jueves, 12 de septiembre de 2013

Triunfo Arciniegas / El enamorado

Sleeping with ghosts
Triunfo Arciniegas
EL ENAMORADO

Oí la historia la otra noche en una reunión y todos nos reímos. El amor no correspondido resulta ridículo y risible, como los borradores de esas cartas apasionadas que leemos cuando la destinataria ya es un fantasma y el sentimiento ha desaparecido para siempre. El narrador, pequeño y gracioso, en el centro de la sala, se despelucaba precisando los detalles, las miradas, los cambios de voz, el llanto, los acechos. Según la versión breve de la historia, un hombre atormentado persigue a una mujer con desatada insistencia, alevosía y ventaja, se le aparece hasta en la sopa y los espejos y le manifiesta su amor de todas las maneras posibles, las mismas que conducen al final feliz de las películas. Pero en la vida de todos los días, la mujer, al verlo, sólo tiene ganas de gritar. El hombre, enceguecido, obsesionado, no puede detener la intensidad de sus floridas declaraciones. Después de mil aventuras trágicas y cómicas, es decir, patéticas, que nos arrancaron lágrimas y pataleos, el hombre la ve desde un autobús, se baja como loco y muere atropellado por una bicicleta. La mujer no se da cuenta. El semáforo cambia, ella gira la cabeza para echar hacia atrás el manojo de cabellos y cruza la calle. Años después se pregunta qué sería de aquel hombre tan fastidioso que casi la vuelve loca.


Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla
Ediciones Gato Negro


Protesta
Rufino Tamayo

THE MAN IN LOVE
By Triunfo Arciniegas
Translated by Verónica Arciniegas
with the collaboration of Anabel Torres

I heard the story the other night at a party and we all laughed. Unrequited love turns out ridiculous and laughable, like the drafts of passionate letters we read when the woman they are addressed to and the feeling for her has gone forever. The narrator, short and funny, in the middle of the room, gestured even with his hair while he described details, looks, changes in voices, tears and chases. According to a condensed version of the story, a tormented man stalks a woman with unbridled insistence, impositions and treachery, springing up even in her soup and in her mirror. He manifests his love to her in all possible ways, the same ways leading up to happy endings in the movies. But in the life she leads each day, the woman upon seeing him just wants to scream. The man, blinded, obsessed, cannot contain the intensity of his flowery declarations. After thousands of tragic and comic adventures, that is, pathetic ones, squeezing tears and unbridled reactions from us, the man spots her from a bus, rushes out of the bus like a madman and dies run over by a bicycle. The woman does not even notice it. The traffic light changes, she turns her head to get her hair out of her face and crosses the street. Years later, she wonders what could have become of that man who was such a pest and nearly drove her crazy.



Triunfo Arciniegas
News from the Fog
Ediciones Gato Negro


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Biografía de Triunfo Arciniegas


lunes, 9 de septiembre de 2013

Triunfo Arciniegas / En tinta verde


Triunfo Arciniegas
EN TINTA VERDE

El hombre terminó de escribir la tarjeta y sonrió ante la belleza y la precisión de las frases. Imaginó que la mujer sería muy feliz leyéndola. Saldría del baño con la toalla en la cabeza, descalza, sonaría el timbre y sin prisa se colgaría la bata para abrir la puerta: nunca tiene prisa, es bella. Sin duda reconocería a primera vista los garabatos y la tinta verde, pero postergaría la lectura con el propósito del goce perfecto. O no, se quitaría la bata y así, desnuda como es ella, bebiéndose el café, leería la tarjeta una y otra vez, se reiría, sería muy feliz. Entonces, sin perder la sonrisa, el hombre destrozó la tarjeta y acercó un fósforo a uno de los pedacitos, que se encendió como el rostro de una muchacha avergonzada, para terminar consumiendo el pedacito contiguo, y todos se hicieron ceniza. Vio con toda precisión a la mujer metiéndose en la bata, triste, llorando la tarjeta sin leer, el timbre sin sonar, el café sin tomar.


