viernes, 11 de octubre de 2019

Peter Handke / Veinte años




Peter Handke
VEINTE AÑOS

Odiseo, tras veinte años de ausencia, a Penélope: "Extraña..." Y ella responde: "Extraño..."


sábado, 5 de octubre de 2019

José María Merino / El bicicielo








José María Merino
EL BICICIELO

A partir del descubrimiento del bosón de Higgs, el profesor Arne Torunn, director del observatorio Oksebasen, ha empezado a analizar las singulares vibraciones que se perciben en aquel lugar cuando a los alrededores, sobre todo los días festivos, concurren muchas bicicletas.

Ciclista experto, al profesor Torunn siempre le ha sorprendido constatar que, mientras abundan en todo el mundo los cementerios de automóviles, no se puede encontrar ninguno de bicicletas. Por otra parte, la similitud y cercanía de las dos ruedas y la función de la cadena transmisora, lo ha llevado a relacionar estos vehículos con la cinta de Moebius.

En consecuencia, y a través de un al parecer rigurosísimo despliegue de formulaciones teóricas sobre las partículas de Higgs, ha llegado a la conclusión de que las viejas bicicletas son trasladadas en determinado momento, gracias a la energía cósmica que han llegado a acumular a lo largo de su servicio, a un universo paralelo, donde se encontrarían en un planeta que nuestro sabio ha denominado Bicicielo —«el cielo de las bicis»—.

La teoría se atreve además a asegurar que en aquel lugar las bicicletas se mantendrían en funcionamiento permanentemente, recorriendo el planeta gracias a la interacción de partículas elementales, en eterno pedaleo.

Por ahora, la teoría no ha encontrado oposición entre los demás físicos del mundo.


jueves, 3 de octubre de 2019

Fernando León de Aranoa / Usted no existe




Fernando León de Aranoa
USTED NO EXISTE

Había decidido no preocuparse. Ni a la entrada del avión, cuando no le saludaron, ni cuando la azafata le sirvió el último zumo de naranja a su compañero de asiento. No he tenido suerte, pensó.

Tampoco se molestó cuando los periódicos se agotaron al llegarle el turno, y eso que no recibió ni una palabra amable de disculpa a cambio.

No quiso darle importancia cuando apretó repetidas veces el botón para llamar a la azafata y nadie vino: supuso que se había estropeado.

Ni se sorprendió cuando, al sonreír a la joven de ojos claros que aguardaba junto al cuarto de baño de la cabina de clase turista, ésta no acusó siquiera su mirada. No era la primera vez que le sucedía.
Durmió el resto del vuelo, y no soñó.

Lo peor vendría luego, en el control de aduanas. El policía amable examinó su documentación, comparó la fotografía con su semblante cansado, tecleó sin resultados, y llegó a la terrible conclusión: usted no existe.

Le pidieron que se hiciera a un lado y aguardara. El pasajero obedeció, presa de un temor irracional.

Hizo acopio de valor y llamó a su mujer, pero nadie respondió.


martes, 1 de octubre de 2019

Anónimo / Las tres poltronas



Anónimo
LAS TRES POLTRONAS

Érase una vez, en el país de la pereza, tres mujeres.

Aquellas mujeres eran reputadas por ser unas poltronas. Eran poltronas, perezosas, negligentes y vagas, muy vagas.

A las tres poltronas les encantaba dormir. Podían dormir horas y horas sin cansarse. De hecho, incluso quedaban para dormir. Y dormían tanto que resultaba imposible despertarlas.

La primera era tan gandula que dormía de pie porque le daba pereza llegar a la cama. Hasta le daba pereza cerrar los ojos. Y una vez dormida, con los ojos abiertos, se caía al suelo con tanta fuerza que hacía temblar la tierra.

La segunda era tan indolente que cada vez que se sentaba se quedaba dormida, y tan dormida que sólo la podía despertarla un terremoto. Cuando despertaba, después de largas horas, se ponía se ponía a gritar, furiosa, con unos gritos agudos que podían hacer tronar.

La tercera era tan holgazana que se quedaba dormida en cuanto pensaba en sábanas, en azúcar y en nubes. Dormía tanto que sólo un trueno la podía despertar. Y cuando despertaba, aspiraba todos los sonidos y dejaba el mundo en silencio para poder seguir durmiendo.

Las tres poltronas vivían en una pesada soledad y decidieron irse a vivir juntas. Tuvieron la suerte de las vagas y se encontraron una casa tan bonita y tan encantadora que daba ganas de entrar a robar. Vivían juntas en una armonía ejemplar en la que la pereza se enlazaba con el silencio y la quietud.

