Luis Goytisolo
INTERCAMBIO DE IDEAS
La alegría le encendía los ojos, el dibujo de los labios, la cara entera. Una sonrisa que era casi una risa.
–¿Sabes qué se me ha ocurrido? Que a tu padre, en vez de envenenarle, podríamos hacer como si se hubiera suicidado con una de sus armas de caza. La carabina esa de la que está tan orgulloso. Mira: se lo planteamos como un juego. Que cada uno de nosotros escriba en un papel: «Estoy harto de la vida; prefiero acabar de una vez.» Nosotros también lo escribimos, diciéndole que enseguida le contamos de qué va. Y en cuanto lo haya escrito, le pegamos un tiro en la sien con esa carabina. Podría hacerlo yo, con guantes, y luego le pasamos bien la mano por la carabina y le dejamos el gatillo entre los dedos. Nos deshacemos de nuestros papeles y nos vamos. ¿Qué te parece?
–No está mal, no está mal.
–¿Y me dejas que lo haga yo? La idea ha sido mía.
–Vale. Yo me encargo del abuelo. Se trata de diluirle un montón de pastillas de ese somnífero que toma cada noche de forma que ya no despierte. Todo el mundo pensará que se ha confundido de dosis. Como a veces tiene esos vacíos de memoria...
–O que se ha suicidado de pura desesperación, si lo hacemos después de lo de tu padre.
Campeón alzó la vista meciendo suavemente la cabeza, los labios apretados, como concentrándose.
–Ya –dijo–. Pero ¿sabes qué te digo? Que prefiero el veneno. Algo sin sangre.