IN GREEN INK
by Triunfo Arciniegas
Translated by Verónica Arciniegas
with the collaboration of Anabel Torres

The man finished writing the card and smiled beholding the beauty and precision of its phrases. He imagined that the woman would be so happy reading it. She would come out of the bathroom with a towel over her head, barefoot, the bell would ring and she would put her robe on leisurely: she is never in a rush, she is beautiful. No doubt at first glance she would recognize the scrawls and the green ink, but she would postpone reading it for the sake of the perfect pleasure. Or not: she might take her robe off and like that, naked just the way she is, sipping her coffee, she might read the card again and again, she might laugh, she might be really happy. Then, without ceasing to smile, the man destroyed the card and moved a match close to one of the small bits of paper, which went on fire like the face of a shy girl, to end up consuming the next small bit of paper until all the bits crumpled into ashes. He could clearly see the woman putting on her robe, sad, crying over the unread card, the bell that didn’t ring and the coffee not tasted.

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Biografía de Triunfo Arciniegas


viernes, 6 de septiembre de 2013

Triunfo Arciniegas / Aguas profundas



Triunfo Arciniegas
AGUAS PROFUNDAS

Dicen cosas siniestras del hombre que lee en la mesa del fondo mientras se enfría el café. Dicen que vive en aguas profundas. Que las mujeres desaparecen en sus entrañas. Me pregunto cómo lo saben si el hombre no determina a nadie. Fuma con la brasa dentro de la boca y se rasca sin pudor donde sea, viene y se va sin avisar, cuando le da la gana, como si el resto del mundo no existiera. Huele a eucalipto. Apenas percibo el olor, uno o dos minutos antes de su entrada, preparo el café tal como le gusta, cargado y sin azúcar, aunque apenas lo prueba. Nunca agradece el servicio. No me importan sus modales ni su biografía porque deja generosas propinas. En realidad, no hay altanería en sus gestos, como podría pensarse. Sus suaves ademanes pretenden el olvido. El olor se desvanece en dos o tres horas. Arrojo el café al lavaplatos, cuelgo aparte el pocillo y luego barro las escamas alrededor de la silla.


DEEP WATER
By Triunfo Arciniegas
Translated by Verónica Arciniegas
with the collaboration of Anabel Torres

 
They say sinister things about the man reading at the table in the back while his coffee cools down. They say he lives in deep water. That women disappear into his entrails. He smokes with the embers inside his mouth and scratches himself unabashedly anywhere, he comes and goes without saying hello, when he pleases, as if the rest of the world did not exist. He smells like eucalyptus. As soon as I perceive his smell, one or two minutes before he comes in, I make coffee the way he likes it, strong and bitter, but he hardly tastes it. He never thanks me for the service. I do not mind his manners or his life history because he leaves generous tips. In fact, contrary to what one might think, there is no arrogance in his gestures. His gentle manners beg to go unnoticed. His smell fades in two to three hours. I throw the coffee into the sink and the tobacco ashes into the garbage, set his cup aside and then sweep the scales around his chair.


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BIOGRAFÍA DE TRIUNFO ARCINIEGAS


martes, 3 de septiembre de 2013

domingo, 1 de septiembre de 2013

Triunfo Arciniegas / Hermanos






Triunfo Arciniegas
HERMANOS

Un poco ebrio, un amigo me cuenta la trama de la novela que nunca escribirá. Luego no sabe si la historia, que acaba mal, es suya o la leyó en alguna parte. Se trata de dos hermanos que se disputan a sus mujeres. Uno es mago, y el otro, poeta. Mientras uno les endulza el oído para seducirlas, el otro las hechiza con sus trucos. El poeta las ve salir felices del cuarto del mago, sin sus poemas, y con cierta melancolía reconoce que se equivocó de profesión.


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viernes, 30 de agosto de 2013

César Vallejo / Mi madre


César Vallejo
MI MADRE

Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar.





miércoles, 28 de agosto de 2013

Juan Pedro Aparicio / Rememoración final



Juan Pedro Aparicio
REMEMORACIÓN FINAL


Supo de inmediato que el paracaídas no se le abriría. Pero, debido a la mucha altura, todavía tardaría varios minutos en estrellarse contra el suelo. Era tan joven que tenía muy poco que rememorar de su vida pasada mientras se dolía por la pérdida de aquella otra que ya no iba a conocer. En su mente se produjo entonces una súbita aceleración. No tenía novia; pero conoció a una chica en la piscina y se casó con ella.