Una noche, un ladrón que siempre había tenido la suerte de los ladrones vio la casa de las poltronas y no dudó en entrar.

La vaga que dormía de pie y que nunca cerraba los ojos lo vio. Quería gritar pero se sintió sin fuerza para hacerlo. Veía cómo el ladrón rebuscaba en la casa pero le dio pereza pedir auxilio. Cerró los ojos y cayó redonda.

La tierra tembló con tal fuerza que la segunda poltrona se despertó de golpe y se puso a gritar enfurecida, encrespadísima, encolerizada, enervada y muy cabreada. ¿Cómo era posible quke la despertaran? Vio al ladrón, pero sólo de pensar que tenía que levantarse a llamar a alguien tuvo otro ataque de rabia y volvió a gritar. Sus gritos sonaron con tanta fuerza que desataron la tormenta que despertó a la tercera poltrona. Ella, nada más abrir los ojos, vio al ladrón. Tal fue su sorpresa que aspiró como nunca o dejó el mundo en silencio. 

Para el ladrón, todo había ido muy rápido. De repente había temblado la tierra, luego la tormenta eléctrica y ahora el silencio más aterrador. Muerto de pánico, salió de la casa disparado, sin ningún botín entre sus mano y dispuesto a reformar su vida.

Y las tres poltronas, tranquilas aunque fatigadas, se acurrucaron mejor y siguieron durmiendo felices y más poltronas que nunca.


sábado, 28 de septiembre de 2019

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Marco Denevi / La mujer ideal no existe





Marco Denevi

LA MUJER IDEAL NO EXISTE

Sancho Panza repitió, palabra por palabra, la descripción que el difunto don Quijote le había hecho de Dulcinea.
Verde de envidia, Dulcinea masculló:
—Conozco a todas las mujeres del Toboso. Y le puedo asegurar que no hay ninguna que se parezca ni remotamente a esa que usted dice.





lunes, 23 de septiembre de 2019

Ricardo Palma / La cosa de la mujer




Ricardo Palma
LA COSA DE LA MUJER

Era la época del faldellín, moda aristocrática que de Francia pasó a España y luego a Indias, moda apropiada para esconder o disimular redondeces de barriga.

En Lima, la moda se exageró un tantico (como en nuestros tiempos sucedió con la crinolina), pues muchas de las empingorotadas y elegantes limeñas, dieron por remate al ruedo del faldellín un círculo de mimbres o cañitas; así el busto parecía descansar sobre pirámide de ancha base, o sobre una canasta.

No era por entonces, como lo es ahora, el Cabildo o Ayuntamiento muy cuidadoso de la policía o aseo de las calles, y el vecindario arrojaba sin pizca de escrúpulo, en las aceras, cáscaras de plátano, de chirimoya y otras inmundicias; nadie estaba libre de un resbalón.
Muy de veinticinco alfileres y muy echada para atrás, salía una mañana de la misa de diez, en Santo Domingo, gentilísima dama limeña y, sin fijarse en que sobre la losa había esparcidas unas hojas del tamal serrano, puso sobre ellas la remonona botina, resbaIó de firme y dio, con su gallardo cuerpo, en el suelo.

Toda mujer, cuando cae de veras, cae de espalda, como si el peso de la ropa no le consintiera caer de bruces, o hacia adelante.

La madama de nuestro relato no había de ser la excepción de la regla y, en la caída, vínosele sobre el pecho la parte delantera del faldellín junto con la camisa, quedando a espectación pública y gratuita, el ombligo y sus alrededores.

El espectáculo fue para alquilar ojos y relamerse los labios. !Líbrenos San Expedito de presenciarlo!

Un marquesito, muy currutaco, acudió presuroso a favorecer a la caída, principiando por bajar el subversivo faldellín, para que volviera a cubrir el vientre y todo lo demás, que no sin embeleso contemplara el joven; el suyo fue peor que el suplicio de Tántalo.

Puesta en pie la maltrecha dama, dijo a su amparador:

–Muchas gracias, caballero. –Y luego, imaginando ella referirse al descuido de la autoridad en la limpieza de las calles, añadió: –¿Ha visto usted cosa igual…?

