y vejez.



miércoles, 9 de noviembre de 2016

Jean-Claude Carrière / La boñiga




Jean-Claude Carrière
BIOGRAFÍA

LA BOÑIGA 


Una historia de origen polaco ilustra admirablemente cierta estructura del espíritu. Habla de un polaco y un judío que, juntos, se dirigen a pie a un mercado. Ven un montón de excrementos y el judío le dice al campesino polaco: 
—Te doy diez zlotys si te comes esa boñiga. 
El campesino se queda pensativo. Imagina todo lo que podría hacer con diez zlotys mientras se pregunta por las intenciones ocultas del judío, que tiene fama de pícaro. 
Al fin acepta y, mal que bien, se traga la boñiga. El judío le da los diez zlotys prometidos y los dos hombres siguen caminando. 
Sin embargo, el judío reflexiona y se dice que sólo ha conseguido perder diez zlotys y que el polaco no parece haber sufrido gran cosa al engullir la boñiga. 
Al descubrir un segundo montón de excrementos, el judío se para y le dice al polaco: 
—Si me como esa boñiga, ¿me devuelves los diez zlotys? 
—Bueno, de acuerdo —dice el campesino tras pensarlo brevemente. 
El judío se pone manos a la obra y, a duras penas, gruñendo y ahogándose, se traga toda la boñiga. 
Vuelven a ponerse en camino los dos. Una media hora más tarde, el polaco le pregunta al judío: 
—Puesto que eres tan inteligente, ¿puedes decirme por qué nos hemos comido toda esa mierda?
No conocemos la respuesta del judío.

Jean-Claude Carrière
El segundo círculo de los mentirosos 
Lumen, Barcelona, 2008, 380 páginas

Nota
Jean-Claude Carrière no es propiamente el autor sino el compilador. En el Prólogo de El segundo círculo de los mentirosos confiesa que ha dedicado más de diez años a este volumen y se pregunta, y más que nunca en estos días difíciles, si habrá un tercero.



domingo, 6 de noviembre de 2016

Jean-Claude Carrière / El soporte del mundo




Jean-Claude Carrière
BIOGRAFÍA

EL SOPORTE DEL MUNDO 

El gran Euclides estaba un día dando clase y, entre otros temas, hablaba del mundo. El joven Ptolomeo —sin duda su mejor alumno— levantó la mano y le preguntó sobre qué se sostenía el mundo.
—Se sostiene –le contestó Euclides— sobre los hombros de un enorme gigante.
Ptolomeo bajó la cabeza y la clase continuó.
Un poco más tarde, el joven Ptolomeo volvió a levantar la cabeza y se atrevió a preguntar sobre qué se sostenía el gigante.
—Se sostiene —le contestó Euclides— sobre el caparazón de una enorme tortuga.
Y de inmediato, sin esperar otra pregunta de su alumno, Euclides añadió con severidad, alzando la voz:
—Y debajo de la tortuga ¡sólo hay tortugas!



Jean-Claude Carrière
El círculo de los mentirosos
Lumen, Barcelona, 2000, 464 páginas



Nota

Jean-Claude Carrière no es propiamente el autor sino el compilador. El famoso guionista se propuso recoger y reescribir de manera escueta y precisa las historias cortas de todas las tradiciones. Ha hecho un trabajo maravilloso, de toda la vida. El círculo de los mentirosos es el primer tomo de dos. Carrière había pensado en un tercero pero su tiempo, por desgracia, se abrevia. 


jueves, 3 de noviembre de 2016

Esopo / El ciego


Esopo
EL CIEGO

Érase una vez un ciego muy hábil para reconocer al tacto cualquier animal al alcance de su mano, diciendo de qué especie era. Le presentaron un día un lobezno, lo palpó y quedó indeciso.

-No acierto -dijo-, si es hijo de una loba, de una zorra o de otro animal de su misma cualidad; pero lo que sí sé es que no ha nacido para vivir en un rebaño de corderos.



martes, 1 de noviembre de 2016

Esopo / El cuervo enfermo



Esopo
EL CUERVO ENFERMO

Un cuervo que se encontraba muy enfermo dijo a su madre:

- Madre, ruega a los dioses por mí y ya no llores más.

La madre contestó:

- ¿Y cuál de todos, hijo mío, tendrá piedad de tí? ¿Quedará alguno a quien aún no le hayas robado la carne?