Tuvieron dos hijos. El mayor se hizo militar como él. El menor, cosa sorprendente, guionista de televisión, y no le fue mal. Sus nietos, sólo dos, se llamaron Daniel y Adela, nombres que no tenían tradición en su familia. Sólo sentía la pena de no vivir lo suficiente como para asistir a la boda de su nieta, aunque, por viejo, se había acostumbrado a la muerte como un animal de compañía. Y él, cuando su cuerpo se rompió contra el suelo, ya había superado los ochenta y tres años de vida.



domingo, 25 de agosto de 2013

Juan Pedro Aparicio / La Segunda Guerra Mundial

Kenta Torii

Juan Pedro Aparicio
LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Si el crítico vienés Jakob Neumann, que presidía el jurado, hubiera dado su voto de calidad a cierto óleo firmado por un tal Adolf Hitler en la Bienal de Bellas Artes de 1912, acaso el joven aspirante a pintor no hubiese dejado su profesión por la política. Inútil reprochar nada a Neumann; sobre todo cuando el propio Adolf Hitler ordenó su fusilamiento a las pocas horas de aquella entrada apoteósica en la Austria del Anschulss. Lo que nunca supo el dictador fue que la decisión de Neumann nació de un escogido lote de vinos que había recibido de un importante bodeguero vienés, cuyo hijo, con veleidades pictóricas, obtuvo aquel premio. Obvio es decir que tal ignorancia salvó la vida del bodeguero, no la de su hijo.


martes, 20 de agosto de 2013

Juan Pedro Aparicio / La medida del poder




Juan Pedro Aparicio
LA MEDIDA DEL PODER


El gobernador Jackson estaba seguro de que tampoco en esta ocasión vacilaría. Entre conceder un indulto al condenado a la cámara de gas o permitir que la ejecución siguiera adelante, sentía que su poder se medía mucho más por las vidas que quitaba.


Por favor sea breve 2
Edición de Clara Obligado. 
Ed Páginas de Espuma. 2009







sábado, 17 de agosto de 2013

Juan Pedro Aparicio / Promesa rota



Juan Pedro Aparicio
PROMESA ROTA

Carmela estaba tan enamorada de Marcelo que aceptó que su perro Tobi, un alegre labrador de color canela, viviera con ellos.

A los pocos meses, Marcelo enfermó de gravedad y, en el lecho de dolor, le suplicó a Carmela que no abandonara a Tobi, que lo mantuviera con ella tras su muerte; ella con lágrimas en los ojos así lo prometió.

Pero, una vez sola, se sintió incapaz de convivir con el juguetón y alegre Tobi, tan hiperactivo, y lo llevó a sacrificar. A los pocos meses Carmela dio a luz a un niño. Era sano y hermoso. Cuando el médico le golpeó en la espalda para abrir sus pulmones con un arranque de llanto, el bebé aulló, un aullido de perro.




miércoles, 14 de agosto de 2013

Marosa di Giorgio / Se adelantaron en el aire como bailarinas



Marosa de Giorgio
SE ADELANTARON EN EL AIRE
COMO BAILARINAS

Se adelantaron en el aire como bailarinas. Tenían, realmente, el pie en el aire. Vestidos amarillos, anaranjados. Venían como aluviones desde los cielos. 

Quedé espantada. En puntas llegue hasta la casa. Pasé las puertas, las llaves, iba a tocar los vasos y tuve miedo de cualquier barullo, me acosté en el lecho, inmóvil. 

Pero, la mariposa estaba allí. Sentí sus piernas de hilos, sus brazos de hilos, su enorme manta de gasa que me arropó. 

A veces, como una pesadilla, llamo a mi madre, y ella acude con tijeras finas. Pero, nada puede, ni yo.




domingo, 11 de agosto de 2013

Marosa di Giorgio / Una cena


Marosa di Giorgio
UNA CENA

Cenábamos como siempre flores y manzanas, rosas, mariposas. Desconocidos se sentaron a la mesa, hablando un idioma distinto al nuestro, con palabras que entendíamos y no entendíamos. Corría jugo de manzanas y tomates, un zumo colorado que, a ratos, tomábamos pasando la lengua por el mantel; había huevos como llamas, como estrellas; explotaban dulcemente, salpicando a todos con pepitas de oro y granos de maíz; comimos pollitos nonatos, azucarados y salados.
Luego, un largo interludio, se demoraba el atardecer.
Se fueron sin saludar los desconocidos.
Yo di un paseo leve y sin rumbo.
Revoloteó el Hada sobre mi doliente paso, mi apesadumbrada belleza de otros siglos.


Marosa di Giorgio
Los papeles salvaje
Arca, Montevideo, 1991





jueves, 8 de agosto de 2013

Marosa di Giorgio / Había tres gatos



Marosa di Giorgio
HABÍA TRES GATOS

Había tres gatos que no eran silvestres ni caseros. 
Vivían en la bodega. 
La bodega estaba lejos de la casa. 

Yo iba hasta allá cuando las amas andaban cortando ajíes, que son de tul verde con el coágulo rojo dentro. 
La amatista… brilla la pata de turquesa de que penden. 

De esos gatos se dijo que comían mariposas y algo más absurdo se dijo… que comían moras. 
Pero yo nunca lo comprobé. 

Estos gatos eran llamados los indios. 
Al verme, cada uno trepaba a un árbol y me miraba. 
Así yo era observada desde tres lugares diversos. 

Un día, uno de los gatos tuvo para mí intenciones sexuales y yo huí a través de los ajíes de encaje y él volaba y caía a mis pies y volvía a volar y a caer a mis pies. 

Me siguió en la larga caminata demostrando a cada instante su poder supremo e inútil...




domingo, 4 de agosto de 2013

Marosa di Giorgio / Bajó una mariposa




Marosa di Giorgio
BAJÓ UNA MARIPOSA

Bajó una mariposa a un lugar oscuro; al parecer, de
hermosos colores; no se distinguía bien. La niña más chica
creyó que era una muñeca rarísima y la pidió; los otros
niños dijeron: -Bajo las alas hay un hombre.
Yo dije: -Sí, su cuerpo parece un hombrecito.
Pero, ellos aclararon que era un hombre de tamaño natural.
Me arrodillé y vi. Era verdad lo que decían los niños. ¿Cómo
cabía un hombre de tamaño normal bajo las alitas?
Llamamos a un vecino. Trajo una pinza. Sacó las alas. Y un
hombre alto se irguió y se marchó.
Y esto que parece casi increíble, luego fue pintado
prodigiosamente en una caja.





jueves, 1 de agosto de 2013

Marosa di Giorgio / La hija del diablo se casa



Marosa di Giorgio
LA HIJA DEL DIABLO SE CASA

La hija del diablo se casa. No sabíamos si ir o no ir. En casa resolvieron no ir. Ella paseaba con la trenza brillando como un vidrio al sol. Vestido celeste. Y las pezuñas delicadísimas, cinceladas y de platino. Con los ojos un poco redondos, insondables, se paraba frente a cada uno, como publicitando, invitando, o, consciente e inconscientemente, amenazando. La hija del diablo se casa. Cerraron las puertas de mi casa. Pasado el mediodía resolví huir. Crucé por arriba de los jardines de fresias y junquillos tratando de no trozar ni uno de los ramos amarillos, de los que vivíamos; por ocultas veredas; creo que hice tres veces la misma senda, me perdía, y tuve miedo que, desde la casa, estuviesen espiando mi inútil vuelo. 

¡Al fin toqué las puertas de los hornos! Pasaban platos con todas las escenas del amor erótico. "Invitan con la Carne", dijo una voz que me pareció de una vecina; miré y, si era, estaba embozada. Y también servían niños no natos, cubiertos con azúcar. "Son riquísimos". El tam tam celebratorio apareció adentro de la tierra y en un perpetuo crescendo, anuló las conversaciones y llegó al colmo. La hija del diablo, de pie junto a la pared, el pelo igual que el sol, entreabrió el vestido, las piernas, las pezuñas. Su himen cayó roto (se oyó un leve bramido) y corrió como una margarita entre nosotros. Alguien gritó: -¿Y el novio? -Se va por aquí. Es chiquitito. 

Cerré los ojos. Creo que cayó un aguacero. Huí arriba de los jardines, de los ramos amarillos; entraba en cada cueva y salía aterrada. Entré en mi casa. Mamá estaba fija en el mismo lugar, haciendo el mismo encaje. Sin levantar los ojos, comentó: -Pero, ¿qué haces? Andas por el jardín con estos aguaceros