Probablemente el marquesito no se dio cuenta del propósito de crítica a la policía que encarnaba la frase de la dama, pues refiriéndola a aquello, a la cosa, en fin, que por el momento halagaba a su lujuria, contestó:

–Lo que es cosa igual, precisamente igual, pudiera ser que no; pero parecidas, con vello de más o de menos y hasta pelonas, crea usted, señora mía, que he visto algunas.


domingo, 1 de septiembre de 2019

Anónimo / El hombre que soñó


Bagdad
Hervé Machelidon


LAS MIL Y UNA NOCHES
El hombre que soñó

Vivió cierta vez en Bagdad un hombre rico, que perdió todo su caudal y quedó tan desposeído que sólo trabajando duramente podía ganarse la vida. Una noche se acostó a dormir, abatido y pesaroso, y vio en sueños a un personaje que le decía:

—En verdad, tu fortuna está en El Cairo. Ve allá y búscala.

Y el hombre se puso en camino del Cairo. Pero a su arribo lo sorprendió la noche y se acostó a dormir en una mezquita. Más tarde, por designio de Alá Todopoderoso, entró en la mezquita una banda de malhechores, que a través de ella penetraron en la casa vecina. Mas los propietarios, perturbados por el ruido de los ladrones, despertaron y dieron la alarma. Y en seguida acudió en su ayuda, con sus hombres, el jefe de policía.

Huyeron los ladrones, pero el Wali entró en la mezquita y encontrando allí dormido al hombre de Bagdad, lo prendió y le hizo dar tantos azotes con varas de palma, que casi lo dejaron por muerto. Después lo arrojaron a la cárcel, donde estuvo tres días. Cumplidos los cuales, el jefe de policía mandó buscarlo y le preguntó:

—¿De dónde eres?

Y el respondió:

—De Bagdad.

Dijo el Wali:

—¿Qué te trae al Cairo?

Respondió el de Bagdad.

—En un sueño vi a Uno que me decía: “Tu fortuna está en El Cairo. Ve a buscarla”. Mas cuando llegué al Cairo, descubrí que la fortuna que me prometía eran los varazos que tan generosamente me habéis dado.

El Wali se rió hasta dejar a la vista sus muelas del juicio.

—Hombre de poco ingenio —dijo—, tres veces he visto yo en un sueño a alguien que me decía: “Hay en Bagdad una casa, en tal barrio y de tal aspecto, y tiene un jardín en cuyo extremo hay una fuente, y bajo ella una gran suma de dinero sepultada. Ve y tómala”. Pero yo no fui; en cambio tú, por tu poca cabeza, has viajado de un lado a otro, dando crédito a un sueño que no era más que ocioso engaño de la fantasía.

Y le dio dinero, diciéndole:

—Con esto, regresa a tu país.

Y el hombre tomó el dinero y emprendió el regreso. Pero la casa que el Wali le había descrito era la propia casa que el hombre tenía en Bagdad. Y cuando estuvo en ella, el peregrino cavó bajo la fuente de su jardín y descubrió un gran tesoro. Y así, por gracia de Alá, ganó una maravillosa fortuna.



martes, 27 de agosto de 2019

Manuel Moyano / El escapista

Ilustración de Charli Thomas


Manuel Moyano
EL ESCAPISTA


Un mago no debería revelar sus trucos, pero te diré que no es tan difícil hacer surgir panes de un cesto si éste dispone de doble fondo, y que unos simples tablones, convenientemente situados bajo el agua, bastan para hacer creer a cualquier iluso que es posible caminar sobre la superficie de un lago. En cuanto a aquel hombre cuyos ojos sané, jamás en su miserable vida había estado ciego: se llamaba Hulellah y obtuvo una buena recompensa a cambio de hacer su papel… Ahora, escúchame bien: los soldados no van a clavarme al madero; en realidad, me amarrarán las muñecas con tendones de cerdo y untarán mis brazos con la sangre de algún animal: les he pagado veinte denarios a cada uno por participar en el engaño. Previamente, tú deberás haber depositado agua y víveres en el interior del sepulcro. Luego, una vez que me hayan dejado allí, harás rodar la piedra que cubre la entrada para que pueda escapar. Procura que nadie te vea. Y recuerda esto, José de Arimatea: deberás hacerlo antes del tercer día.

jueves, 8 de agosto de 2019

Toni Morrison / Mujer rodeada de pájaros



Toni Morrison
MUJER RODEADA DE PÁJAROS


Conozco a esa mujer. Vivía rodeada de pájaros en la avenida Lenox. También conozco a su marido. Se encaprichó de una chiquilla de 18 años y le dio uno de esos arrebatos que te calan hasta lo más hondo y que a él le metió dentro tanta pena y tanta felicidad que mató a la muchacha de un tiro solo para que aquel sentimiento no acabara nunca. Cuando la mujer, que se llama Violet, fue al entierro para ver a la chica y acuchillarle la cara sin vida, la derribaron al suelo y la expulsaron de la iglesia. Entonces echó a correr, en medio de toda aquella nieve, y en cuanto estuvo de vuelta en su apartamento sacó a los pájaros de las jaulas y les abrió las ventanas para que emprendiesen el vuelo o para que se helaran, incluido el loro, que decía: “Te quiero”.

