viernes, 20 de septiembre de 2013

Triunfo Arciniegas / Herida



Triunfo Arciniegas

HERIDA

La vi al fondo del cuarto, sentada en un catre de soldado como una enferma que espera el desayuno, con los pechos al aire. Me acerqué despacio, sorprendido y curioso. Había envejecido. Sus cabellos largos, grises, cubrían gran parte de su cara. Sus teticas de perra daban lástima. Me reprochó que la hubiese olvidado. Alegué un problema con el mecánico y me senté a la orilla de la cama. “Todavía eres un niño”, me dijo. Pero sé que también había envejecido. O tal vez no se refería a mi cuerpo. Traté de precisar los años de la ausencia que comenzó una tarde de llanto en el Hotel de las Palomas y busqué con la mirada un calendario. No había un solo cuadro en las paredes despintadas. Le pregunté si quería que cerrara la ventana y dijo que prefería los ultrajes de la luz. “No soy más que una herida”, dijo. Me acercaba para besarla en la boca cuando desperté. Me levanté a beber agua.


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