Toni Morrison, Jazz




viernes, 2 de agosto de 2019

Triunfo Arciniegas / Última función

Cabeza de mujer, 1973
Rufino Tamayo

Triunfo Arciniegas
ÚLTIMA FUNCIÓN


Aunque el público estalló en aplausos cuando la cabeza de la mujer rodó por el escenario, el mago supo que algo había salido mal.

Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla



lunes, 29 de julio de 2019

Triunfo Arciniegas / Sirena



Triunfo Arciniegas
Biografía

SIRENA

1

Por Facebook me pide fotos desnuda, y sólo he podido enviarle algunas de la cintura para arriba. En carne y hueso, nunca nos hemos visto.

2

Le fascinan las fotos de mis pechos. ¿Qué dirá del resto de mi cuerpo?

3

Me duele que, cuando le enseño los pezones, se le escurra la baba imaginando la belleza de mis piernas.



Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla


lunes, 8 de julio de 2019

Triunfo Arciniegas / Una historia trágica

Ilustración de Céleste Vincke

Triunfo Arciniegas
Biografía
UNA HISTORIA TRÁGICA


La historia se la contó a Luis López del Castillo el poeta Álvaro Toloza, quien conoció a los protagonistas. López del Castillo me la contó una noche de borrachera en Quiebracanto. Esa misma noche Kid Chocolate noqueó a Mano de Piedra a la mitad del noveno asalto, y en el jolgorio de la celebración me estrellaron el Mazda. He tratado de olvidar la historia con paciencia, de desdibujarla, y casi lo consigo. Un hombre sacó por la ventana a su novia, su niña blanca de ojos tiernos, su caperucita roja, para que saludara al vecindario con el trasero. El hombre, que sólo quería divertirse, reía como loco, aunque la mujer gritaba muerta del susto y agitaba en el aire de la noche sus pequeños pies desnudos. El caso es que la mujer resbaló y él no pudo con su peso de golondrina. La vio caer despacio, como hiriendo la solidez del aire, hasta la acera, tres pisos más abajo, y entonces se desbocó por las escaleras a recoger sus pobres plumas. La mujer no murió pero tampoco volvió a caminar. El hombre, que no dejó de llevarle flores durante la larga estadía en el hospital, se casó con ella, y tuvieron un final trágico unos siete años después. La mujer le disparó cinco balas y reservó la última para destrozarse la cabeza. Nadie, hasta el momento, se ha atrevido a escribir la historia. Ni yo mismo podría. Una de esas historias que uno cree que a nadie le suceden.


Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla

sábado, 6 de julio de 2019

Triunfo Arciniegas / La voz


Triunfo Arciniegas
Biografía
LA VOZ

Una voz le ordenó que cavara en el jardín y se tendiera con los brazos cruzados. Su mujer lo cubrió de tierra.

Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla


miércoles, 3 de julio de 2019

Triunfo Arciniegas / El inquilino



Triunfo Arciniegas
Biografía
EL INQUILINO


Se recortaba las uñas de los pies la noche del viernes como una preparación para los días de descanso. Pero luego no bastó con recortarlas y pulirlas: había necesidad de pintarlas, y todos los días. Probó tonos y marcas de esmalte hasta el hastío, aunque lo dominaba el temor de que alguien le gritara quítese los zapatos, quítese los calcetines, y se riera de sus uñas pintadas como un día, años atrás y en el salón de clase, treinta bocas habían escupido sus pies mugrientos y malolientes. Casi sin proponérselo, después de una película fantástica, se pintó las uñas de las manos antes de acostarse. Asaltado por la dicha,  pasó el montoncito de algodón empapado de removedor por cada una de las diez uñas esa primera mañana del resto de su vida. Decidió ser libre. Cada noche aseguró las ventanas y la puerta y durmió como una paloma, con sus veinte uñas pintadas, hasta la noche en que se derrumbó el edificio y entre los escombros de la ciudad revuelta, con su peluca rubia y las pestañas postizas, con todo lo demás, lo tomaron por una hermosa mujer.

Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla